Psicodelia, Primavera y Creatividad: Mireia.C. Iasone Cañada.Jeroni Mira.

Observar con detenimiento una obra psicodélica nos produce inevitablemente una sensación extraña que se debate entre la atracción irreversible y el desasosiego. (Mireia. C. Zubiaurre).

 

El frigorífico vacío y mis anhelos también. (Iasone Cañada).

 

Extraña que entre los mejores creadores que han optado por la honestidad sus vidas son las más cortas del panorama cultural. (Jeroni Mira).

 Psicodelia: Locura transitoria. Por: Mireia . C. Zubiaurre.

Aseguraba un conocido filósofo y pensador de los años 30 que el hombre presente acumula en su esencia todo lo que vivieron, experimentaron y aprendieron sus antecesores, y que por lo tanto aquel no puede ni debe sustraerse de ese pasado.

¿Podría el hombre presente sentir nostalgia por algo que no ha vivido directamente, pero que se encuentra de alguna manera en su interior, en su mente y lo revive en el descubrimiento fortuito de aquello que sucedió años atrás, aún sin haberlo conocido de primera mano?

¿Por qué vuelven las modas pasadas?¿Por qué algunos estilos artísticos pretéritos nos interesan más que otros? ¿Tal vez porque hubiéramos encajado en aquel ambiente, en aquel momento de esplendor cultural?

Quizás tan solo se vuelva atrás por una falta de nuevas ideas en el presente, por rebatir aquella frase tan acertada que asegura que hoy en día “todo está escrito, todo está descubierto e investigado”. Unas circunstancias socio-políticas en concreto pueden generar o promover un nuevo estilo artístico, alimentar ideológicamente a una generación que responde a lo que le rodea fomentando un movimiento que, con toda probabilidad resurgirá años después, aunque la coyuntura del momento en el que renazca no sea la misma de entonces.

Un movimiento aderezado con los efectos de una revolucionarias drogas alucinógenas capaces de hacer ver una realidad diferente, alejando al “viajero” ocasional de aquello que no desea y rechaza, pero acercándole a una visión del mundo, fantástica, cuasi- mística y más amable que la real.

No acabamos de abarcar con la mente, racional y sentimentalmente, lo que otros crearon aunque quisiéramos por lo que nos mueve en nuestro subconsciente, que nunca queda impasible ante una obra de nuestro gusto. Imposible abarcarla más aún si aquella fue generada desde un estado mental fuera de control, desde una percepción de la realidad totalmente distorsionada, desde ese plano sensorial alucinante en el que se escuchan colores y se ven olores.

Observar con detenimiento una obra psicodélica nos produce inevitablemente una sensación extraña que se debate entre la atracción irreversible y el desasosiego. Quizás la mente detecte cierta incongruencia en su cromatismo extremo, en su diseño surrealista y la lógica cuestionable, por nacer todo ello durante ese “viaje” irracional en el que los cincos sentidos pierden su nombre y la alucinación se hace dueña del intelecto humano.

               ( Butterfly spiral)

 

Sujetos a nuestra condición de pobres mortales ansiamos lo que nunca podremos tener y por ello sufrimos, por lo inalcanzable e irremediablemente deseado. Y lo que nos maravilla en su simple contemplación, aún llevándonos a lugares recónditos de nuestra mente nunca nos llena por completo, no nos satisface porque nunca podremos vivirlo tal y como se nos muestra. Quisiéramos ser aquella generación de la década de los 60 que se rebeló contra la sociedad y sus valores establecidos, contra la Guerra de Vietnam, contra lo absurdo de todas las guerras, contra el puritanismo y la vida inconsciente, vacía de espiritualidad y bondad. Aquella generación que supo navegar contracorriente, dejándose llevar por nuevas experiencias psicológicas, llegando a crear sin saberlo un estilo, un movimiento que abarcó diferentes niveles artísticos y que ha inspirado a diseñadores y artistas desde entonces hasta nuestros días, momento en el que se ha perdido por completo el sentido original del movimiento en si.

   ( Barnaby)                                                            (Tripoute. Mce. Maurice.)                                 

