“Un Casting de Muerte” en el Centro Pablo Iglesias. Crónica por: Carlos Feral.

Queridos lectores:

Hace pocos días pude asistir en el teatro del Centro Cultural Pablo Iglesias de Alcobendas a la representación de la obra Un casting de muerte, creada y producida por la compañía Diego el de la Gloria.

Hay que reconocer que comedias hay muchas en el panorama actual madrileño y que unas te hacen reír más que otras. Esto no sólo depende del ánimo del público que va a presenciarlas sino que influye mucho el tipo de humor, la construcción de las escenas de la comedia y, por supuesto, la interpretación de los actores. Pues bien, a mí esta obra me ha hecho reír a gusto por varios motivos.

 

 “Un Casting de Muerte” en el Centro Pablo Iglesias. Crónica por: Carlos Feral.

 El primero es que responde a una idea ingeniosa. Una buena idea original de Inma Jerez y Benito Jiménez. A partir de esta idea, Benito Jiménez, director y dramaturgo de Un casting de muerte, propone al espectador un espectáculo entre el surrealismo y el cabaret pero en el cual los diálogos son oportunos, los números musicales suficientes y los golpes de humor acertados tanto en número como en oportunidad. Si a eso le sumamos que el ritmo en escena no da tregua al observador, que encadena una escena tras otra a buen ritmo y que la duración de la representación está cercana a una hora y un poco más, el resultado tiene que ser bueno.

El argumento consiste en que, aparentemente una directora de una compañía de teatro llamada Pim, Pam, Pum Arriba el Telón, convoca a los artistas de la compañía uno a uno en un teatro vacío con la excusa de realizar un ensayo nocturno. Según han ido llegando éstos les tiende una trampa de la que es difícil salir. ¿Consiguen salir airosos de ella? Eso es lo que ustedes, espectadores tienen que adivinar a lo largo de la representación.

El de Diego el de la Gloria no es teatro del absurdo ni cabaret en estado puro. Decía Camus que la humanidad tenía que resignarse a reconocer que una explicación completamente racional del universo estaba más allá de su alcance y por lo tanto el mundo debe ser visto como absurdo. Este es el caso de esta obra. Por más que yo se la explicara en términos teatrales no llegaría a valorar ni su argumento ni su desenlace. La comedia necesita de más elementos que la pura formalidad. La fantasía, la pesadilla y el sueño tienen tanto peso como la coherencia de los diálogos o lo formal de su estructura. Una comedia como ésta puede sacar a escena lo más feo y retorcido de la condición humana bajo la máscara teatral de la ironía, la sonrisa o la risa más descarnada que en muchos casos actúa como una sonora bofetada a esos aspectos que no nos gustan tanto de la personalidad humana. Podemos sentir las inhumanas tendencias hacia el poder desmedido de una de sus protagonistas sin dejar de reír mientras ésta actúa e incluso sentir hacia ella una cierta ternura. Ahí radica el mérito de un buen texto y una buena interpretación. Una obra divertida puede ser a la vez macabra, violenta o angustiosa, pero si la sabes representar con inteligencia puede abarcar a un gran abanico de público sin que ninguno de los sectores se sienta desplazado por su argumento o su puesta en escena.

El toque de cabaret en la obra lo ponen las escenas de baile, los números musicales o las escenas de clown que mantienen en escena continuamente a todos los artistas. Estos cumplen perfectamente su cometido y, entre todos ellos, me gustaría destacar la interpretacción de Iris Carrasco, la fabulosa impostora en torno a la cual giran los demás personajes. Agradezco pues a Benito Jiménez,  Iris Carrasco, Inma Jerez, Fran Calvo, Roberto Martín, Laura Girón, Mayte Ramiro, Raquel Martín y a Gema Gómez desde el escenario que nos hayan hecho reír y pasar un rato agradable y por supuesto a todos los técnicos, encargados de vestuario y del Centro Cultural Pablo Iglesias que han hecho posible el estreno de esta obra.

Audio Uno.

Audio dos.

Entrevista Compañía.