Artistas y Retratos II. Dante, Petrarca y Boccaccio. Por : Virginia Seguí

 

 

 

Dante, Petrarca y Boccaccio son los tres poetas renacentistas toscanos más importantes de la lírica italiana y están considerados padres de la lírica europea posterior, sin ellos la literatura occidental no hubiera sido la misma, iniciaron un camino que dió sus frutos y por ello artistas plásticos de todos los tiempos los eligieron como dignos de ser representados; permitiéndonos así conocer su fisonomía…

(Virginia Seguí)

 

 

 

 

Los poetas toscanos. por Giorgio Vasari. 1544

 

 

 

Artistas y Retratos II. Dante, Petrarca y Boccaccio. Por :  Virginia Seguí .

Literariamente hablando podría decirse que estos tres autores representan la cima del Renacimiento literario italiano, pudiendo añadir que también del Renacimiento en general; ya que ellos y sus obras sentaron las bases del movimiento; que fue teniendo sus réplicas, a posteriori y de mayor o menor intensidad, en cada una de las literaturas nacionales occidentales con entidad propia; ya que como todo movimiento cultural sus efectos fueron asincrónicos y acordes con el desarrollo y madurez de la sociedad de cada uno de los países afectados.

 

Qué los orígenes del Renacimiento los encontremos en Italia no es algo que pueda extrañar ya que allí la pervivencia de elementos físicos, artísticos y culturales de la Antigüedad es algo difícil de evitar pudiendo, por tanto, considerar como algo natural y consustancial el temprano interés de los nacionales del país por sus orígenes y, en general, por  la cultura del mundo antiguo.

 

Una vez que el movimiento humanista preparó las mentes actualizando sus sensibilidades, se concretó un renacimiento intelectual y literario que posteriormente abarcó el resto de las actividades artísticas. En contraposición con el mundo medieval el humanismo llevó al hombre al centro del cosmos; al cuestionar su posición en el mundo y  su relación con Dios. La armonización de la dualidad renacentista entre el hombre y Dios presenta múltiples dificultades de conciliación, únicamente los italianos pudieron llevarla a cabo sin demasiados desajustes, pero finalmente ésta acabo aflorando, concretándose en una división religiosa con la crisis protestante.

 Dante, Petrarca y Boccaccio son los mejores ejemplos del cambio renacentista en el campo literario; y cada uno de ellos ha pasado a la posteridad siendo su imagen representada en numerosas ocasiones. Las imágenes plásticas que de ellos se conservan fueron realizadas incluso por sus propios contemporáneos lo que induce a creer que, en principio, deberían ajustarse a su realidad, permitiéndonos reconocer físicamente a cada uno de ellos como si de una fotografía se tratara, no obstante, veremos que no siempre sus representaciones son fidedignas y que, en ocasiones, presentan ciertas discrepancias.

 

 

 

Como se trata de literatos famosos reconocidos ya en su época, y no sólo por sus actividades literarias, es lógico que fueran modelos dignos de ser retratados; existiendo ejemplos en los que podemos verlos, incluso, reunidos dentro del elenco literario de la época, como ocurre con Vasari que los recoge unidos en su obra Los poetas toscanos (1455) o cuando lo que se hace es una selección de las personalidades más destacadas dentro del mundo de las letras desde la Antigüedad; equiparando y ensalzando así sus propias capacidades literarias al plasmarlos junto a literatos ya reconocidos como autoridades en la materia. Así mismo sucede en el fresco realizado por Andrea Firenze en la iglesia de Santa María Novella de Florencia, entre 1365 y 1368, en el que podemos ver entre otros personajes importantes de la ciudad a Petrarca y a Boccaccio. 

Así pues uno de los métodos de representación de los tres personajes es ensalzando su actividad literaria ya sea individualmente o encuadrados en un conjunto de personalidades afines a su actividad.

 

Dante Alighieri nació en Florencia en mayo de 1265, siendo educado desde edad muy temprana y dominando desde muy joven el arte de la gramática, la lógica y la retórica; el dominio del latín, el idioma del conocimiento por excelencia no le privaba del domino de la lengua vulgar en la que versificaba; su padre acordó su matrimonio con Gemma, hija del oligarca florentino Manneto Donati, siendo probable que éste se realizara antes de 1290. Pese lo que su obra Vida nueva, puede dar a entender, Dante Alighieri creaba versos amorosos desde su juventud antes de conocer a Beatriz, su gran amor, quien le inspiraría sus mejores creaciones.

