La Moda y el Arte. Mesopotamia. Los Sumerios. Por: Virginia Seguí

 

 

 

Kaunakes es el término con el que habitualmente los habitantes de la zona denominaban al ganado lanar y, en un determinado momento, en un ejercicio de metonimia se convirtió también en el apelativo utilizado para designar el atuendo masculino sumerio de tipo ritual más habitual; vinculado su confección con las pieles y la lana procedentes de estos animales; además, en ocasiones incluso imita directamente su forma al añadir, en la parte trasera de la pieza, una especie de cola.

  ( Virginia Seguí )

 

 

 

 

 

 

La Moda y el Arte. Mesopotamia. Los Sumerios. Por : Virginia Seguí.

 

 

El estudio de las civilizaciones primarias ha llevado a los expertos a plantear la existencia de seis cunas o culturas básicas; es decir unas zonas geográficas en las que fueron surgiendo innovaciones tecnológicas y sociales inicialmente independientes que consiguieron consolidarse y formar la base cultural del resto de culturas posteriores.

Dos de ellas las sitúan en el Oriente Próximo: Mesopotamia y Egipto. Más al este, ya en el continente asiático, encontramos otras dos: el valle del Indo y China y por último las dos situadas en el continente americano: Mesoamerica y la zona andina.

El sustrato cultural básico para el desarrollo de las culturas europeas occidentales lo tenemos en las antiguas civilizaciones que se conformaron en Oriente Próximo; y al igual que en períodos anteriores la zona levantina del continente asiático será el corredor que facilitará las relaciones interculturales, que se irán incrementando, a medida que las diferentes culturas se desarrollen e inicien, a su vez, su propia expansión.

La zona, dotada de un medio geográfico muy favorable, facilitará la temprana llegada de la revolución neolítica; Mesopotamia, región entre ríos, será el sitio ideal para el inicio de la domesticación de las plantas; lo que, en breve, permitirá su cultivo con fines alimenticios y productivos. Surtiendo a la población de los productos que se convertirán en la fuente directa de las fibras vegetales necesarias para la confección de la indumentaria. Estas mismas producciones favorecieron igualmente un creciente aumento de la población, haciendo necesaria su organización; que condujo a la creación de las ciudades estado.

 

Los estudiosos del tema indican que la indumentaria no fue, en ese caso, una perentoria necesidad climática; ya que la zona dotada de un clima cálido que permitiría a sus habitantes, incluso, vivir sin ropajes que cubrieran su cuerpo; la necesidad de hacerlo tampoco se vincula a cuestiones morales sino que fueron otros motivos los que al parecer les llevaron a ello; al parecer cuestiones relacionadas con la reproducción de la especie, como indicar la entrada de la edad fértil o cuestiones rituales ya estuvieran éstas relacionadas con actividades religiosas o políticas, etc.  

 

 

Hablar de Mesopotamia es hablar, en realidad, de una agrupación de pueblos y culturas, que amalgamadas en la zona se fueron sucediendo unas a otras, en función de su mayor poderío político y/o cultural; produciéndose la habitual asincronía temporal que determinó, en ciertos momentos, un natural sincretismo modal.

La primera cultura mesopotámica significativa es la sumeria, siendo Uruk y Ur dos de sus más famosas ciudades. La creencia de este pueblo de que sus dioses habitaban en lugares altos les  llevó a construir templos que cumplieran esa condición; consiguieron entrar en la Historia a través de la invención de la escritura primero pictográfica y después cuneiforme, en la que nos legaron el Poema de Gilgamesh considerado la leyenda más antigua del mundo.

 

Respecto al tema que nos interesa empezaremos por mencionar las fibras vegetales que se producen en la zona que son susceptibles de ser empleadas en la confección de las diversas indumentarias de sus habitantes. En  primer lugar hablaremos de la que puede considerarse de más amplio espectro, ya que su existencia en estado silvestre abarca casi todo el planeta: el lino; el Linum usitatissimum, o lino doméstico procede posiblemente del Linum bienne, que al parecer crecía perenne y salvaje en las zonas costeras mediterráneas y atlánticas, obteniéndose como especie invernal, sólo una cosecha anual, en las proximidades de Irán, Irak y el Kurdistan; lo que está probado por las muestras arqueológicas existentes datadas hacia el 5550 a. C.; se trata de una planta leñosa, que inicialmente debió de cultivarse para la obtención de aceite, que pronto se convertiría también en elemento básico para la creación de tejidos. El cáñamo es una planta procedente de climas más fríos, por lo que era habitual en el norte, su textura la hace más apropiada para un uso más comercial, transportes tanto en tierra como en el mar ya que se mantiene inalterable en ambientes salobres. El algodón procede del valle del Indo, y llegará a la zona en épocas posteriores.

