Espacios de libertad, impulso y memoria.(Iasone Cañada, Jeroni Mira, Emma Rosa Rodriguez)

 

Pero hoy, no quiero elegir nada. Hoy nada me basta. (Iasone Cañada)

Uno entra en las imprecisas aguas del diálogo, esencia de la creatividad más pura. (Jeroni Mira)

A él, sólo le esperaba cada tarde, un espacio en blanco. (Emma Rosa Rodríguez)

  

Hoy Nada me Basta. Por: Iasone Cañada

Vivo en la certeza de que como ser humano, mi quehacer aquí es experimentar la vida. En todas sus variantes accesibles a mi estancia en éste instante preciso del mundo. Experimentarla es hacer la mochila muchas veces y saber que llevar en cada ruta, dentro de ella. Tramos que hago acompañada y otros en soledad. Recorridos sombríos y otros impregnados de luz.

Siempre hay dos caminos, siempre puedo elegir.

 

 

 

 

 

 

 

Estos momentos surgen en mi interior, a veces difuminados por las circunstancias, casi intangibles, imperceptibles y silenciosos, sabiendo que lo siguiente es, elegir.

 

Dar contenido a las reflexiones que van entretejiéndose en mi diálogo interno, es casi tan trabajoso como en el último segundo, cuando ya estoy al borde de los senderos, decidirme por uno de ellos.

 

Cierro los ojos en una íntima oración con la vida, con el pensamiento de aligerar mis pies y mi alma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero hoy, no quiero elegir nada. Hoy nada me basta. Hoy quisiera poder volar para no sentir pesados y lentos mis pies. Quisiera anidar alto y lejos, más cerca del mundo del cielo. Ser rayo y ser tormenta. Ser huracán. Arrasar aquello que parasitado en mi vida la hace tan lenta y pesada. Hoy nada me basta.

 

Quiero cambiar la mochila. Quiero cambiar lo que llevo dentro. Sus colores y su corte. Quiero cambiar mi mirada y mis gestos, y los tonos de las melodías con las que acompaño mi caminar.

 

Ponerme a tiro de otros rincones por explorar. De otros seres con los que cruzarme. De otros olores.

Estirar mis creencias como un extenso horizonte en le que todo es posible. Quiero lo imposible.

 

Quiero descubrir los pliegues de la vida. Respirarlos. Reconocer lo infinito de los propósitos, en la certeza de que todo cabe en ellos. Hoy necesito toda la amplitud del mundo, para sentirme libre de elegir. Sentirme libre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo irracional en el arte: El impulso mecánico. Por: Jeroni Mira Galmés

 

Saltando desde la forma a la abstracción, rompiendo las lianas de los colores básicos para alcanzar el nirvana en la incesante innovación. Saltimbanquis de aquella,  llevando de la mano, cual lazarillo, al observador, en ocasiones abstraído, otras boquiabierto, las que más indiferente.

Reordenamos el caos en la efímera fragua de la razón, oclusión, indigestión, Tras la luz la oscuridad. Después de andar de la mano de Virgilio reencontrarse con la claridad, escasos minutos, quizá puede que sólo segundos, al día, a la semana, al mes… después de recorrer una vida.

 

 

Braque y Picasso rebuscan en las entrañas de las formas, Juan Gris no va a la zaga, en su descomposición cubista, que no deja de ser un reencuentro con la pureza-esencia de la o el modelo, de lo visto-observado-interiorizado; nace Mark Rothko para sublimar el impulso tectónico, instantáneo, sobre lo que después alguien definiría como expresionismo. Fuera y dentro: pura densidad; necesidad de dejar algo del incesante diálogo con la vida y su punzante “existencialismo”, Jean-Paul Sartre va más allá sin que nadie se lo pida explícitamente; Apollinaire predefine antes de su nacimiento lo que en manos de los creativos plásticos será el surrealismo. Todos, no nos dejemos engañar por las apariencias, beben del Renacimiento y del Siglo de Oro español, todos beben de Sandro Botticelli, Leonardo, Rafael, de lo descomunalmente musculado y colorido del Buonarroti, Velázquez,  Murillo, de las atormentadas, en sí mismas, defecto ocular, morfologías de Doménikos Theotokópoulos, liban en el inicio, la eclosión y el tardío impresionismo, impresionados, sin olvidarnos del primer impresionista: Goya. Ninguno de ellos, Kandinsky, Miró, Tapies, etcétera, como puntas de lanza que pretenden hallar dentro de sí “la espiritualidad en y mediante el Arte”, Tapies buscando encontrarse con el instante zen de la pincelada (¿Expresionismo místico?), Miró regresando a las raíces más húmedas y oscuras del hombre y la mujer en la caverna llena de luz, Kandinsky radicalizando y sosteniendo, al filo de lo inadmisible, su alma sobre el papel y el lienzo.

 

Fuera de las barreras del “egocentrismo”, rebasadas las fronteras del “yo-individual” uno entra en las imprecisas aguas, siempre claras si uno tiene paciencia en la observación, del diálogo, esencia de la creatividad más pura, con el “sí mismo”, la interactuación con lo más incomprensible y vital que precisa a pesar de su evanescencia espiritual, del instante único del impulso físico-mecánico más allá de todo aprendizaje o concepción racional.

Apollinaire fue amigo del ruso Marc Chagall quien, en silencio, navegó entre todos los mares hasta el mil novecientos ochenta y cinco, dejando en cada una de sus obras la constancia de este avanzar y retroceder sin por ello dejar de ser uno mismo en el conjunto del Arte moderno, del Arte que pretende extraer en la fracción mortal la esencia de lo atemporal.

 

 

 

 

 

( Los tres cuadros que acompañan este articulo son autoria de Jeroni Mira)

 

 

 

 Como una caracola. Por: Emma Rosa Rodríguez

 

 

Un espacio en blanco.

Como su propia alma, atrapada en aquel vacío sin fondo, sin esquinas donde poder esconderse de la nada. Sin una luz que trace un sendero hacia la esperanza.

Un folio en blanco.

Virgen, como sus pensamientos, vagando  entre las sombras de olvidos permanentes.

Un lienzo en blanco.

Desnudo, sin nada que mostrar, huérfano de imágenes, de paisajes visitados, de gentes extraviadas en la memoria de la desmemoria.

Sólo blanco a su alrededor.

Hacía mucho tiempo que se le habían escapado las ideas, cansadas de no encontrar cobijo en aquella mente que, poco a poco, iba retornando a un mundo de insondables abismos desconocidos.

No cabían los sentimientos en ella, porque se  había olvidado hasta de sentir.

Sólo despertaba un instante su sonrisa cuando aquella voz de tono grave le leía palabras, hermosas palabras  al oído que hablaban de su historia de amor compartido.

Sólo un atisbo de mirada inteligente cuando aquellas manos varoniles le mostraban los retratos de lo que habían sido ambos, antes de que el tiempo decidiera  negarles  la felicidad futura…

A él, sólo le esperaba cada tarde, un espacio en blanco y una silueta femenina, como una hermosa caracola desprovista de vida, acurrucada en el rincón junto a la ventana.