La Moda y el Arte. Egipto. Por : Virginia Seguí

 Esta pieza con forma de delantal o faldellín se convertirá en el elemento de vestuario más común para los egipcios y se mantendrá vigente a lo largo de generaciones, convirtiéndose en lo que podría llamarse de traje nacional; al ser la utilizada con mayor frecuencia y por todas las clases sociales; si bien ira sufriendo cambios que, normalmente, significarán su enriquecimiento y/o su ampliación;e irán complicando su estructura, marcandose diferencias entre grupos sociales.

 ( Virginia Seguí)

 

 

 

 

La Moda y el Arte. Egipto. Por :  Virginia Seguí .

 

La cultura egipcia es otra de las cinco civilizaciones consideradas, por los expertos, como primarias; las especiales condiciones geomorfológicas del nordeste del continente africano y, sobre todo, la presencia del río Nilo, una de corrientes de agua más largas y caudalosas del planeta con sus crecidas anuales, proporcionan los elementos necesarios para la existencia de asentamientos humanos ya desde épocas prehistóricas; que permitieron el desarrollo posterior de la civilización egipcia llegando al máximo esplendor.

 

 

 

La pervivencia de  muchos de sus elementos artísticos y arquitectónicos, dada la resistencia de los materiales con que fueron construidos, ha permitido, a diferencia de lo sucedido con otras civilizaciones, un profundo conocimiento de sus costumbres y modos de vida. Como sucede con el resto de culturas de la Antigüedad sus raíces se funden con la prehistoria; no pudiendo en este caso, según los expertos, rastrearse sus huellas más allá del Calcolítico; período en el que los restos arqueológicos encontrados ya presentan algunos rasgos catalogados como egipcios.

 

 

 

Debemos hacer constar que los asentamientos humanos de estos primeros tiempos tuvieron que hacer frente a cambios climáticos y geográficos que condicionaron su desarrollo. Los expertos hablan de un proto-Nilo: curso fluvial situado a unos quince kilómetros al oeste del curso actual del río, que se adentraba incluso en zonas hoy desérticas, por lo que cabría decir que durante la fase final del Paleolítico medio (50000-30000 a. C.) el actual Sahara occidental estaba lleno de lagos y praderas habitadas por el homo neandertalense africano; y que el desarrollo técnico adquirido en períodos posteriores permitió a los habitantes de la zona un gran desarrollo en las técnicas de caza. Concretamente en la zona del Nilo se desarrollará la denominada cultura Khormusana que ocupaba diferentes asentamientos de forma recurrente y subsistía gracias a la caza, la pesca y a incipientes procesos de recolección. La desecación posterior del Sahara hace difícil el rastreo cultural de la zona. 

Tradicionalmente se  considera que la civilización egipcia adquirió carta de naturaleza con la unión de los dos reinos: el Alto y el Bajo Egipto, zonas que inicialmente presentan características distintas tanto en su conformación como en su poblamiento. 

El valle del Nilo sufrió entre el 13000 y el 10000 a. de C. un período de grandes inundaciones  estacionales, que favorecieron los asentamientos humanos a lo largo del Nilo; se sabe que en el Bajo Egipto en puntos cercanos a la baja Nubia, desde la segunda catarata hasta Toshka, hubo poblamientos que consiguieron una incipiente domesticación de gramíneas, aunque las condiciones climáticas dificultan su estudio; perdiéndose su rastro; y no permitiendo una datación concreta hasta la llegada del Neolítico. En la zona de El Fayum existen muestras de un epipaleolítico local de pescadores y cazadores y un Neolítico propiamente dicho que los restos arqueológicos vinculan a orígenes asiáticos; con el cultivo de especies como el lino, espelta y cebada; y especies animales como cabras y ovejas como se constata en el yacimiento de Merimde Beni Salami, situado a unos 50 Km de El Cairo, datado entre el 4880 y el 4230 a. C. considerado la primera gran aldea de cazadores y agricultores. Otro yacimiento importante, en esta ocasión situado en la orilla derecha del Nilo, es el de de Maadi, al norte de Omari, datado entre el 3600 y el 3000 a.C.; sobre todo por la constatación de contactos con el resto de culturas mediterráneas de gran trascendencia en la época histórica para la cultura egipcia. La zona oeste del delta o Alto Egipto está condicionada por su proximidad al desierto lo que impidió el desarrollo de prácticas agrícolas y favoreció la práctica del  pastoreo.

Los yacimientos de Tasa, Badari y Nagada están fechados hacia el 4300 a. C. en adelante; el último de los citados tiene varias fases. Siendo, al parecer, en esta zona del Alto Egipto donde, a partir del Gerzeense, se dieron las condiciones idóneas para el desarrollo hacia una sociedad organizada; capaz en un momento dado de asumir de forma centralizada el control económico, social y político que permitiera su evolución interna y su expansión. 