 

 

 

Las fibras animales son también frecuentes en la zona, la introducción de ganado lanar en Mesopotamia se produce, al parecer, alrededor del año 4000 a. C., aunque fue necesaria su domesticación para llegar a convertirse en los animales que actualmente conocemos; su cobijo inicial eran los Zagros, en la cordillera del Taurus, donde la presencia de precipitaciones favorecía la existencia de los pastos necesarios para su alimentación básica; desde allí fueron adentrándose en otras regiones de la zona siendo necesario un largo proceso de domesticación para que su piel, inicialmente parecida a la los cérvidos, llegara a producir lana en cantidad suficiente para que su hilado y posterior tratamiento permitiera la confección de telas.

 

Elizabeth W. Barber en sus estudios sobre el uso humano de las ovejas observó que no todos los aprovechamientos de sus productos facilitan la existencia de lana en su piel; la obtención de su carne conlleva una vida corta para el animal; sin embargo la producción de leche exige una cierta longevidad y, de manera indirecta, favorece el crecimiento de lana en su piel que puede, a su vez, fomentarse mediante un esquilado. El tejido resultante del tratamiento de la lana tiene algunas características distintas al de las fibras vegetales, por ejemplo su fácil teñido, lo que permite dar una mayor variedad y colorido a las producciones textiles. Antes del 4000 a. de C. en la zona sólo se utilizaban prendas de origen vegetal.

El paso del tiempo y las condiciones de conservación han sido básicas para que las piezas textiles hayan llegado o no hasta nosotros, a veces lo que nos ha permitido constatar su existencia no es el tejido en sí mismo sino su huella marcada sobre un material más duradero como, por ejemplo, las bolas de arcilla halladas en el yacimiento arqueológico próximo al poblado neolítico de Jarmo, al nordeste de Irán, que muestran unas claras impresiones textiles y que han sido datadas hacia el año 7000 a. C.; la perfección de las huellas del tejido en la arcilla han permitido, a los expertos, determinar la existencia de una cierta práctica en la confección de tejidos, ya que sin ella no hubiera sido posible su realización. En el yacimiento de Cayönü, próximo a Turquía, fue hallada una pieza de tejido datada también en las mismas fechas y en Nahal, en las cercanías de Israel, se encontró una bolsa de lino cosida en forma de malla, con botones de piedra, de uso quizás ceremonial, datada hacia el 6500 a. C.

El origen del pueblo sumerio es incierto, las representaciones artísticas han puesto de manifiesto sus rasgos físicos entre los que destacan como más significativos; su nariz puntiaguda, sus vivísimos ojos, sus cara y su cráneo completamente rapados que sin duda los diferencian de los semitas, habitantes también del Creciente Fértil o de sus proximidades desde épocas tempranas, que eran altos, membrudos, de nariz curvada, barbudos y con largos cabellos, por los que se les denominaba los cabezas negras. Inicialmente, mientras los semitas seguían seminómadas apacentando sus rebaños en zonas al norte de Mesopotamia, los sumerios, por el contrario, se fueron asentando más al sur, próximos ya al golfo Pérsico creando las primeras ciudades estado y evolucionando rápidamente hacia un nivel cultural superior.

Los expertos, han dividido la historia de Mesopotamia en varios períodos, separados entre sí por grandes convulsiones que marcan los cambios políticos, económicos, sociales y culturales en la zona; de forma más o menos convencional están de acuerdo en la cronología, pese a existir matices según los autores. El primer período histórico se iniciaría con las dinastías sumerias arcaicas y es conocido como Período Dinástico Arcaico (DA) apelativo derivado término inglés Early Dynastic, a su vez se encuentra divido en tres partes DA-I  (2900-2750), DA-II (2750-2600) y DA-III (2600-2334) que a su vez se subdivide en III A (2600-2500) y III B (2500-2334), las ciudades mas importantes de esta cultura serían Sippar, Marad, Isin, Nippur, Umma, Girsu, Nina, Larsa, Ur, Uruk, Lagash, Kish, Eridu, etc.; otras ciudades irían desarrollándose poco a poco más al norte, como Mari en el Éufrates medio o Asur sobre el Tigris.

El estudio de su indumentaria o vestimenta es posible gracias a sus representaciones artísticas que nos permiten visualizar su aspecto. Las imágenes conservadas son, en cierto modo, sectarias, ya que naturalmente las figuras que se representan están relacionadas con el ejercicio del poder político, religioso, o militar, existiendo, por tanto imágenes de sus gobernantes y de las clases sociales altas, castas sacerdotales, así como de sus ejércitos en sus conquistas y acciones bélicas.

