Artistas y retratos. Safo de Lesbos. Por : Virginia Seguí

 

 

 

Safo está considerada la mejor poetisa de la Antigüedad, y eso lo debe a su obra y su actividad artística; podríamos decir que estamos hablando de la primera figura histórica literaria de sexo femenino y sus valores poéticos fueron reconocidos por  sus propios contemporáneos.

 

(Virginia Seguí)

 

 

 

 

 

 

 

Artistas y retratos. Safo de Lesbos. Por : Virginia Seguí.

 

El arte del retrato es, para el artista plástico, todo un género y muchos estudiosos y expertos han planteado, cuestionado y expuesto los diferentes sistemas o métodos de representación con que cada uno de ellos ha acometido tal tarea a lo largo de la historia, intentando encontrar lo que cada uno de nosotros consideramos la mejor manera de plasmar en imágenes; no sólo la apariencia física del modelo a retratar, sino todo lo que nos trasmite con su sola presencia o incluso, todo lo que de él nos trasmiten tanto su vida como sus obras y/o actividad sean estas artísticas, científicas, comerciales o de cualquier índole. Es decir, cómo plasmar su imagen, y hacerlo, sin que la subjetividad del artista traicione su verdadera esencia.

 

Es evidente que cuanto más contemporáneo sea el modelo a retratar mayor información tendrá él retratista; conocerá su vida, sus amores, sus actividades e incluso podrá contar con su presencia física para hacer su retrato. Pero ¿y los casos en los que se acomete una obra de personajes de épocas pasadas?…; esto sucede, normalmente, cuando se trata de alguien que ha destacado en alguna faceta de las Bellas Artes, ya sean las letras, la música, la pintura, etc. o, también en casos de científicos, políticos; es decir siempre serán personajes con interés histórico. Y es precisamente esta condición lo que permite al retratista  de la imagen conocer suficientes datos del personaje como para acometer su obra basándose en esos datos de su vida, de sus obras, su significación, artística, literaria, histórica, política, etc.

En casi todas la épocas, incluso en las civilizaciones antiguas ha habido artistas que han hecho retratos, aunque en ocasiones el artista se veía condicionado por una sería de cuestiones, cuestiones derivadas de creencias religiosas, estatus político, o finalidad de las obras, que coartaban y restringían su libertar artística, cuestión que para nosotros, hoy día es esencial, aunque quizás entonces el artista ni siquiera se planteara; habituado como estaba a toda esta serie de convenciones que de una manera u otra limitaban su creatividad.

 

 

En este orden de cosas está claro que el retrato en el antiguo Egipto, por toda esta serie de cuestiones apuntadas, tendría muchas más limitaciones y condicionantes que en otras civilizaciones posteriores, aunque, por ejemplo el espléndido busto de Nefertiti realizado, al parecer, por el escultor Tutmoses parece captar muy bien toda la esencia de la esposa del emperador Tutankamón; y culturas como la  etrusca y la romana llegaron a la perfección en el arte del retrato como lo prueba la gran cantidad esculturas de este género que han llegado hasta nosotros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otra cuestión importante, cuando el retrato se realiza por un artista no contemporáneo al retratado, es el movimiento artístico en el que se encuadra el creador, ya que su visión sobre el personaje estará, sin duda, condicionada por esa subjetividad y por la visión general que sobre él existe en su época. Esto mismo condiciona el personaje, pues por ejemplo en el Romanticismo se seleccionarán personajes en función de los intereses del movimiento, personajes históricos que resalten su individualidad como pueblo o nación, personajes con vidas azarosas y amores turbulentos que despierten la sensibilidad de la época, personajes exóticos y/o orientales que exploten aspectos sensuales, acordes con los gustos de la época. A veces los retratos no son individuales, sino que se trata de grupos, de hecho en el entorno renacentista italiano o flamenco veremos ejemplos claros de este tipo de obras, obras que serán valoradas precisamente por esa condición, es decir destacar la individualidad de cada uno de los personajes del grupo convirtiendo la obra en sí en un conjunto de retratos, con personajes perfectamente identificables; ahondando en este sentido los movimientos Barroco o Rococó posteriores.

Qué se plantea el artista en realidad, representar al hombre o a la mujer simplemente, su imagen real despojadas de atributos relacionados con su vida o bien destacar, precisamente esto, su labor como escritor, músico; o bien hacer hincapié en aspectos biográficos y/o profesionales; la imagen del personaje, si duda, se verá mediatizada por todas estas cuestiones; y ellas mismas darán al espectador pautas para su reconocimiento y para un mejor conocimiento de su vida y de su obra.