Una vez indicadas, someramente, las raíces de la civilización egipcia debemos pasar a tratar el principal tema que nos ocupa: la moda o la forma de vestir de los egipcios. Las muestras arqueológicas y artísticas conservadas nos van a permitir visualizar la indumentaria de los grupos humanos de la zona y observar  sus similitudes y diferencias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los estudios y descripciones de Egipto y su civilización existen desde la Antigüedad; Herodoto de Halicarnaso visitó la zona a mediados del siglo V a. de C. describiéndolo en sus célebres Historias, basándose en ellas se realizó el denominado Mapa de Madaba, famoso mosaico jordano en el que se presenta la zona minorasiática y el delta del Nilo; el geógrafo Estrabon, o historiadores como Diodoro Sículo, Plutarco de Queronea, o el naturalista Plinio el Viejo dejaron sus impresiones y admiración por esta avanzada cultura y sus manifestaciones artísticas. El geógrafo Claudio Tolomeo realizó, en el siglo II a. de C., un mapa de la zona conocido como Tabula Africa IIII siendo considerado como el primer cartógrafo; publicada en el siglo XVI por el célebre cartógrafo veneciano Giacomo Gastaldi, en el que es claramente visible la cuenca del Nilo

Durante el siglo XVII el padre Athanasius Kircher intentó descifrar la escritura jeroglífica como demuestra su obra Oedipus Aegypticuos. Ahora bien, a quien quizás debamos agradecer el redescubrimiento de Egipto en occidente, es a Napoleón y a su célebre y fracasada campaña militar; que, sin embargo, supuso todo un éxito cultural. Durante los siglos XVIII y XIX, el movimiento romántico, favoreció el interés por el continente africano y la zona fue visitada por numerosos viajeros de diversas nacionalidades mayoritariamente: ingleses, suecos, franceses, alemanes, etc.; quienes iniciaron un proceso de investigación que aún no ha parado; procediendo, también a su descripción y a la reproducción pictórica de sus manifestaciones artísticas e inscripciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los restos prehistóricos conservados demuestran una similitud con piezas existentes en otras latitudes conectando los procesos creativos de nuestros más antiguos antepasados independientemente de su ubicación geográfica. Piezas cerámicas con dibujos de mujeres danzando, ritos de fertilidad, o de caza en las que podemos ver indígenas utilizando el boomerang, transportando animales; invocando la ayuda de los poderes de la naturaleza; figurillas funerarias femeninas, desnudas remarcando sus aspectos sexuales y exaltando sus capacidad de reproducción no son muy distintos a los encontrados en otros puntos del planeta.

Ahora bien son los más cercanos a la conformación de la ya cultura egipcia propiamente dicha los que más nos interesan, destacan los denominados cuchillos predinásticos, con hojas de silex talladas y mangos de marfil trabajados con pequeños relieves representando invasiones, luchas, combates, en los que se distinguen hombres de distintas fisonomías; unos barbados y con peluca y otros semidesnudos y de cabello corto, etc. El cuchillo de Gebel-el-Arak es un claro ejemplo de ello, adquiere su nombre del yacimiento donde fue encontrado en el Alto Egipto; y en una de sus caras podemos ver un hombre barbado y con falda larga, que sujeta con sus manos a dos poderosos leones, algunos han creído reconocer en él al mítico Gilgamesh mesopotámico, aunque su actitud con los leones no sea la misma; si esto no fuera así quedaría probada la relación entre ambas culturas cuando todavía la civilización egipcia estaba en proceso de formación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 La paleta de Oxford o de Hieracómpolis, la ciudad del Halcón para los griegos, muestra la lucha entre dos clanes: los del ciervo y los del león; la indumentaria de los guerreros de esta paleta que nos muestra la derrota del clan del León, está más cercana a la que será la indumentaria egipcia, peluca y barba postiza y faldellín sujeto con fajín, portan una maza en forma de pera, una lanza y el boomerang.