Estas imágenes también nos confirman lo expuesto sobre el proceso evolutivo de las diferentes materias primas que, una vez elaboradas, de una forma u otra les permitieron ir confeccionando sus distintos atuendos, así como su evolución formal.

Naturalmente no sabemos hasta qué punto las imágenes que poseemos conforman el corpus completo de la indumentaria de estos pueblos o, si por el contrario, existen variantes que no conocemos. En cualquier caso, ciñéndonos a las muestras existentes podemos indicar que inicialmente los sumerios utilizaron la fibra vegetal en su indumentaria y posteriormente añadieron la fibra animal, una vez que la evolución de los bóvidos permitió la obtención de una producción lanar y su posterior tratamiento para su uso textil; aunque, a partir de un momento dado, lo natural es que ambos métodos coexistieran.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los dos relieves sumerios, conservados en el Instituto Oriental de la Universidad de Chicago, que representan cada uno de ellos a una especie de sacerdotisa en el acto de dominar serpientes o búfalos, según el caso, están cubiertas únicamente por una especie de falda en las que se aprecian un entramado romboidal que bien podemos asimilar con la trama de un tejido.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las indumentarias de los dignatarios, guerreros o patriarcas sumerios que aparecen en los relieves conservados en el Ashmolean Museum de Oxford, procedentes del yacimiento de la ciudad de Kish, ponen de manifiesto que el atuendo masculino podía reducirse también a una simple falda; sujeta a la cintura con una especie de soga o cordel, tal como sucede en el primero de los ejemplos; las figuras sedentes del ejemplo siguiente permiten intuir, quizás, el uso como única vestimenta también de una simple falda destacando en ella la serie de pliegues situados en la zona inferior a modo de flecos. Lo mismo sucede con la plaqueta que representa al hijo de Ur-Nanshe  de nombre Akurgal que se conserva en el Museo del Louvre; o con el relieve que representa unos músicos durante la época de las Dinastías Arcaicas.

El espectacular mosaico realizado en  marfil y lapislázuli, conocido como El Estandarte Real de Ur, fechado alrededor del 3000 a. C., pertenece también a las dinastías arcaicas; y sus imágenes son muy interesantes ya que amplía el ámbito social de los representados, pudiendo observar en él a miembros del pueblo, ya sean estos campesinos, pescadores y vaqueros; a miembros del ejercito y a personajes palaciegos en escenas de tipo doméstico. Los atuendos son distintos, según el caso. Es una especie de paralelepípedo con dos paneles rectangulares y unas piezas de unión de pirámides truncadas; uno de de los paneles contiene escenas de paz y el otro escenas de guerra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Kaunakes es el término con el que habitualmente los habitantes de la zona denominaban al ganado lanar y, en un determinado momento, en un ejercicio de metonimia se convirtió también en el apelativo utilizado para designar el atuendo masculino sumerio de tipo ritual más habitual; vinculado su confección con las pieles y la lana procedentes de estos animales; además, en algunas ocasiones incluso imita directamente al animal al añadir a la pieza una especie de cola en su parte trasera. Posteriormente, una vez evolucionado el sistema de tejido, llegó a confeccionarse un tipo de tela que conservó la misma denominación ya que imitaba la piel lanosa de las ovejas; distribuyendo, incluso, vellones a lo largo de la tela; logrando un efecto de volantes superpuestos; la tradición continuó y alcanzo épocas posteriores llegando a convertirse en un símbolo, sobre todo en el mundo cristiano; siendo en ocasiones utilizado por los artistas en la realización de imágenes religiosas; el mejor ejemplo de este uso lo tenemos en los ropajes con los que suele cubrirse a San Juan Bautista.

 

 

 

 

 

 

En el caso de la Estela de Ur-Nina rey de Sirupula, fechada hacia el año 2900 a. C. en la que el rey aparece representado llevando sobre la cabeza una especie de esportilla repleta de materiales destinados a la construcción de un templo; o en la escena de más abajo en la que realiza libaciones rodeado de otros personajes, al parecer sus hijos, que aparecen con faldas lisas decoradas con leyendas epigráficas y/o cuneiformes. 

