Sabiduría Mapuche. Por: Mariana Somaschini.
El sábado estuve al pie del volcán Lanín , y al situarme frente a su majestuosidad recordé otros volcanes que jamás he visto…
Como ya saben, lo que mas disfruto son las charlas con la gente del lugar porque son los que me muestran lo que es invisible a mis ojos foráneos. Así llegué a un lugar llamado Quila Quina sobre el lago Lacar donde subiendo varios kilómetros montaña arriba (previo dejar sobre la costa bellísimas casas para turistas), en lo más alto encontré a Dorila. ( Mariana Somaschini)
Sabiduría Mapuche. Por: Mariana Somaschini.
Es una mujer vieja y mapuche. De espalda firme y ojos llorosos. Estaba sentada en un banco contemplando la más hermosa vista del lago como si recién la descubriera. Vive sola en una gran casa de madera y tejuela de alerce que la vio nacer, crecer, irse y volver. No tuvo hijos, sí muchos sobrinos que a veces y solo en verano vienen de la ciudad a visitarla y la casa grande queda chica. -”Y ¿sus hermanos, vienen?”.-”No. No pueden, están todos muertos. Ojala los muertos volvieran. Otra sería mi vida. Pero a mi me tocó quedarme acá”.
Quise saber si le gustaba ese destino.
-”Claro, yo me fui a Buenos Aires pero no me gustó. Allí todo es artificial. No necesito nada de eso. Acá lo tengo todo. Y si necesito algo del pueblo, cuando sube gente que mira bien, como Ud. le pido que me baje y ya habrá otro auto que me suba. Uds. lo ven difícil, pero no es difícil”. Mientras conversábamos llegaron mis hijos corriendo, riendo y me rodearon, los presenté y ella comentó:-” Así son los niños…cuando andan atrás de su mamá se ve que todo va bien. Pero cuando la pierden de chicos, cuánta tristeza…”. Y supe por un suspiro que bien pudo ser su caso.
Volví con un dulce de frambuesas que le compré. Mis hijos preguntaron para qué si ya tenemos el que hice la semana pasada. -”Este tendrá el sabor de Dorila”, respondí. Hoy en el desayuno uno comentó: -”Mamá tenías razón, éste tiene el sabor de Dorila, esa señora que tenía ojos tan tristes”.





Mi querida Mariana
Es un cuento hermoso, escrito desde lo mas profundo de tu ser….lleno de una ingenuidad envuelta de una adultez que te manifiesta de cuerpo entero. De una veracidad que reconforta el corazon, aunque tambien encuentro la trizteza del que siente la nostalgia.
En muy pocas palabras hay mucho escrito.
Un fuerte abrazo
IRMA
Comentario por Irma Catarineu | marzo 8, 2010 |
A mí me ha estremecido y me ha emocionado. Cuando uno mira al más allá porque no le gusta el más acá los ojos se inundan por el dolor de las ausencias, que son como amputaciones.
Comentario por Amando Carabias | marzo 9, 2010 |
Mariana, esta lectura me ha emocionado porque logras transmitir humanidad, y la historia ha conseguido transportarme a lo que podría ser …¿el paraíso?
Comentario por Lily | marzo 9, 2010 |
Bonito y emocionante relato: Esto es lo que tiene de bueno-viajar sin prisas, contemplar los paisajes, respirar los olores… de las plantas, los pueblos y la cocina de sus gentes, en definitiva, conocer otras culturas hablando con los lugareños… siendo estos muy sencillos, nos enseñan muchas cosas que a veces desconocemos. Un placer leerte. Marina
Comentario por Marina... | marzo 11, 2010 |
Gracias Marina, Siento que llego a conocer un lugar cuando puedo ver, aunque sea un poco, desde la mirada de los que lo habitan. Esa mirada muestra lo que el lugar oculta.
Mariana Somaschini
Comentario por mariana somaschini | marzo 12, 2010 |
Imagino la experiencia de esa conversacion y como las palabras de Dorila te quedaron en la cabeza dando vueltas y las reviviste con el comentario de tu hijo y sentiste esa necesidad de escribirlo y contarlo al mundo.
No creo que haya muchas Marianas Somaschini que puedan escribir asi e historias sobre el sur con lo cual asumo sos mi querida y extrañada psicologa.
Besos
Comentario por Carolina Porter | junio 2, 2010 |
Hola Mariana , que bonito lo escrito…un poco trsite tambien…Te recuerdo de nuestro Viaje a Europa…y tambien a tu hermana…se van perdiendo las memorias…pero algunas quedan , Un fuerte abrazo
Comentario por Ivan Mozo | agosto 30, 2010 |