La paleta del toro, representa la victoria del Toro que cornea al enemigo herido, hay que recordar que los faraones egipcios llevarán el título de Toro Celeste reminiscencia de este periodo totémico. Imágenes que, sin duda, ponen en contacto Egipto con culturas asiáticas, estando los expertos de acuerdo que fue en la zona del delta donde se mezclaron semitas beduinos procedentes del Sinaí con libios situados a lo largo de la costa mediterránea, de su mezcla procederían los primeros egipcios; conquistados y unificados tras su derrota ante el mítico Menes o Nar-Mer procedente del sur o Bajo Egipto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La paleta de este rey encontrada por Quibell y Green, en las ruinas del templo de la ya citada ciudad de Hieracómpolis, constituye un documento de excepcional importancia, ya que le muestra en una de las caras con la corona del Alto Egipto, abatiendo con su maza a un enemigo al que sujeta por los cabellos; cubriendo su cuerpo con una especie de delantal todavía bastante escueto decorado con relieves, ceñido a su cuerpo y sujeto con un de cinturón del que parece colgar una larga cola de animal en la parte trasera. Mientras que la vestimenta de su enemigo se limita una pequeña cinta alrededor de su cintura de la que cuelgan unos pliegues con los que cubre sus partes más vergonzantes. La otra cara de esta misma paleta, realizada en esquisto verde, representa nuevamente al rey pero en esta ocasión ya triunfante, con similar indumentaria si bien, los grabados de su delantal son más claros y de mayor tamaño, y parece cubrir su torso con una tela ajustada sujeta a uno de sus hombros, portador ya de la corona o cofia del Delta o Bajo Egipto de lo que puede deducirse que estamos ante el primer soberano con poder sobre ambas zonas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta pieza con forma de delantal o faldellín se convertirá en la pieza de vestuario más común para los egipcios y se mantendrá vigente a lo largo de generaciones, convirtiéndose en una lo que podría llamarse de traje nacional al ser el más habitual; si bien ira sufriendo cambios que, normalmente, significarán su enriquecimiento, y su ampliación; que irán complicando su estructura, marcando diferencias entre clases sociales. Su representación pictórica estará condicionada por las estrictas reglas artísticas egipcias, que impedían la libre creación artística, que obligaban al artista a reproducir la indumentaria de los personajes que representaban de la forma más detallada y clara posible, mostrando sus más insignificantes pormenores lo que les llevaba a dibujarlos de frente, pese a que la posición natural de la figura fuera de perfil; lo que a veces provoca cierta violencia en las representaciones. El artista egipcio no podía dejar volar su imaginación; debía limitarse a reflejar la forma exterior lo más explícitamente posible. 

Hermann Weiss en su Galería del Arte Decorativo publicada durante el siglo XIX nos habla ya del que hemos denominado de traje nacional egipcio e indica que la indumentaria de los antiguos egipcios se confeccionaba a base de pieles de animales y de telas derivadas de plantas esencialmente el algodón y el cáñamo, creándose tejidos variados; inicialmente dominó el algodón pero poco a poco fueron consiguiendo trabajar otras planta hasta conseguir telas de diferentes texturas y grosores, seleccionándose su uso según su función; las más burdas para aquellas partes del traje consideradas inferiores, partes en las que a veces también se usaban pieles una vez curtidas. A los tejidos de inferior calidad se les denominaba schenti, normalmente de algodón, y a los de calidad superior Pech, probablemente de lienzo. La primera de las denominaciones se encuentra utilizada también para denominar el delantal considerado traje nacional egipcio en algunas inscripciones de la duodécima dinastía. Las pieles de animales las utilizaban a veces a modo de manto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los egipcios atribuían la invención de la tejeduría a la diosa Neith, tradición asumida posteriormente en la mitología clásica por la diosa Atenea Minerva. Los egipcios consiguieron una alta calidad en sus tejidos creando tejidos finísimos que rivalizarían hoy con nuestra delgada muselina. Y utilizaron el telar horizontal sin marco.

Inicialmente las telas eran monocromas; el rojo, el azul y el verde, aparte del blanco natural, eran sus colores más frecuentes; pero los egipcios llegaron también a dominar el arte del teñido, llegando a obtener gran variedad y elegantes estampados. En un momento dado, sobre todo, en las dinastías finales, cuando el protocolo cortesano lo exigió también adornaron y enriquecieron sus telas con bordados y piezas de metal. Sin embargo, está claro que para el pueblo egipcio el blanco fue el color nacional y vemos como domina en las muestras artísticas conservadas.

Existieron también curtidores que con su trabajo se fueron ganando fama y reputación; en la ciudad de Tebas existía un barrio en el que se concentraba este tipo de artesanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como ya hemos dicho los egipcios partiendo de ese inicial escueto delantal fueron agrandándolo y complicándolo en función de la clase social y/o actividad del personaje; y a lo largo de los siguientes siglos lo veremos representado de muy diferentes formas; siendo su complicación su aumento de tamaño y a la modificación de sus plegados, características que le irán dando variedad. Con el tiempo los personajes principales adoptaron trajes más amplios alargando el delantal y convirtiéndolo más bien en una falda larga que cubría la parte inferior de su cuerpo. Con el paso del tiempo aparecerá una nueva prenda que tendrá cada vez más aceptación; esta nueva prenda con forma de camisas, más o menos larga con la que cubrían la parte superior del cuerpo, su uso llegó a generalizarse, sobre todo en las clases altas que con frecuencia las usaban realizadas en telas sumamente delgadas y transparentes.