La serie que vamos a iniciar bajo el título de Artistas y Retratos, tratará de presentar imágenes principalmente de escritoras/es, aunque no se excluye la posible presencia de algunas personalidades destacadas con alguna de las otras artes y/o ciencias.

Comenzaremos con una mujer: la poetisa griega Safo de Lesbos, escritora de reconocido prestigio ya en su época, y una de las primeras mujeres en perder su invisibilidad y entrar en la historia, a la que su sexo no ha impedido la valoración positiva de su obra; ganándose con ella el respeto de sus contemporáneos y de las generaciones posteriores que la consideran, al menos, de la misma calidad, y en ocasiones mayor, que la de otros poetas de su época como por ejemplo su compatriota Alceo. La valoración de su obra ha variado según el momento, y ha estado, sin duda, condicionada por la incapacidad de los expertos para valorarla dentro del contexto en que fue escrita y al subjetivizar el tema con parámetros ajenos a los de su época.

 

 

 

Pese a las discrepancias existentes los expertos parecen haberse puesto de acuerdo respecto a su lugar de nacimiento que habría tenido lugar en Ereso, una pequeña ciudad situada en la zona este de la isla griega de Lesbos integrada en la Eólia. Aunque será en Mitelene la capital de la isla, donde Safo se hará famosa. Datos bastante contrastados y, por tanto, fiables; no sucede lo mismo con la fecha de su nacimiento ya que en este caso se limitan a fijarla en algún momento de la Historia durante  los siglos VII y VI a. C. Perteneciente a una familia aristocrática de la isla de isla de Lesbos, se sabe que era hija de Escamandronimo o Scamandronico y de Cleis, y se conoce también el nombre de tres de sus hermanos: Larico, Eurigiyo y Charaxo.

Su vida fue azarosa y controvertida; se sabe que se exilió en dos ocasiones de su Lesbos natal. En la primera ocasión a la cercana ciudad de Pirra. Su segundo exilio debió ser más penoso pues su destino fue la lejana Siracusa (Sicilia), tal como demuestra la inscripción del Marmor Parium, datada en el siglo III a. C. que la sitúa en está isla entre los años 607 y 590 a. C. Alli contrajo matrimonio con el rico comerciante e industrial Cercolas o Cercilas, y fruto de su unión nació su hija Cleis; de la que Safo escribió: “[…] que no la cambiaría ni por toda la Lidia y ni siquiera por su Lesbos natal”. Tras unos años en Sicilia pudo regresar a Mitelene con su hija aunque,  al parecer, ya viuda; donde vivió hasta su muerte.

 

 

 

 

 

Esta poetisa griega famosa ya desde la Antigüedad ha sido representada por diferentes artistas; pintores y escultores a lo largo de la Historia han intentando plasmar su imagen eligiendo para ello los momentos de su vida y de su obra que consideraron la describían con mayor fidelidad, o los que ellos consideraron más significativos; o bien su simple retrato; en ocasiones dotándole de los atributos que distinguían sus actividad creativa,  como la lira, el papel o la pluma, intentando trasmitir con ello, a las generaciones venideras, lo que su mirada subjetiva consideraba su esencia.

Los datos relativos a su nacimiento y antecedentes familiares permiten ubicarla en un momento histórico y la clase social de su familia situarla en el contexto más conocido del mundo griego y también el más representado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Se sabe también que, su físico no era agraciado, existiendo descripciones que así lo manifiestan; pese a ello Platón hablaba de ella denominándola Safo la bella, quizás refiriéndose a la gran altura que la elevaban su actividad artística y sus cualidades intelectuales.

La práctica inexistencia de pintura griega limita los ejemplos a algunas las pinturas que aparecen decorando algunas piezas de cerámica y a ejemplos escultóricos, a los que se identifica como imágenes de Safo, aunque, en ocasiones no se sabe a ciencia cierta si realmente la representan.  

El Papyrux Oxirincus describe su aspecto físico indicando que parece fue poco agraciada y muy deforme, de tez cenicienta y de estatura muy menuda. En este sentido la opinión de Indro Montanelli, quién quizás inspirado en la fuente anterior nos la describe como una mujer: “pequeña y negra” añadiendo a continuación: “No parece que fuese muy bella. Frágil y menuda de cuerpo, semejaba un carboncillo encendido por mor de la piel, el pelo y los negrísimos ojos”.