Además de su actividad literaria Dante fue un activista político participando, en junio de 1289 en la batalla del Campaldino donde Florencia y la liga güelfa derrotaron a los gibelinos toscanos, asistió también a la rendición del castillo Caprona rescatándole del poder pisano; su juventud fue variada y rica en experiencias, tomando parte activa en la vida social florentina y relacionándose con muchos de los más destacados literatos y políticos de su época. Siendo esta otra actividad elegida para sus representaciones plásticas, sobre todo el exilio que le supuso su actividad política que le llevó a permanecer buena parte de su vida fuera de su Florencia natal.

 

 

Por otro lado su amor por Beatriz así como su creación literaria, en la que Beatriz participa activamente, son otro de los elementos seleccionados para las representaciones del poeta, si bien su parte activa en su Divina Comedia, considerada su obra cumbre, condiciona también sus apariciones, sobre todo si tenemos en cuenta su difusión y, por tanto su reproducción gráfica.

Dante Alighieri aparece representado en multitud de imágenes relacionadas con diversos aspectos de su vida y su obra; incluso existe algún ejemplo en el que podemos verlo de niño dedicado al estudio y la lectura.

Su actividad como pensador y literato es, sin duda, otro aspecto esencial; ya que su fuerte personalidad trasciende su época y se proyecta en los siglos y literaturas posteriores.

Su obra y su amor por Beatriz son elementos esenciales también y fuertemente relacionados entre sí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Su exilio, consecuencia directa de su actividad política; será otro de los momentos de su vida elegidos por los artistas para representarle, ya que Dante añorará su patria y sufrirá su ausencia largos años. No es extraño tampoco que su muerte tenga también un gran interés plástico: por un lado la exaltación de su gloria como literato que conduce a la creación de imágenes laudatorias de su persona, y por otro, algo mucho más macabro desarrollado durante la Edad Media y relacionado también con el culto a la personalidad, la creación en cera o yeso de una imagen fiel de su realidad física; es decir su máscara funeraria, una impresión de su rostro que podía ser utilizada a posteriori por los artistas para la realización de obras plásticas; máscara que en este caso podemos encontrar aún expuesta en el Palacio Vecchio de Florencia.   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Francesco Petrarca, nació en Arezzo el 20 de julio de 1304, ciudad en la que residía su familia tras el destierro de su padre, florentino de nacimiento, expulsado de la ciudad al igual que Dante en el año 1302. Su padre notario de profesión, se trasladó en 1312 a la corte pontificia de Aviñon; Francisco cursó estudios, junto a su hermano Gherardo, en la Provenza, y por expreso deseo de su padre se trasladó a Bolonia para perfeccionar sus estudios de leyes, iniciados en Montpellier.

 

 

El año 1326 fue decisivo en su vida, muere su padre y regresa a Aviñon, al año siguiente conoce a Laura, identificada por algunos como Laureta esposa de un tal De Sade, enamorándose  perdidamente de ella pese a no ser correspondido; en 1330 tomó las órdenes menores e inicia su vida en religión, comenzando a recibir sus beneficios al acceder a cargos y sinecuras pese a no ser cura de misa; pronto estará bajo la protección del cardenal Giovanni Colonna llevando una vida elegante y refinada, que le permitió trabar numerosas amistades dentro de la comunidad literaria de la que pronto se convirtió en maestro.

Adquirió renombre y prestigio al igual que Dante y Boccaccio y pronto mereció como ellos figurar entre los miembros más destacados de las letras y la cultura, siendo frecuentemente representado como miembro representativo de la sociedad de su época.

