La Historia del Abanico en España. – I – De los inicios al Renacimiento. Por : Virginia Seguí.

 

La historia del Abanico en España, por Virginia Seguí, desarrolla en este primer capítulo la introducción de este adorno estético en la Península Ibérica desde la Antigüedad hasta el Renacimiento. Un recorrido histórico del empleo en nuestro país de este adorno estético y funcional, que recoge tanto fuentes documentales de la época (códices, inventarios) como estudios actuales, así como imágenes representativas que ilustran los datos.

 

The history of the Fan in Spain, by Virginia Seguí, it develops in this first chapter the introduction of this aesthetic decoration in the Iberian Peninsula from the Antiquity until the Rebirth. A historical journey of the employment in our country of this aesthetic and functional decoration that picks up documental so much sources of the time (codexes, inventories) like current studies, as well as representative images that illustrate the data.. 

 

A história do Fã em Espanha, por Virgínia Seguí, desenvolve neste primeiro capítulo a introdução desta decoração estética na Península ibérica da Antiguidade até o Renascimento. Uma viagem histórica do emprego em nosso país desta decoração estética e funcional que apanha documental tanto fontes do tempo (códices, inventários) como estudos atuais, como também imagens representativas que ilustram os dados. 

 

La Historia del Abanico en España.  – I- De los Inicios al Renacimiento. Por : Virginia Seguí

Para fijar la aparición del abanico en la península Ibérica los expertos se remontan a la Antigüedad y a cada uno de los momentos históricos en que los pueblos y culturas, que en ella se desarrollaron, fueron asentándose en sus costas y a la vez transmitiendo sus costumbres a los naturales del país; principalmente los fenicios, los cartagineses y los griegos; sus metrópolis ubicadas al este del continente europeo y en las costas minorasiáticas tenían una situación de privilegio para el desarrollo del comercio con Oriente, y pronto se convirtieron en los intermediarios de  ambos mundos; sobre todo los griegos que se adentraron en Asia y llegando, en algunos momentos, a dominar política y territorialmente amplias zonas y culturas así como sus rutas comerciales.

La expansión occidental, de estos pueblos, les llevó hasta las costas españolas instalando en ellas sus factorías y colonias, enclaves estratégicos que les permitían realizar sus transacciones de mercaderías a la vez que continuaban su expansión. De manera natural al instalarse dieron a conocer sus usos y costumbres a los habitantes peninsulares, su cultura y sus objetos de uso cotidiano, entre los que se encontraría el abanico, pues además el clima meridional favorecería su uso. Existen pruebas de que los griegos lo habían aclimatado a su propia cultura y que, llegado un momento, el abanico se había convertido en un objeto de uso habitual y cotidiano así lo demuestran algunos objetos artísticos que han llegado hasta nosotros: vasos, estelas y/o sus famosas tanagras, figuras femeninas realizadas en arcilla (Fig.1-2). Y qué decir de los romanos quienes no sólo se instalaron en nuestras costas sino que se apropiaron del territorio incorporándolo a su Imperio como una provincia más, implantando también sus usos y costumbres. Bajo su denominación romana: flabelum fue como más se extendió su uso, por un lado en su aspecto litúrgico o ceremonial y, por otro, como artículo de lujo incorporado a la vida social.

 ( Fig. 1. Tanagra. Berlín).                                                          

 Las invasiones bárbaras desmembraron la zona occidental del Imperio Romano interrumpiendo  el comercio con oriente, aislando a Europa y sumiéndola en un período difícil para el desarrollo del abanico; cabría pensar, por tanto, que hasta que estos pueblos invasores no se instalaron de manera permanente en los territorios conquistados, iniciando su propia evolución cultural con el consiguiente proceso de sincretismo con las culturas preexistente, no volvieron a darse las condiciones adecuadas para que reapareciera el uso del abanico. En el caso español y refiriéndonos a los visigodos que se instalaron en la península mencionar la influencia que, en su cultura, tuvieron las costumbres romanas; habría que hablar de sus primeros contactos en las fronteras del Imperio, cuando establecidos en la zona del Danubio pactaron con Roma y uniéndose a sus legiones defendieron los limes de otros pueblos bárbaros más belicosos. Desde el año 332 fueron arrianos, estableciéndose en España hacia el 415, y más tarde en el 589 Recaredo convocó el III Concilio de Toledo y abjurando del arrianismo se convirtió al catolicismo; con ello volvieron a cobrar auge los oficios religiosos cristianos, apoyados nuevamente desde el poder político, recuperando vigencia los rituales litúrgicos occidentales, así como el boato y magnificencia del periodo anterior tardo romano o paleocristiano, en Bizancio seguía utilizándose un abanico tipo espantamoscas elaborado con plumas de pavo real denominado rhipidion 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                              (Fig. 2. Estela Naiscos.Louvre)

 

 

 

 