Rebeldía, inconformismo ante la realidad social del momento, LSD y genio artístico fueron suficientes para darle inicio a lo que acabaría por llamarse arte psicodélico o psicodelia. El uso de drogas alucinógenas posibilitó que algunos artistas de los años 60 y 70 visionaran las que posteriormente serían autenticas obras de arte, tanto pictóricas como musicales, llenas de color y estridencias, contrastes y efectos visuales propios de una experiencia psicológica alterada y fronteriza con la esquizofrenia.

 

Vivir lo irracional, oír, sentir y ver lo inimaginable, lo que se encuentra fuera del alcance de la gran mayoría de los humanos; tentar a la suerte y jugar con el destino danzando en el límite entre la metódica y aburrida cordura y la peligrosa genialidad de la locura transitoria a cuyo servicio se abandona la imaginación más lúcida, brillante y contradictoria.

La locura transitoria es un dulce nada desdeñable dentro de este mundo irresponsable; el placer momentáneo, la euforia que nos permita olvidar dónde y cómo vivimos. Pasaremos la mayor parte de nuestra vida buscando, recopilando pequeños trozos de felicidad, de falsa locura que nos permitan sobrevivir. Tan solo algunos sabrán y querrán plasmarlos, compartirlos a través de un cuadro, de una canción o unas cuantas palabras escritas sobre papel. El resto, mientras tanto, deseará de nuevo abarcarlo todo, exprimirle a los colores de aquel cuadro, a la melodía de aquella canción, a lo poético de aquel escrito esa locura transitoria por la cual debió pasar su autor, su creador.

 

“Cualquier tiempo pasado fue mejor”

Jorge Manrique

 

Primavera . Por : Iasone Cañada Zorrilla.

De todas formas, no importa desde donde partimos para llegar porque hoy todas las cosas se tropiezan las unas con las otras…

Me siento como un fenómeno atmosférico, que en medio de las magnéticas fuerzas del universo, se convierte en uno u otro tipo de desencadenamiento natural.

Es así mismo como me siento 1 de cada 15 días, por decir algo, por ser también un poco fenómeno matemático….ya puestas…..

 

La cosa es que cuando me parece que el destino me suelta, la ambición desaparece y cual globo aerostático fluyo por las corrientes atmosféricas, como una tormenta eléctrica aparatosa y feroz.

Hoy es uno de esos días.

 

El frigorífico vacío y mis anhelos también. Mis deseos de tirar todo por la ventana y de regar la casa como si así pudiera llenarla de nuevas historias y colores. Es un modo de desear renovarse por dentro pero es tan lento y pesado como la discusión de si Plutón es o no un planeta.

 

Me discuto y me enzarzo en conversaciones interiores sin fin. Una puede pensar que es la primavera arrasando, que es la menopausia incansable en sus devaneos hormonales, que es el sol que está oculto en un cielo que no acaba de situarse en la estación correcta o en el solsticio adecuado.

Y todo sigue dando igual. (Entre medio, doy gracias al corrector ortográfico… ¿qué sería de mí si no?)

 

El viento insensible a tan disparatada circunstancia revuelve mi pelo (mi vida, la terraza…) hasta darle un toque muy parecido al drago milenario…

 

Me río largamente. Torpe y apresurada corro por estas calles hacia el restaurante donde vamos a cenar. El lugar es hermoso y acogedor, con todas aquellas cosas dispuestas de tal manera que al entrar sabes que estas a más de 3000 km de donde naciste. De donde nací. El menú, delicioso y el vino sulfuroso… la noche es cálida y el cielo, limpio y cuidado, estalla en un sinfín de estrellas planetas y galaxias. Con las ultimas luces del atardecer los colores del mar se magnifican…mientras aparece la luna. Rodeada de gente con la que disfruto cada minuto…

Entre brindis y brindis me río de mi frigorífico vacío, de estos pelos imposibles, del día tan torpe que he tenido y de las cosas de la terraza volando sin cuartel. Me río de mi misma. Una se da mejor en la vida cuando el  cosquilleo de sentirse plenamente dichosa lo inunda todo. Como un gran sol en el corazón.

Me siento feliz.

Me siento primavera alocada.

Me siento capaz de volar de nuevo.

