Un Delicado Equilibrio (Límites y Elogio de la Amistad) Por José Julio Perlado

¿Tiene un límite la  amistad? ¿O las fronteras de la amistad desaparecen puesto que si nos fijáramos en ellas no existiría verdadera amistad? (José Julio Perlado)

Un estudio Literario de las relaciones entre escritores.

 

Un  Delicado  Equilibrio   (Límites y  Elogio  de  la  Amistad) Por   José Julio Perlado

¿Hasta dónde pueden llegar los límites de la amistad? ¿Es que la amistad tiene algún límite? Edward Albee, el célebre dramaturgo norteamericano, escribió “Delicado equilibrio“, obra tensa y turbulenta que obtendría el Premio Pulitzer, se estrenaría en 1966 en Nueva York y sería luego  llevada a la pantalla en 1973 por Tony Richardson y protagonizada por Katharina Hepburn en el papel de Agnes, Paul  Scofield en el de Tobías, Joseph  Cotten en el de Harry y Betsy  Blair en el de Edna.

La casa de Tobías y de Agnes, en donde el delicado equilibrio del matrimonio se hace ya patente desde la primera escena, es “invadida” por una pareja amiga, la de Edna y Harry, que llegan aturdidos y aterrorizados por algo que les ha ocurrido fuera. Vienen en busca del refugio de los amigos, pero no aspiran a quedarse por un tiempo determinado sino que desean  “instalarse” allí para siempre y encontrar permanente cobijo.

-Si el terror viene…desciende… -dice Edna pidiendo amparo a sus amigos- si de pronto…necesitamos…vamos adonde se nos espera, adonde sabemos que se nos quiere, no sólo adonde queremos; venimos adonde la mesa ha sido tendida para nosotros en esa oportunidad…adonde la cama está preparada…y calentada…y está lista por si la precisamos. No somos…transeúntes…

En el tercer acto, Tobías, en una confesión  en la que vuelca cuantas contradicciones  lleva dentro, exclamará:

-¿La amistad no llega a eso? ¿Al amor? ¿Cuarenta años no cuentan para nada? Hemos hecho lo nuestro juntos, viejo – le dirá a Harry -, somos amigos, hemos pasado buenas y malas juntos. ¿Cómo es ahora, viejo? (Grito) ¿CÓMO ES AHORA MUCHACHO? ¡¿BUENA?! ¡¿MALA?! ¡BUENO, SEA LO QUE FUERA LO HEMOS PASADO, VIEJO! (Suave) Y no tienes que preguntar. Te aprecio, Harry, sí, de verdad, no me gusta Edna, pero eso no cuenta para nada, te aprecio mucho; pero encuentro que mi aprecio tiene sus límites…¡PERO ESOS SON MIS LÍMITES! ¡NO LOS TUYOS! (…) ¡VAS A TRAER TU TERROR Y VAS A ENTRAR AQUÍ Y VAS A VIVIR CON NOSOTROS! ¡VAS A TRAER TU PESTE! ¡TE VAS A QUEDAR CON NOSOTROS! ¡NO TE QUIERO AQUÍ! ¡NO LOS QUIERO! ¡PERO POR DIOS…SE QUEDARÁN!

Esta enorme virulencia y  turbulencia de las palabras de Tobías que quiere y no quiere a la vez aceptar  a sus amigos, aceptarlos para que vivan para siempre en su casa, desencadena las contradicciones de un corazón dividido, corazón que sufría ya un “delicado equilibrio”  amenazando  su vida matrimonial.