Y el libro que relata los amores de Safo y Faon menciona las mismas características físicas, aunque añade que pese a no ser agraciada no por ello estaba exenta de gracia: <No fue Safo tan favorecida por la naturaleza de las gracias del cuerpo como de las del espíritu: era de estatura mediana, y su fisonomía menos bella que sus versos. Sin embargo, fue graciosa, y aunque muy morena, respiraba su semblante el fuego que poseía su alma sublime.>

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo que se conoce de su vida y sus actividades en Lesbos, tras su regreso del exilio siciliano es lo que mayores críticas y controversias despierta; ya que el hecho de que una vez viuda se instalará formando una especie de comunidad o sociedad femenina en la que jóvenes de familias nobles se preparaban para afrontar su papel en la sociedad cuando, una vez casadas, abandonaban  la casa paterna, ha sido interpretado por algunos como una especie de círculo femenino en el que las jóvenes, además del aprendizaje anterior, recibían pautas de conducta sexual que incluían las relaciones sexuales entre ellas, y siendo esto contrario a las pautas de conducta moral y social convencionales establecidas por la sociedad patriarcal dominante han influido negativamente en la visión del personaje. Dando origen, incluso, a la denominación de este tipo de relaciones entre mujeres como lésbicas; asociando su origen a la vida y la obra de la poetisa y escritora más famosa de toda Grecia. Descripciones como la que sigue dejan abierta a la interpretación del lector esta opción: “Safo vivía en su reducido y cerrado mundo femenino; y así, sus júbilos y dolores eran los de la cofradía. Las alegría del grupo consistían en goces sutiles: coger flores, hacer guirnaldas adornarse con ellas, perfumarse, llegar a la embriaguez de la danza y el canto; y sobre todo, en el amor.”Aunque explícitamente no existan indicaciones sobre la cuestión. Y tampoco existe ninguna prueba fehaciente de ello.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 En este sentido inciden las palabras de Fernández Merino que en sus estudios sobre tema comenta las especiales características que la Isla de Lesbos, lugar de nacimiento de Safo, tenía en algunos aspectos, dentro, incluso, del mundo griego indicando que: “en las sociedades heroicas, vemos siempre a la mujer gozando de iguales derechos y preeminencias que el hombre, la vemos cumpliendo los mismos deberes, y esto, debe atribuirse à que en los primeros lindes de un pueblo la vida del hogar no está definida, y por tanto, no se halla determinado el fin verdadero y justo que la mujer debe realizar […] y sabido es que los eolios desde el principio distinguieron a la mujer con más derechos que otros pueblos, que estos derechos existieron siempre o al menos no fueron negados sino después de mucho tiempo.

Safo está considerada la mejor poetisa de la Antigüedad, y eso lo debe a su obra y su actividad artística; podríamos decir que estamos hablando de la primera figura histórica literaria de sexo femenino y sus valores poéticos fueron reconocidos por  sus propios contemporáneos. Tenemos las declaraciones de Platón: “Dicen que hay nueve Musas. ¡Los desmemoriados! Han olvidado la décima: Safo de Lesbos”. Y las de Eliano que cuenta cómo Solón de Atenas, en un banquete; escucho recitar a su sobrino un canto de Safo y le gustó tanto que pidió al joven que se lo enseñara; y al preguntarle éste por que se ocupaba de eso, él contestó: Para morir llevándolo aprendido. Estabón, en su Geografía, menciona que en la época de Alceo y Pitaco, floreció también una poetisa llamada Safo: qué cosa tan digna de admiración. Hasta donde alcanza la memoria no sabemos que haya surgido una mujer que rivalice con ella ni de lejos en la fascinación de su poesía. Incluso Aristóteles menciona algo sobre ella: Cada cual rinde honores a sus sabios. Así, los de la isla de Paros enaltecen a Arquíloco, aunque fuera un blasfemo. Los de Quíos enaltecen a Homero, que no era ciudadano, y los habitantes de Mitilene honran a Safo, aun siendo como era una mujer.

En la Grecia antigua la poesía y la música eran dos disciplinas estrechamente ligadas; por ello los atributos de la actividad poética de Safo está también íntimamente ligada a su declamación acompañada su lira. Y no sólo el arte de los sonidos es esencial en la actividad poética sino también la danza; el espectáculo era completo y las ejecuciones públicas reunían la palabra, la melodía y el gesto. Safo no es la única mujer que cultivaba el arte de la poesía pero si la más famosa debido a la calidad de su obra.