 

 

 

 

La Estela de los buitres, fechada hacia 2450 a. C, representa a Enatum, también rey de Sirpula, al que vemos al frente de una falange de guerreros vestido con el típico kaunakes; sus guerreros parapetados tras sus escudos irían vestidos a la ligera, aunque su vestimenta quizás fuera menos exigua que la de los famosos hoplitas griegos, posiblemente una simple falda, para facilitar sus movimientos en la batalla; sobre su cabeza distinguimos un típico gorro sumerio, de esa forma tan característica con el que cubrían su desnuda cabeza. El mejor ejemplo de este tipo de gorros es la peluca-casco del príncipe Mes-Kalam-Sar hallada en los yacimientos de Ur y conservada en el Museo del Louvre; ejecutada en oro labrado imitando los mechones del cabello que el rey se habría rapado y dejando al descubierto, únicamente, su pabellón auditivo; tal y como lo vemos colocado sobre una escultura de la época.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Existe además un tercer modelo; frecuente también en la imaginería sumeria, considerada la vestimenta básica, que consiste en un rectángulo de tela con flecos, posiblemente de  lana, que se colocaba alrededor del torso a modo de modo de falda de alto talle, colocando después uno de los extremos de la pieza cubriendo el hombro izquierdo y dejando al descubierto el derecho; esta especie de túnica drapeada sumeria continuará evolucionando a lo largo del tiempo a través de las diferentes culturas que se desarrollaron en la zona, ganando en colorido, variedad y riqueza, modelo que también puede aparecer como tipo kaunakes. Los telares con que se realizaban los tejidos también fueron evolucionando mejorando las técnicas y consumiendo cada vez mejores y más variados diseños, en los que mezclaban hilos de diferentes procedencias; inicialmente: lino, pelo de cabra o lana; añadiendo después algodón y seda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las imágenes de mujeres sumerias conservadas permiten comprobar que su vestimenta no difería demasiado de las de sus congéneres de sexo opuesto, y con frecuencia las vemos como diosas o sacerdotisas, o simplemente como mujeres asociadas al culto religioso de algún dios de la triada mesopotámica; en actitudes de adoración, orantes, sedentes, etc.; sus atuendo son modelos muy similares a los masculinos, realizados con fibra animales, a veces con el modelo evolucionado a modo de volantes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una de las cuestiones más significativas, en el caso de la mujer sumeria, será el uso de diferentes tocados o pelucas; cuestión que los expertos han vinculado también a su calvicie; estas pelucas sustituirían a su cabello natural, que habría sido rapado: Unos cabellos ficticios sujetos mediante una diadema o una cinta a modo de anillo que sujetaban unos ondulados o rizados cabellos. El cortarse la cabellera era propio de las profesas para entrar en religión como idea de sacrificio personal, además de los efectos profilácticos que esto tenía en la Antigüedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Algunos mencionan la posibilidad de que el rapado del cabello fuera una sustitución a un holocausto, o como donativo de otros servicios que les resultaran más enojosos. Algunos escritores de la Antigüedad hablaban de este tema, Luciano, por ejemplo indica en su obra De Dea Syria que las mujeres de la zona, llevaban a la Diosa Madre sus cabellos como ofertorio del holocausto; evitando así la necesidad de prostituirse en el templo al ofrecer a la Diosa su virginidad. Por ello después debían cubrir su calvicie con estos tocados y/o pelucas rituales realizadas en piedra caliza.

La influencia de la cultura sumeria, en este período arcaico, se extendía sobre todo a lo largo del Éufrates llegando hasta la Alta Mesopotamia; de Kish a Mari e incluso hasta Ebla, se trata de un control del territorio en forma de mancha de aceite, perceptible sobre todo en el arte, la escritura y la literatura; esta difusión afectaba con mayor profusión a algunas las clases sociales; como la de los escribas, los artistas, los sabios y los mercaderes o comerciantes, que poseían una mayor capacidad de absorción.

Los soberanos sumerios durante estos cuatro primeros siglos de dominio guerrearon entre sí para obtener el control político; y también con otros pueblos básicamente para extender su territorio; sobre todo en la zona sur teniendo como objetivo fundamental obtener una salida al mar por el golfo Pérsico; y también para rechazar ataques e incursiones de otros pueblos vecinos que intentaban dominarlos a ellos. En torno al último tercio del siglo XXIV a. C. el poderío sumerio decaerá debido al ascenso del poder acadio, que con Sargón al frente conseguirá dominar Summer; los acadios acabarán por dominarán Ebla, el norte de Siria y el Elam, lanzando expediciones incluso hasta Omán; creando un verdadero imperio; por primera vez el norte y el sur mesopotámico serán una sola nación que se extenderá desde el Tauro hasta las montañas del Fars y desde los Zagros al Mediterráneo; el nieto de Sargón Narâm-Sîn se convertirá en el rey de las cuatro regiones: el norte, el sur, el poniente y el levante.