El texto del Arzobispo de Córdoba, Cipriano, fechado a finales del siglo IX y, en parte, traducido por Gómez Moreno en sus estudios sobre la España musulmana, prueba el uso del abanico en ceremoniales cortesanos en la España de su época ya que en él podemos leer: <[…] luce en mano del próvido Conde el abanico marcado con letras áureas que consignan el nombre de Guifredo, puesto en la sacra fuente. A fines de que las auras expulsen al estío a invitación del abanico, entrégalo gustoso, oh Conde, a tu gloriosa cónyuge para que de igual modo disipe el abrumador estío de la dicha Guisinda, pegada a tu costado […] adorna oh abanico, la diestra de la ilustre Guisindis: menester es que ofrezcas artificioso viento, para que reanimando los decaídos miembros se modere el ardor en tiempo de verano, y abierto (sic), cumplas en todo con tu oficio.>

                                   

  ( Fig. 3. Relicario Santas Nunilona y Alodia)         

En cuanto a muestras artísticas de este período tenemos las arquetas de marfil realizadas en talleres cordobeses conservadas en el Museo de Kensington o en la Catedral de Pamplona, este utilizado como relicario de las santas Nunilona y Alodia  (Fig.3), datadas ya en el siglo XI, o el  denominado Bote de Almoguira del Louvre (Fig.4), que Gómez Moreno y otros expertos consideran también obra de los talleres de eboraria califales, todos ellos permiten observar el uso habitual del abanico por la población musulmana y dejan clara la existencia de, al menos, tres tipos de abanicos: el amoscador, el de palma abanderado y el redondo; morfologías que hay que relacionar con los contactos establecidos por el mundo islámico con Oriente desde el momento en que las monarquías omeyas y/o abbasíes, en su fase de desarrollo y expansión, arrebataron al Imperio Bizantino el control de las rutas comerciales de la zona.

 

  ( Fig. 4. Bote Almoguira)

Otro modo de entrada de abanicos de procedencia oriental era a través de los Cruzados; quienes al finalizar las contiendas regresaban a sus países trayendo recuerdos exóticos comprados en su recorrido de vuelta desde Jerusalén. Con el paso del tiempo la situación fue estabilizándose y los intercambios comerciales en Europa y el Mediterráneo se normalizaron con lo cual la llegada de abanicos  orientales volvió a ser frecuente. Entraban en España de forma variada.

Inicialmente habría que destacar la actividad comercial de la Corona de Aragón que le llevó a establecer contactos, e incluso factorías, en los puertos y ciudades más importantes del Mediterráneo, sobre todo en algunas italiana consideradas emporios comerciales como: Nápoles, Venecia o Génova, abastecidas de todo tipo de objetos  desde Constantinopla y Asia. Serán, por tanto, los puertos del levante español y los del archipiélago Balear, una vez reconquistado por Jaime I de Aragón, los principales puntos de entrada de productos orientales en la península. Conocemos por los estudios especializados de Roig Flores que algunos artesanos de ciudades de la zona, ya desde el siglo XIV, se interesaron por el abanico comenzando su fabricación en España; Eugenio Larruga al estudiar frutos del comercio y las fábricas españolas, a fines del siglo XVIII, menciona la existencia de gremios de abaniqueros en el país indicando su especial desarrollo en zonas controladas por la corona de Aragón. 

Otra vía de entrada del abanico en España fue la ruta americana; tras el descubrimiento de América los diferentes expedicionarios y conquistadores españoles trajeron a su regreso a España diversos presentes y objetos utilizados por las diferentes culturas del continente americano como aztecas y mayas, entre estos objetos había diversos tipos de abanico; Ruth de la Puerta en sus estudios sobre el abanico valenciano menciona que Cristóbal Colón ofreció un abanico de plumas a la reina Isabel la Católica a su regreso de América en 1493, y Hernán Cortés hizo entrega al emperador Carlos V del que, según relata la Crónica mexicana de Alvarado Tezozomoc, recibió como regalo de Moctezuma I, emperador azteca, cuando este supo de su desembarco en las costas mexicanas; no tenemos imágenes de estos actos pero podemos comprobar la presencia y uso del abanico en la cultura azteca a través uno de sus más famosos manuscritos el Códice Mendoza. (Figs. 5-6)  

( Fig. 5. Códice Mendoza. Exploradores)                ( Fig. 6. Códice Mendoza. Padre e Hijo) 

 

 

 

 

La entrada del abanico plegable, supuestamente procedente de Japón, se vincula a Portugal, ya que fueron sus expedicionarios los primeros europeos en llegar a sus costas; durante el reinado de D. Juan Manuel se abrió la ruta de las Indias cruzando el Cabo de Buena Esperanza, fundando colonias en Goa, Macao y desde mediados del siglo XVI con Japón; a ellos se adjudica pues la llegada a occidente del abanico plegable, que obtuvo gran éxito en las cortes europeas adquiriendo con el tiempo gran preponderancia y popularidad triunfando sobre el resto de tipos que fueron quedando en desuso, esto afectó sobre todo al de bandera (Fig.7); aunque algunos de ellos dadas sus características y posibilidades se recuperaron en épocas posteriores sobre todo para ocasiones especiales en las que se requería mayor lujo y suntuosidad.  