Antipatro de Tesalónica cita a otras nueve mujeres poetas en un epigrama, entre ellas Erina, Corina, Nóside, Anite, Mero, Telesida… Todas ellas a gran distancia de Safo tanto en calidad como en producción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Además de su creación literaria y melódica también se atribuyen a Safo algunas innovaciones musicales como la invención del plectro y la de la lira de siete cuerdas, esto es al menos lo que indica Trepando de Antisa al hablarnos de ella. Respecto a su obra indica que “Escribió nueve libros de cantos líricos”,

Algunos papiros descubiertos en época bastante reciente permiten tener una visión de su obra que parece fue bastante extensa. Fueron los gramáticos alejandrinos los que organizaron sus poemas, utilizando para ello el tipo de versificación en lugar de su temática. El primero de sus libros los poemas compuestos con estrofa sáfica, el noveno contendría los Epitalamios. Realmente esta cuestión no está demasiado clara y no deja de ser un ejercicio por parte de los expertos a partir del contenido del papiro 103 LP, que parece contener un inventario de sus obras.

Le época medieval condenó a la hoguera las obras de Safo, destruyendo muchos de los libros hasta entonces conservados; actualmente únicamente conocemos completas dos de sus Odas; gracias a los papiros encontrados en el sarcófago Oxicorinco que ha facilitado mucho su reconstrucción, obteniéndose datos de otras cuatro odas y un canto epitalámico que tiene como temática las bodas de Héctor y Andrómaca.

La tradición eólica se había desarrollado, desde épocas anteriores al nacimiento de Safo,  por las islas griegas próximas a la costa minorasíatica, por ello el nacimiento de la poetisa en la Isla de Lesbos la facilitó. En la Isla de Lesbos existía, antes de la época de Safo, una tradición poética, durante el siglo VII Terpandro gozaba ya de cierta fama dentro y fuera de la isla, el ámbito lingüístico de la isla es el eolio y dentro de éste, el lesbio parece ser una de sus ramas; el único testimonio escrito de esta lengua son los fragmentos de las obras de Alceo y Safo, sin que tengamos, por otro lado nada con que compararlos que nos permita determinar con exactitud dicha afirmación. Al parecer dicho idioma es muy apropiado para el desarrollo de lo que se ha venido a denominar monodia lesbia o mélica; poesía cantada a una sola voz acompañada por el sonido de la lira, con el uso de unos metros particulares que recogerá toda la poesía posterior.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por otro lado tenemos el mito de sus amores con Faón, que aunque bien pudieran no ser ciertos, es un tema tratado desde la Antigüedad y popularizado por Ovidio; en sus Heroidas obra que contiene cartas de amor escritas por personajes femeninos, cartas inventadas por el autor latino en las que recreaba grandes amores famosos y conocidos ya en su época, como los de: Penélope y Ulises, Filis y Demofonte, Briseida y Aquiles, Fedra e Hipólito, Enone y Paris, Hipsípila y Jasón, Dido y Eneas, Hermíone y Orestes, Deyanira y Hércules, Ariadna y Teseo, Cánace y Macareo, Medea y Jasón, Leodamía y Protesilao, Hipermestra y Linceo, Paris y Helena, Hero y Leandro, Cipide y Aconcio y Safo y Faón. 

 

 

Faón era un mortal de gran belleza que enamoraba a todas las mujeres con las que se encontraba, incluida alguna diosa, como sucede con Afrodita y, por lo que relatan Ovidio y otros autores, también a Safo; aunque algunos apuntan a que es posible que se confundiera a la poetisa con otra mujer llamada igualmente Safo, que llevaba una vida licenciosa. La cuestión es que este tema fue muy difundido y tuvo mucho éxito sobre todo durante el Romanticismo ya que sus turbulentos amores, que llevaron a Safo a la roca de Leucade desde donde se suicidaría despeñándose se adecuaban mucho a la sensibilidad del momento; existiendo numerosas obras que representan a Safo en el monte Leucade, sobre el abismo, acompañada de su lira, a punto de alcanzar su destino final. Su muerte también es abordada por algún artista de la época destacando las imágenes creadas por Gustave Moreau, quien realiza una serie sobre la poetisa que recoge los momentos más álgidos de la historia.

El relato sobre sus amores con Faón y su trágico final parecen obra de la imaginación de diversos autores que, partiendo del mito, han ido ampliando y recreando la historia, aunque la realidad es que Safo murió en su querida Lesbos llegando ya a la ancianidad, pero claro, esa muerte es mucho menos efectista visualmente hablando que su suicidio desde la Roca de Léucade.

 

Saber exactamente qué  hay de realidad y de fantasía en las imágenes que han llegado hasta nosotros de Safo es una tarea difícil, pues cada uno de nosotros la siente de diferente forma; por ello todo lo que aparece en sus representaciones tiene al menos algo de verdad ya que a través de ellas se ha ido forjando, en el imaginario colectivo, de la sociedad y a lo largo de generaciones ha ido conformando nuestro conocimiento sobre ella.