Está considerado por algunos como el primer bibliófilo en el sentido actual de la palabra, su interés por los manuscritos y códices antiguos le llevó a la compra de ejemplares de trascendencia como las Etimologías de San Isidoro, los Poemas de Virgilio, la Ciudad de Dios de San Agustín y las Epístolas de San Pablo. Dedicándose también a la restauración arqueológica de algunos ejemplares dañados como el Ab urbe condita de Tito Livio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los expertos, comentan que Petrarca pensaba en latín, sobre todo estando en soledad. Sus intereses se centraban también en la caligrafía ya que, al parecer, este arte se había deteriorado desde época medieval debido a los sistemas empleados por los estudiantes para imprimir rapidez a su escritura haciéndola ininteligible incluso para ellos mismos. El propio Boccaccio le regaló en 1355 Enarrationes in Psalmos, un códice de San Agustín, uno de sus autores favoritos a lo que se añadía el hecho de estar escrito en letra carolingia italiana, que Petrarca casi equiparaba a  la de los clásicos latinos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Petrarca es autor de numerosas obras pero sin duda la que le hizo famoso y padre de la poesía europea posterior es su Cancionero, en el que canta su amor por Laura, con él en las manos es representado en numerosas ocasiones, y su imagen aparece en muchos de los códices que lo reproducen, tanto mostrando su tarea habitual de escribir como su sola efigie introducida en alguna de las letras iniciales que lo ilustran.

Recibió la corona de laurel por su labor como poeta, en 1340 recibió cartas de la Universidad de París y del Senado de Roma ofreciéndosela, aceptó la oferta romana y, al parecer para darle sentido se marchó antes a la corte de Roberto de Anjoy, en Nápoles, principal patrono de las letras en aquel momento y respondió durante tres días a las preguntas que éste quiso hacerle; leyéndole después parte de su obra África; dirigiéndose después a recibir la laureada corona provisto de un manto regalo del propio rey.

El caso de Giovanni Boccaccio, no es muy diferente; ya que de la mano de los dos anteriores aportará su granito de arena en el avance de las letras renacentistas, su obra el Decamerón ha pasado a la historia y todavía nos deleitamos con su lectura. Desde muy joven tuvo conciencia de la similitud de los procesos creativos y dotado de gran talento para la descripción es significativo el importante carácter visual que confiere a sus obras.

 

 

Existe cierta polémica sobre su lugar de nacimiento, y algunos lo fijan en la ciudad de Florencia y otros en París, en 1313; su madre era francesa y su padre un mercader florentino, que inicialmente intentó conducir a su hijo por su mismo camino profesional; fue enviado a Nápoles, reino de la casa de Anjou, corte que poseía un alto grado de refinamiento cultural; pronto iniciará su labor literaria abandonando[quitar] dejando a un lado las pretensiones de su padre, en 1340 escribe sus primeras obras, encuadradas en el stil novo dantesco; enamorado de la joven Fiammetta, con la que tiene un afaire amoroso consentido aunque  poco duradero, ya que pronto es engañado por ésta; no obstante la relación es lo bastante imposible como para perdurar en el corazón de Boccaccio que sin duda podemos considerarla fructífera para su producción literaria.

 

Así pues nuevamente tenemos al escritor, con una obra importante, destacable entre el resto, con la que pasar a la historia de la literatura, este es nuevamente el modelo de representación: el artista y su obra.

Será también reconocido por sus contemporáneos como poeta y como tal laureado, con todas las premisas para pasar a la posteridad, tanto en las diversas reproducciones de sus obras como en el culto a su personalidad como literato.

Existen retratos de Boccaccio que se conservan en imágenes que le eran muy queridas, de dos manuscritos que poseía, incluso al parecer algunos de ellos autorretratos; otras de sus representaciones fueron encargadas por él mismo; arrodillado como donante podía vérsele en la pala de altar, hoy perdida, de la Iglesia de los Santos Jacobo y Michele en Certaldo, donde murió.

 

  

 

 

 

 

 

 

 

Con su típico atuendo de encapuchado y postura de humildad es frecuente verle postrado delante de la Virgen. Gian Francisco Rustici realizó su imagen portando su obra más famosa.

La cuestión es reconocer su verdadera imagen de entre todas las existentes; algunas de ellas creadas por artistas de gran categoría pero no por eso sus representaciones son más verosímiles o afines al modelo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Andrea del Castagno realizó retratos a los tres poetas, en el más puro estilo quattrocentista podemos verlos en su cenit de creación, con sus obras en las  manos como la mejor representación de su gloria literaria.

Los artistas decimonónicos encontraron atrayentes las vidas y las obras de estos tres literatos renacentistas, eligiendo para representarlos aquellos momentos de su vida más próximos a la sensibilidad romántica, sus amores, sus pesares, el exilio, etc.