En la difusión del abanico plegable, y en general en cualquier tipo de abanico, tuvo mucha importancia la relación entre las monarquías reinantes en Europa; y debemos atribuirle a la mujer gran parte del merito de su difusión; ya que, aunque el objeto en sí es de uso indistinto en géneros, es mucho más frecuente, al menos en Occidente, que sea el genero femenino el que le de un uso mas frecuente; de este modo los miembros femeninos de las casas reales europeas al desplazarse al país de sus futuros esposos para desposarse lo hacían llevando el ajuar y muchos otros objetos de uso personal entre los que muy habitualmente había abanicos contribuyendo así a su difusión en otras cortes. Esto es lo que debió suceder cuando María de Portugal vino, en el año 1543, a España para casarse con Felipe, segundo hijo del emperador Carlos V; la Biblioteca Nacional española conserva un Códice, el 4013, en el que se encuentra la relación de su viaje a nuestro país, mencionándose detalladamente su atuendo y los diferentes ornamentos de sus ropajes, Ezquerra del Bayo recoge la cita: “Tenia en la mano on pedazo de Terciopelo Blanco hecho como aventalle con que algunas veces se hacía ayre y se ataba el rostro. Pareció a todos muy hermosa y no nada empachada“, añadiendo que estamos ante un tipo de abanico a la moda italiana, que el narrador considera hecho como aventalle. Sandoval, es otro contemporáneo que narra la entrada de la misma princesa, ahora en Salamanca, donde se casó y donde la vería por primera vez su futuro esposo, de la siguiente manera: “Después que la princesa entró en la ciudad, el príncipe se puso en casa del Dr. Olivares cerca de San Isidro y la princesa lo supo y quiso al pasar cubrirse el rostro con un avanillo que llevaba, y Perico, el del Conde de Benavente[…] hizo que quitase el avanillo para que el príncipe la viese“. En esta cita puede observarse que el narrador nos habla de un avanillo, quizás para diferenciarlo del tipo anterior aventalle, dejándonos intuir que en este caso estamos ante un tipo distinto de abanico: el de varillaje plegable, y dada la fecha, ante uno de los primeros de este tipo visto en la corte española.  Durante el siglo XVI será habitual en los retratos de damas españolas la presencia de este tipo de abanico algo que no sucede en otros países hasta el siglo siguiente. (Fig.8)

  ( Fig. 7. Retrato de Lavinia Sarcinelli. Tiziano. 1556)              ( Fig. 8. María de Portugal. Anónimo )

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otras fuentes documentales que nos ayudan a verificar la presencia y el uso del abanico en España son los inventarios de bienes, bastante habituales en la época, sobre todo en personas de cierta categoría y básicamente con fines testamentarios y para tasaciones de herencias. Por ejemplo en el inventario de los bienes propiedad del pintor valenciano Bartolomé Abellá, en 1429, comprobamos la existencia de abanicos indicándose en él: “[…] Item dos ventalls de palma guarnits de aluda”; citando el objeto en lengua valenciana. Un inventario importante es el de la Reina D.ª Juana, realizado en 1565 diez años después de su muerte, en el que se describen varios abanicos, casi con toda probabilidad, pertenecientes a su madre la reina Isabel, ya que ella pasó la mayor parte de su vida en la ciudad de Tordesillas retirada de la vida social teniendo, por tanto, pocas ocasiones de lucirlos en la corte; en las partidas de Cargo y en la Data se mencionan realizando sus descripciones <un ventalle de oro y aljófar, otro de oro y plumas de pabón, con dos rosas de oro esmaltadas en blanco, uno con mango de oro trabajado con filigrana, dos de pala labrados de seda de colores>; probablemente de procedencia italiana, quizás similares al que podemos apreciar en manos de Laura la Pola en el retrato realizado por Lorenzo Lotto en 1543 (Fig.9).

  ( Fig. 9. Laura Pola. Lorenzo Lotto)

Vemos que el abanico inició su andadura como artículo de lujo dado su exotismo y la riqueza de los materiales que inicialmente se empleaban en su realización, circunstancias que, sin duda, restringían su uso a la aristocracia y las capas altas de la sociedad, los únicos que podían permitirse el lujo de comprarlos. Pero poco a poco, el abanico fue haciéndose popular, hay que considerar que, en España, el clima favorece su uso; y que pronto hubo artesanos que iniciaron su fabricación interesándoles aumentar la producción con vistas a obtener mayores ganancias, lo que se irá consiguiendo; poco a poco a medida se consigue abaratar los costes de producción de los diferentes elementos que intervienen en su confección, tanto en los materiales de fabricación como en los sistemas empleados para su realización en los países; el desarrollo de la imprenta fue también determinante en este último aspecto ya que permitió realizar series iguales prácticamente con el mismo coste al utilizar la misma plancha o litografía para varios abanicos, en lugar de que un pintor iluminará uno a uno cada uno de ellos. Naturalmente el proceso no acabaría hasta la llegada de la revolución industrial que afectó directamente a la fabricación de prácticamente todos sus elementos. En el siguiente capítulo iremos viendo sus avances en este sentido y estudiando las partes esenciales del abanico plegable.