Me siento con la fuerza de llenarlo todo. (frigo incluido).

 

¡Mi brindis hoy, por todas vosotras y vosotros!

 

 Divagaciones sobre creatividad: – I – El arte como Acto Existencial. Por : Jeroni Mira.

Primer nivel: cuando el Arte, en la vertiente que sea, cumple con creces el simple y fundamental hecho de hacernos sentir vivos dando a la vida y sus minutos un sentido. Lo que, en los siglos pasados, no tan lejanos, el mundo y ciertos artistas denominaron “el Arte por el arte”, que no implicaba una compensación económica directa, ni el asidero a saber que las necesidades primarias fueran a ser cubiertas, en ciertos estadios llevo a muchos artistas, incluso ya en posesión de un reconocimiento y una fama como Mark Rothko, a un desequilibrio con el entorno y cometer suicidio. En esta fase, que puede durar décadas o toda una existencia, el artista está en plena posesión de su libertad creativa, sin castración impositiva de la moda, de los intereses económicos, de la imposición de unos temas por parte de entidades o tipismos culturales; pero, hemos de reconocer, que a la vez está en su estado más indefenso frente a la maquinaria social que pretenden siempre dictar lo que es válido y lo que no cubre los cánones establecidos ( por un ejemplo gráfico: pensemos en la época de Praxíteles y en un artista que se hubiera atrevido a realizar una estatua a lo Amadeo Modigliani; más cerca en el tiempo, pensemos por un instante en un cuadro de Miró o Antoni Tapies en los pasillos de algún palacio Florentino o del Vaticano en pleno Renacimiento), está sobre el filo de la navaja de afeitar, sueño recurrente que he tenido en ocasiones, no apto para cardiacos, no puede pisar con fuerza porque se cortara, no puede mirar a izquierda ni a derecha porque más allá están el vacío o la perdida de los papeles, sólo le resta una fe ciega en su labor y encarar, contra viento y marea, el presente hacia delante si volver la vista atrás. Extraña que entre los mejores creadores que han optado por la honestidad sus vidas son las más cortas del panorama cultural de sus estadios de civilización, alguno, por suerte, lograron llegar a la senectud siendo hasta el último instante coherentes y activos, héroes en el anónimo sobre los que la cultura del futuro, la de ayer, hoy y mañana,  ha basado sus fuentes y valores.

 

Aviso que en estas divagaciones sin importancia me va la vida, sí, parece cómico, pero es así; uno está en el escenario, frente al público y como no tenga la clave, la palabra, el color, el punto que produzca el beneplácito por parte del aforo social esta perdido, es automáticamente, sin la menor explicación, relegado a una de las torturas más placenteras y más de moda hoy: “el ser conscientemente ignorado”. Hay mundos dentro del Arte y sus sucedáneos en los que es mejor no adentrarse si uno no desea ser carne de frenopático.

Intentaré, sin haber terminado por hoy, hacer el esfuerzo de adentrarme en lo desconocido en estas “Divagaciones sobre  Creatividad”. No pretendo hacerlo para justificar mi obra, ni mi hacer diario en el Dédalo del Arte, ni lamentarme de la exclusión que he sufrido y sufro en ciertos círculos, templos del arte moderno y su pretendida productividad, como dice la canción por ahí, nunca antes con más razón: “eres en cuando vendes” no por lo que piensas, sientes y haces.

  ( Luna Llena en Gran Vía)                                                                            ( Niños Africanos)

 

 

 

Aparte de todo, pretendo mantener el equilibrio y ser lo más ecuánime posible en este escabroso tema, sin evitar dar mi punto de vista más íntimo, el que me ha tocado vivir como el pretendido “proyecto hacia y en el Arte” que he sido hasta hoy y pretendo ser hasta el fin de mi trayecto sobre este planeta. Seré tímido en ocasiones, en otras cáustico, irónico y corrosivo; seré lo que me va enseñando, en el día a día, mi experiencia existencial. Que nadie espere en estos escritos hallar la respuesta, el vademécum a sus males, yo, por mi parte, todavía no he hallado un equilibrio entre “vida creativa” y “compensación existencial”, aunque no lo considero un fracaso, sino un reto para continuar.