No es el caso aquí de desvelar el desenlace de este intenso drama de Albee que presenta numerosas capas de interpretación social, psicológica y literaria. Esa “peste” de la que habla Tobías y que, según él, trae Harry desde fuera, es una  referencia e influencia indudable de Camus sobre Albee, ya que el autor norteamericano admiraba mucho al francés. ¿Pero qué haría cualquiera de nosotros en una situación así? ¿Aceptaría que un amigo angustiado se quedara a compartir para siempre y en nuestra propia casa nuestra vida? ¿Tiene un límite la  amistad? ¿O las fronteras de la amistad desaparecen puesto que si nos fijáramos en ellas no existiría verdadera amistad? El tema de la amistad  ha recorrido épocas e historia de la vida pública y  privada durante siglos. “Sin amigos – dejó dicho Aristóteles- nadie querría vivir, aunque tuviese todos los bienes”.  A veces la amistad se ha cristalizado incluso en objetos de recuerdo. Petrarca, que sentía un hondo afecto por San Agustín, había tomado la costumbre de anotar en un cuadernillo especial el diálogo que siempre mantenía con su amigo muerto hacía casi mil años. Guardaba celosamente para sí ese cuadernillo que era un objeto-reliquia en su vida íntima: había creado un verdadero discurso amistoso con una persona de otro tiempo. Más adelante, en 1441 y en Florencia, el certamen de la  Academia de aquella ciudad se centró en la amistad como asunto y se propuso tratar en lengua vulgar un tema institucional del mundo clásico.

Pero no solamente la distancia de siglos en la evocación personal sino el amplio espacio de amistad cuyo arco unen los libros ha servido en la Historia para acercar en confidencia a escritores y lectores e irlos haciendo cada vez más amigos. “Sin duda la amistad, la amistad que se refiere a los individuos – escribirá  Proust  -, es cosa frívola, y la lectura es una amistad. Pero al menos es una amistad sincera, y el hecho de que se dirija a un muerto, a un ausente, le da un algo de desinteresado, casi de emocionante. Es además una amistad exenta de todo lo que constituye la fealdad de las otras. Como nosotros, los vivientes, no somos todos más que unos muertos que no han entrado todavía en funciones, todas esas finezas, todos esos saludos en el vestíbulo que llamamos deferencia, gratitud, afecto, y en lo que tanta mentira ponemos, son estériles y fatigosos. (…) En la lectura, la amistad torna súbitamente a su pureza primigenia. Con los libros, nada de amabilidad. Estos amigos, si pasamos la velada con ellos, es verdaderamente porque tenemos gana de pasarla”.

  (Edward Albee

El argentino Ricardo Sáenz Hayes, miembro de la Academia de Letras, cronista y viajero, publicó un interesante volumen, “De la amistad en la vida y en los libros“, en el que reúne a Tácito y a  Plinio, a Teresa de Jesús y a Juan de la Cruz, a Montaigne y a  La Boétie, a Cervantes y a Lope, a Boswell y a Johnson, a Goethe y a Schiller, a Carlyle y a Emerson. Célebres amistades fueron las de Brahms con el cirujano Billroth y es muy emocionante la correspondencia entre Henry James y Stevenson que contiene cartas extraordinarias entre los dos amigos. Célebre también, ya en España, es la amistad de Garcilaso con Boscán, cuando Garcilaso va escribiendo y describiendo la meditación del viajero sobre la amistad:

 

               Iba pensando y discurriendo un día

               a  cuantos bienes alargó la mano

               el  que de la amistad mostró el camino,

               y  luego vos, del amistad ejemplo…

 

Garcilaso va “discurriendo” así, sobre la marcha, la meditación sobre la amistad y la canaliza  poéticamente en una epístola.

  “Si tienes un amigo en quien no confíes tanto como en ti mismo -había dicho ya  Séneca al principio -, o te engañas profundamente, o no conoces la fuerza de la verdadera amistad. Examina todas las cosas con tu amigo, pero ante todo examínale a él. Después de la amistad, todo se debe creer; antes, todo debe deliberarse. Medita largamente si debes recibir en amistad a alguno, y cuando hayas resuelto hacerlo, recíbele con el corazón abierto, y háblale con tanta confianza como a ti mismo”. Siglos después, con motivo de los indicios de privatización de la sociedad desde el  XVl al XVlll,  se descubre el gusto por la soledad y por la amistad, aunque ya no será  esa amistad aquella fraternidad que respondía a la camaradería militar de la Edad Media, sino la gran amistad que se encuentra  en Shakespeare o en Miguel Ángel.

