Música de Cabo Verde: la Morna. Por : María Luisa Tamarit.

La situación del archipiélago ha atraído a navegantes de diversos orígenes, que han dejado su sello combinado con ritmos autóctonos para formar un entramado musical rico y variado (María Luisa Tamarit).

 

 Música de Cabo Verde: La Morna. Por: Maria Luisa  Tamarit.

 

Cabo Verde fue descubierto y colonizado por Portugal en el siglo XV y obtuvo la independencia en 1975. Convertido desde sus orígenes en una tierra de esclavos, el país está formado por una decena de islas habitadas y algunos islotes, distribuidos en forma de herradura frente a las costas del Senegal. Debido a su ubicación geográfica, el archipiélago ha sido durante muchos años la última etapa en la gran travesía del Atlántico, lo que ha favorecido la mezcla de culturas. También han contribuido a ello los antecedentes históricos de estas islas, entre los cuales no se descarta que al menos una de ellas, la Isla de la Sal, haya sido visitada por los árabes con anterioridad a su descubrimiento y colonización por los portugueses.

 

La situación del archipiélago ha atraído a navegantes de diversos orígenes, que han dejado su sello en diferentes ámbitos y también en el musical. De este modo, han viajado a las islas a lo largo de los siglos el fado, la mazurca, la polka y otros géneros musicales europeos, que se han combinado con ritmos autóctonos para formar un entramado musical rico y variado, dotado de herencias africanas y europeas, pero con el sello de identidad caboverdiano.                       

                                                                                                                     ( E. Tavares)

       Anclada en prácticas populares, como las celebraciones, los juegos o el trabajo, la música es un elemento esencial en la cultura caboverdiana. Con ella se canta al amor, al sufrimiento y a la nostalgia con tanta alegría como melancolía. Así ocurre con las plácidas y sentidas tonadas de aboio, unas melodías propias de islas agrícolas como San Antonio y Brava que cantan los vaqueros al conducir las manadas de bueyes a su destino; o con las cantigas de roda, melodías más alegres que se cantan en forma de juegos rítmicos, acompañadas de percusión corporal. Cada género musical constituye una crónica expresiva de la vida, del trabajo y de las costumbres de los isleños.

 

La insularidad ha desarrollado unos ritmos propios para cada isla, que han ido evolucionando a merced del estilo de vida y de la naturaleza de sus habitantes. Cada isla reivindica unas melodías y unas composiciones propias.

 

De todos los estilos musicales que habitan en Cabo Verde, el más conocido es, quizá, la morna. Este género, que con el tiempo se ha ido convirtiendo en un símbolo de identidad de este pequeño país del Atlántico, nació en la isla de Boa Vista a finales del siglo XIX como resultado de la fusión del fado portugués y de las influencias aportadas por los marinos de paso. Posteriormente, se extendió a otras islas, como la isla de Brava, lugar en que el poeta y escritor Eugénio Tavares (1867-1930) halló su inspiración para crear composiciones que han pasado a formar parte del patrimonio musical contemporáneo de Cabo Verde. Una de ellas es su conocida Hora di Bai (Hora de la Despedida), melodía de la que se ha popularizado su uso como la última canción de las fiestas, aquella que marca la despedida.

                                                                            

La morna se inspiró en la esclavitud y en la revolución permanente de aquellos que solo podían expresarse contra la opresión del colono blanco con el canto, en forma de lamento. Las condiciones socioeconómicas y culturales de Boa Vista contribuyeron a desarrollar y a dar forma a este género musical que expresaba en sus orígenes el dolor de ser esclavo, el sentimiento del amor, la cretchéu o añoranza por la ausencia del ser amado, el deseo de abandonar el país y el anhelo de regresar a él.

 

Tavares, hijo de colonos portugueses, fue el primer intelectual en sostener en plena época de la colonia que existía una identidad creole; esta audacia le costó un precipitado exilio a los Estados Unidos, país del que regresó definitivamente en octubre de 1910 tras diez años de permanecer en tierras americanas.

 

Sobre esa época llegó la morna a la isla de San Vicente para seguir evolucionando en ella. En la tercera década del siglo XX, el compositor Francisco Xavier da Cruz, apodado B. Léza (del portugués, beleza, que significa “belleza”) y nacido en 1905 en Mindelo, capital portuaria de San Vicente, descubrió la pasión por la morna y le dio su toque personal, más alegre y más vivo. Unos años después, en los cincuenta, apareció la coladeira, un estilo de morna algo más acelerado y con claras influencias brasileñas (samba), del caribe colombiano (cumbia) y de las Antillas Francesas (zouk).

  ( C . Évora)

Las mornas de B. Léza, de un carácter más alegre y sincopado que las primeras que surgieron en Boa Vista, han sido interpretadas en lengua creole por Cesária Évora (Mindelo, 1941), sobrina del compositor. Evora es considerada actualmente la más grande embajadora de este canto en todo el mundo, lo que le ha valido el sobrenombre de “Reina de la morna”. También se la conoce como “La diva de los pies descalzos” porque actúa con los pies desnudos como una forma simbólica de acercarse al pueblo humilde caboverdiano que ella evoca en sus canciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

   ( Cavaquinho)

La morna es música, danza, poesía. Concebida para ser bailada en pareja, como la mayoría de las danzas de las islas, la morna surgió en forma de ritmo lento, hecha de compases cuaternarios (4 x 4) para acompañar con su cadencia pausada la nostalgia de unos textos que expresan la saudade, la tristeza por el amor perdido, el exilio y la esperanza del retorno, características muy ligadas todas ellas al sentir caboverdiano. La coladeira está formada por compases binarios compuestos (6 x 8), un ritmo más rápido que el de la morna tradicional que se traduce en una danza más ligera, acorde a su carácter más alegre y festivo.

 Los instrumentos básicos para interpretar la morna con el violín, la guitarra (se usa actualmente la semiacústica) y el cavaquinho o ukelele, una especie de pequeña guitarra de cuatro cuerdas. Sin olvidar, por supuesto, la voz, que adquiere en este caso la calidad de instrumento.

 

 

 

 

Además de Eugénio Tavares y B. Léza, otros renombrados compositores de morna en sus orígenes fueron Luiz Rendall (maestro de B. Léza), Leila de Marinha, Jorge Monteiro… A todos ellos han tomado el relevo las jóvenes generaciones de músicos, como Bulimundo, Tubaroes o el guitarrista Rufino Almeida, apodado “Bau”, para seguir dando vía libre a este género musical que un día franqueó las estrechas fronteras del archipiélago de la mano y de la voz de la Reina de la Morna, la diva de los pies descalzos. 

 

 * Los créditos de la fotografía de Eugenio Tavares pertenecen a la web dedicada a su memoria.*