Hector Abad : El Olvido que seremos

En España, Colombia nos queda un poco lejos. Quiero decir al ciudadano sencillo que conoce las noticias por prensa, por televisión, que se conduele de la violencia en abstracto, pero que no conoce al por menor los detalles de ésta.

Y a mí Colombia me quedaba un poco lejos antes de empezar a leer El Olvido que Seremos, de Hector Abad. Y mucho más lejos la figura de su padre que desconocía por completo.

Es cierto que el padre de Hector Abad, escritor colombiano, fue una personalidad pública en la Colombia moderna, pero también es cierto que, lamentablemente para muchos no lo fue  internacionalmente.

Ahora es inmortal derrotando para siempre a ese Olvido.

Al empezar a leer el libro, debo admitir que lo que me sedujo de él fue la -digámoslo así- complicidad que iba sintiendo según Hector Abad escribe de su padre; porque el mío para mí fue también todo eso que él dice. Es un retrato tan absolutamente conmovedor, tan nada lastimero, tan poco sentimentaloide y a la vez tan lleno de ternura y amor hacia su padre que esta elegía en forma de prosa podría ser cantada por los juglares sin desdecir.

Pero por supuesto el libro no es solo eso, sino un retrato de una sociedad, de unas formas, de un mundo que casi parece perdido- el mundo de Casa, el lugar donde Nunca hay Olvido porque están las raíces- y de la violencia externa de la sociedad colombiana, de los sicarios de la muerte, de la sangre y de las balas.

Y es, sobre todo, el relato de una vida que atraviesa todo el libro con el marchamo de haber sembrado dignidad, amor y justicia.

Puede estar tranquilo el hijo de Hector: su padre nunca será olvido; no cumplirá el verso de Borges porque los lectores lo impediremos.

Debo decir que ayer Colombia estaba muy lejos; esta noche permanece aquí mismo.