La Exposición Barceló y el Teatro de Eduardo de Filippo.

Bienvenidos/as sean al número de marzo de Alenarte Revista. Número 59. Que nace un poco como dicen que las primaveras se anuncian; con algún sobresalto.

Verán que hay un anuncio a la derecha de la página, explicando que cierto artículo no ha sido puesto por nosotros; y es así. Hace unos días quisieron hakear la Revista, entraron por la fuerza y colocaron su “sello”. Eso sí, de modo tan burdo y con tanta buena fortuna que lo hicieron cuando estábamos “dentro” de ella.

 

 

 

 

 

No sabemos si es casualidad o mala intención. Es decir, no sabemos si sonó la flauta a algún tontaina o fue realizado con ánimo expreso de hakear esta Revista y por algún oculto motivo. Aunque el único motivo que puede existir es que a algunos/as les molestamos.

Van listos si así fuera. Porque pensamos seguir, como dice el editorial “mientras nos de la realísima gana”.

Así que, ajo y agua.

Pero ustedes, nuestros lectores/as no tienen la culpa de nada, y no se merecen que nosotros les aburramos contándoles estas interioridades; eso sí, les ponemos sobre aviso por lo que pudiera suceder. Si alguna vez notan cosas “raras”, les juramos por Snoopy que no es culpa nuestra.

 

 

 

Así que, volviendo a lo nuestro-a lo suyo- que es esta Revista, les hemos preparado para compensar, un número interesante, variado, con propuestas artísticas muy diferentes, estudios muy interesantes y creaciones que merecen la pena leerse.

Para empezar nos vamos a ver la exposición del magnífico artista Miquel Barceló, y al Teatro…

Pero no lo dejen ahí; deténganse en el resto; tienen todo un mes para disfrutar.

 

 

 

La Materia creadora de Barceló.

 

En el espacio de La Caixa Forum de Madrid, se muestra la exposición, Barceló, la solitude organizative. 1983-2009.

Esta exposición permanecerá abierta hasta el 13 de junio.

He aquí lo que el dossier de prensa de la exposición nos dice sobre ella:

 “Entender la experiencia creativa de Miquel Barceló (Felanitx, Mallorca, 1957), misteriosa, diversa y provocadora, es la razón de ser de la exposición organizada por la Obra Social”la Caixa” con 180 piezas, desde las grandes telas creadas a partir de 1983 hasta las más recientes.

 

 

La muestra, comisariada por Catherine Lampert, ha contado con la participación directa del artista en la selección de las obras, que además ha prestado algunas telas de su propia colección, lo que permite transformar la exposición en un auténtico acontecimiento. Miquel Barceló. 1983-2009 viajará posteriormente a CaixaForum Barcelona, donde se podrá ver a partir de julio de 2010.

 

La muestra incluye objetos experimentales e incluso privados, colocados junto a obras clave, sobre todo pinturas, así como obras cerámicas y escultóricas, guaches, acuarelas, dibujos, carteles, libros y cuadernos de viaje. Todo, para subrayar el ritmo y la variedad de su trayectoria.

 

Por este motivo, el artista se ha implicado directamente en la selección de las obras, además de prestar algunas telas de su propia colección, lo que permite transformar la muestra en un auténtico acontecimiento, y no tanto en una retrospectiva de su trabajo.

 

            Muchas de las obras ponen a prueba las técnicas y los géneros artísticos de una manera tremendamente original: bodegones y retratos tridimensionales, cerámicas que recuerdan bestiarios y recipientes antiguos, y aguadas delicadas y dibujos traslúcidos en los que las imágenes prácticamente se desvanecen.”

 

Merece la pena en esta exposición reflexionar sobre el concepto matérico que Barceló tiene del objeto artístico. Ya se trate de cuadros, cerámica, o cualquier otro soporte, el artista realiza –y  aquí se puede comprobar- una obra total en cada creación. La materia adquiere densidad específica, a veces precisamente gracias a su ligereza; es la materia la que se presenta como creada a cada instante; a su vez como recreación del espectador, que, en su observación reconfigura el objeto.

 

 

 

Barceló “espesifica”, da espesor, al objeto, lo transmuta en una totalidad que interrelaciona con el total del cuadro, lo vivifica para hacerlo inteligible y, diríamos, inteligente en si mismo.

El universo Barceló en esta exposición supone para el Arte en España un golpe de mano: delante de tanto artista de pandereta y masa aplaudidora, Barceló tiene de sobra con mostrar su Obra. Una obra que a pesar de la irritación de muchos, es la de alguien que a través de ella trasciende el presente.

A destacar por ejemplo su serie del desierto, en la que la arena se convierte en el signo y a su vez en el mensaje, en el contenido y en el continente, para abrir un espacio en blanco que, sin embargo, está lleno de infinito.

 

 

 

 

También se debe destacar la serie de marinas, absolutamente geniales, aquí mostradas, en especial una de ellas de título El Pintor Borratxo, en la que es el mar quien se trasmuta en Barceló y viceversa; dando así lugar a un lienzo en el que los colores, el volumen, la perspectiva se subordinan a la materia expresada, como una asunción de identidades.

Extraordinaria exposición de un extraordinario artista.

 

 

 

Eduardo de Filippo: Teatro dentro del Teatro.

Hasta el 21 de marzo, el Teatro de La Abadía de Madrid está representando, bajo dirección de Carles Alfaro- el mismo que dirigió excelentemente Tío Vania, de Chejov en el María Guerrero y, con resultado desigual, Macbeth, en el Matadero-, la obra El arte de la Comedia de Eduardo de Filippo (1900-1984).

Una obra que se estrenó en Nápoles en 1964 y que tuvo problemas con la censura, por su carácter iconoclasta.

 

 

La obra plantea un divertido argumento, que no les vamos a contar para que vayan a verla, pero que en el fondo es una radical crítica a la sociedad italiana, a los esquemas burgueses y a la hipocresía que, tanto entonces como ahora, vicia el aire habitual que respiramos.

Es una obra que, a través de la chanza, la burla, la sorpresa, la ironía y la farsa deja una sensación agridulce en el espectador; porque la carcajada es continua, sí, pero el fondo de lo que se dice es perfectamente serio.

La muestra tipológica que realiza De Filippo en esta obra, podría aplicarse a cualquier país, no solo al italiano, es una recolección de actitudes que, dan risa, sí, pero también, a poco que se piense, dan cierto miedo.

 

 

 

 

Un teatro dentro del Teatro, representación dentro de la farsa, pregunta en el fondo por la realidad deformada, por el quién es quién, que, parecería muy tópico de una comedia ligera de enredo, pero que en este caso deviene en drama de vidas falseadas.

Todo ello con una escenografía muy acorde con el gusto de Alfaro, que parece disfrutar con escenarios tenebristas, más propios de un Durero que de un italiano contemporáneo. Quizá esa escenificación haga perder una cierta ilusión de realidad, pero en este caso no es culpa del autor.