Textos Creativos de: Sagrario Hernández. Issa Martínez

El páramo se yergue… igual que los relojes (Sagrario Hernández).

Así me fui, sin heredar la rebeldía que acompaña  a las quimeras (Issa Martínez).

 

 

Páramo.  Por: Sagrario Hernández.

 

Disueltos en la niebla de un paisaje

donde las piedras son un universo gris

de inmóviles figuras fantasmales,

 

los días

suceden a las noches

en un loco paréntesis

de tiempo acorralado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El páramo se yergue

-altivo-

desafiando alturas

igual que los relojes

-metálicos y fríos-

desafían al ojo de la muerte:

cenizas

cubriendo superficies.

Cenizas todo luego

cuando la niebla alcanza

la cima

y oculta entre sus pliegues

la luz del vuelo azul de una gaviota.

 

Ayuno de Milagros . Por: Issa Martinez

 

 

Siempre la sangre sufragando la fe,

en la espera, en la paciencia que acompaña

el respiro y aguarda el milagro.

Tanto demoré la esperanza en los ojos

que no escuché la voz del silencio,

tanto prorrogué la certidumbre del espíritu,

que no miré marchitarse la devoción del pájaro y la flor.

Tanta certeza incólume se hizo piedra invidente,

tumba para las palabras del sol penetrando en las mareas,

regocijo frágil de la liturgia muerta e ignorante,

que no mojó sus manos en el brillo de la estrella,

ni desnudó su piel con las manos de la luna,

ni lloró con la pintura viva de la gaviota conforme.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Siempre la sangre sufragando la fe,

en la espera, en la paciencia que acompaña

el respiro y aguarda el milagro.

Y se me agrietó la carne con todas las horas

de insomnios religiosos, y bajo la tierra quedaron

mis esperanzas infieles, que nunca hicieron el amor

con la pureza de la clepsidra en eterna agonía

de tanto contener sueños líquidos.

Así me fui, sin heredar la rebeldía que acompaña

a las quimeras, ni los versos que escribieron las nubes,

ni las frases del mar sin reproches de cansancio,

ni apenas, siquiera, las lágrimas que inundan los ojos

donde el amor se hace prodigio cuando las mujeres paren.

En la metamorfosis de las mariposas

prorrogué mis ojos cerrados y mis oídos sordos.