 ( Jorge Guillén a Gerardo Diego. Manuscrito)

 

 

 

 

En España, en nuestro tiempo y ciñéndonos tan sólo a la poesía – además de la rica  Correspondencia entre Pedro Salinas y  Jorge Guillén que revela toda la amistad entre ambos -, Elena,  la hija de Gerardo Diego, hizo públicos hace pocos años los testimonios de amistad que unieron al Grupo del 27. Gerardo Diego no quiso denominar  “Generación” sino “Grupo” a esos poetas  y comenta  el autor santanderino  “la traición, enemistad y prisa centrífuga” que, según él, caracterizó “a los del 98” y que se repitió “con los diez años más jóvenes, los de la promoción siguiente”. Ante esto, Diego defendió siempre la amistad de los del 27. “Cada uno siguió su camino vital- dijo-. Todos vivimos y sufrimos la opresión del ambiente súbitamente afiebrado a partir de 1929 y la guerra nos separó a la fuerza. Pero la amistad no se rompió. En cuanto fue posible volvimos a comunicar por escrito o en persona”.

La separación física entre poetas – quienes permanecieron en España y quienes salieron del país – hacía vibrar el vínculo de la amistad entre todos, y  Gerardo Diego recuerda todo eso diciendo que “padecían la hondísima pena de no poder moralmente volver según su corazón o su criterio”.

( Carta de Luis Cernuda a Gerardo Diego)              ( Manuscrito. Emilio Prados a G. Diego)

 

 

 

 

 

El primero en desaparecer fue Federico García Lorca. El segundo, Pedro Salinas. Su viuda escribió a Gerardo Diego: “Qué buen amigo es usted de sus amigos. Cómo le agradezco que me recuerde usted a Pedro en sus mejores cualidades espirituales”. El grupo, bien compacto, pudo verse en varias ocasiones. En 1950, Manuel Altolaguirre escribe a Diego: “Estamos en casa reunidos cotidianamente Moreno Villa, Luis Cernuda, Emilio Prados y yo y ahora esperamos venga a estar con nosotros Jorge Guillén que dará un curso en el Colegio de México”. Cuando muere Altolaguirre en 1959, las cartas que se cruzan Aleixandre, Gerardo Diego, Cernuda y Emilio Prados testimonian una vez más lo fuerte de una amistad. “¡Qué ejemplo de fidelidades a prueba de todo entre los miembros de este “grupo” – glosa  la hija de Gerardo -¡Es tan honda la compenetración entre ellos, su amistad, que se puede llegar a confundir a uno con otro como hizo un periodista!”.

En una carta  a Gerardo Diego Emilio Prados  lloraba la muerte de Altolaguirre: “Nos vamos separando ya para siempre. Nuestro símbolo roto ya no podrá nunca aquí en la tierra volver a unirse. Oigo hablar de “generación del 25″ y me da risa. Nosotros  somos mucho más que eso. Aparte de la poesía, tenemos en el alma un fulgor poderoso y eterno que, ahora más que nunca, notamos cuando alguno se lleva su pedacito de piedra. Entonces, del centro profundo de nuestro símbolo, brota una luz y se mete en el cielo. Los que quedamos aquí nos admiramos, como si fuera algo que no supiéramos y esperamos nuestra hora”.

Delicado equilibro es el de la amistad.  Confidencia y  respeto caminando juntos. Tener un verdadero amigo es  casi un milagro y cultivar esa amistad es una extraordinaria tarea.

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Bibliografía:

 

Ricardo Sáenz  Hayes, La amistad en la vida y en los libros.-Espasa Calpe.-Colección Austral.

 

 Pedro Salinas-Jorge Guillén.- Correspondencia.- Tusquets

 

Elena Diego, La amistad en el Grupo del 27.-Cuaderno adrede.-Fundación Gerardo Diego..

 

 

 (Ilustraciones pertenecientes a “Documentos procedentes del Archivo de Gerardo Diego”.-  Aparecen en el libro de Elena Diego, “La amistad en el Grupo del 27.-Cuaderno adrede.-Fundación Gerardo Diego.-Santander, 2005)

 

1.-Carta fechada en Málaga, el 28 de junio de 1982: Carta de Jorge Guillén a Gerardo Diego.

 

2.-Carta fechada en septiembre de 1959: Carta de Luis Cernuda a Gerardo Diego escrita en Méjico.

 

3.-Carta fechada el 12 de mayo de 1960: Carta de Emilio Prados a Gerardo Diego escrita en Méjico