La forma de vestir se fue haciendo cada vez más específica; convirtiéndose, en cierto modo, en un signo de la clase social a la que se pertenecía. Por ejemplo los carniceros usaban un delantal de cuero con una correa que sujetaba el utensilio que usaban para afilar sus cuchillos. Los individuos de las clases altas podían utilizar varios delantales a la vez, uno sobre otro, de diferentes tamaños y tejidos; cubriéndose también el pecho y la espalda. No solían cubrirse las piernas, excepto en ocasiones especiales o solemnidades, disponían las telas a modo pantalón abierto; sujeto a la rodilla con una cinta, por debajo del delantal. Otras veces usaban una pieza parecida a las actuales polainas realizada en cuero; sobre todo en el desempeño de algunos oficios en los que necesitaban proteger sus piernas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El calzado no era algo habitual en Egipto, solo lo usaban las clases superiores e inicialmente eran unas sencillas sanalias de cuero o de papiro cortado y entrelazado, que ya podemos ver portar al escudero del primer rey de Egipto en una de las paletas predinásticas reproducidas; bastaba una simple suela y unas tiras que se ataban al pie, a veces las cintas ya estaban unidas y podían calzarse sin tener que anudarlas, normalmente se utilizaban en ocasiones especiales y en el exterior. Con el tiempo el calzado también se enriqueció, adornándose con piezas de oro o metales precisos, se fue complicando la forma de sujetarlas, multiplicándose el número de cintas o correas y se modificó su disposición.

La indumentaria femenina, al menos inicialmente, era distinta de la de los hombres, su traje cubría todo el cuerpo hasta los pies y unas cintas lo sujetaban a sus hombros; cubría enteramente el pecho y normalmente tenían unas mangas cortas y estrechas pegadas al brazo; este modelo se mantuvo hasta las últimas dinastías en las que la influencia asiática y el gusto por el lujo hizo que aumentaran los adornos, los tejidos se volvieron más transparentes, el vestido se transformó en camisas más o menos amplias, faldas cortas y capas de gran amplitud, de formas cuadradas o redondeadas con las que se cubrían de diversas formas dando variedad a su vestimenta. La servidumbre femenina iba, con frecuencia desnuda, aunque adornada con joyas, especialmente en las fiestas solemnes. Herodoto habla de una vestidura especial el Kalasiris, una especie de delantal con adornos en la orilla inferior. Y, al parecer, en los últimos tiempos la vestidura superior se usaba a manera de delantal, aunque estuviera puesta sobre una camisa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El cabello de los hombres era espeso y corto, al contrario que el de las mujeres que era más largo y abundante. Los diferentes monumentos artísticos permiten ver una gran variedad de peinados, aunque se observa un cierto convencionalismo en sus formas; inicialmente los hombres trenzaban su cabello al modo de los indígenas y después con frecuencia se rasuraban totalmente el cráneo; para taparlo después con diferentes tipos de tocados; debido al clima de la zona y a su obsesión por la limpieza esto se convirtió en algo frecuente. Inventaron las pelucas, que llevaban sobre todo los personajes principales, bucles en forma tubos, rizos y largas tranzas, ocuparon el lugar de la cabellera natural. También se inventaron barbas postizas y su forma indicaba el rango y clase social del personaje. Los sacerdotes las llevaban en forma de dado, los faraones tranzadas y acabadas en caracol; los niños llevaban una sola trenza colgando del cogote.

El tocado masculino más sencillo podía ser una gorra estrecha con la que cubrían su cabello corto o su cabeza rasurada, el de las mujeres un pañuelo con el que cubrían su larga cabellera, llevaban una especie de bolsillos en la parte posterior, que pronto se convirtieron en un lujoso adorno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En las clases superiores el gusto por el lujo se fue desarrollando con el tiempo y con ello aumentando los adornos, las joyas mas especiales de las mujeres eran los collares, que ya llevaban desde los primeros tiempos, con forma de cinta de varios colores, más tarde fueron cordones y finalmente cadenas, de las que colgaban pequeñas figuras o símbolos realizados en piedra, metal, loza o vidrio rayado en diferentes formas y colores; también podían llevar colgando amuletos. Usaban también pendientes en forma de disco o rueda; usaban diademas, cofias en forma de red, y flores frescas o guirnaldas. El considerado adorno nacional es una especie de ancho collar o Valona, que cubrían la parte superior del pecho y los hombros. Su tamaño fue creciendo con el tiempo, al principio no era muy ancho, pero poco a poco su tamaño creció y su decoración fue enriqueciéndose, se escogían figuras simbólicas que se colocaban simétricamente en forma de red, se confeccionaban con materiales preciosos y esmaltes.