Arto Tunçboyaciyan: Amor, Respeto y Verdad. Por: Alfredo Rodríguez

Músicas que salen de las tradiciones armenias, y que se fusionan con elementos  de todo lugar y procedencia,  incluido el jazz. ( Alfredo Rodríguez)

 

Arto Tunçboyaciyan: Amor, Respeto y Verdad. Por :  Alfredo Rodríguez.

 

Este músico armenio es una de las figuras claves cuando uno quiere adentrarse por las espesuras de esas otras músicas posibles, en las que la honestidad brilla por encima de todo, en las que los caminos son absolutamente personales, y con una riqueza de sonidos capaz de abrir muchas puertas a mundos en los que sólo se pide entrar con la mente abierta y con el respeto a todos por bandera.

 

De ahí que este artista turco de origen armenio, nacido en 1957 en la localidad anatolia de Galataria, esté considerado como una de las figura señeras del folk de vanguardia, un estilo que ha contribuido y mucho, a definir y a elevar a territorios insospechados, y siempre con su lema trinitario por bandera: Amor, Respeto y Verdad. Tres palabras que forman parte indisoluble de su vida, como él mismo ha reconocido en alguna entrevista: “Soy honesto con lo que imagino, no escondo nada. Deseo que la gente disfrute, lo que para mí es amor. Con mi música soy respetuoso, trato de no representar a nadie, como hacen otros (…) Lo que quiero decir es que estas palabras son parte de mi vida”.

La primera y mayor influencia musical de Arto, fue la de su hermano Onno, un músico autodidacta que llegó a ser uno de los músicos más respetados de Turquía, y cuya muerte fue un duro golpe para Arto, y que éste transformó en uno de los discos más hermosos que se pueden componer, junto con el también armenio Ara Dinkjian (con quien fundará el mítico grupo Night Ark), al que dio el título de Onno, y en el que hace un recorrido musical de una hondura francamente emocionante por distintos momentos vitales que llegaron a compartir. Un disco muy vinculado a la tierra, pero también a las estrellas. Pura poesía musical en la que el dolor se transforma en flores, tantas como los 10 temas que contiene.

 

Dentro de la dilatada trayectoria musical de este armenio que también ha tocado con destacadas figuras del jazz norteamericano (Chet Baker, Al Di Meola o Joe Zawinul), destaca con luz propia el proyecto que en el que lleva trabajando desde 1998 y que cristaliza en la Armenian Navy Band, nombre que contiene una ironía profunda en su interior ya que Armenia es un país sin mar y, por tanto, sin Armada. La banda está formada por una docena de músicos armenios, que tocan composiciones originales de Arto que él denomina como “el sonido de mi vida”. Músicas que salen de las tradiciones armenias, y que se fusionan con elementos de todo lugar y procedencia, incluido el jazz. Una banda que “es como un lugar en el que cualquiera puede disfrutar”, como ha dicho Arto alguna vez, y con el nombre que se han dado “lo primero que quería mostrar es que cuando tienes confianza en tus creencias puedes llegar a mover un barco sin agua. De nuevo esto sucede cuando hay amor, honestidad y respeto a tus creencias”.

  ( Armenia Navy Band)                                         

Este es un barco que hace una singladura peculiar, que nos abre rumbos por mares ignotos, en un viaje que nos lleva por una nueva manera de entender el mundo, nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos. Un recorrido de emociones para el que no es necesario ningún tipo de documento acreditativo, un barco que nos presenta puertas que nosotros decidimos si queremos tocar para ver que es lo que ocurre detrás de ellas.

 

    ( Serj Tankian)

La conexión que estableció con Serj Tankian, originó una auténtica colisión de géneros musicales, de la que salió Serart (contracción de Serj y Arto), como conjunción de dos grandes talentos, tanto que Arto dejó a todo el mundo con la boca abierta cuando en 2000 interpretó un tema musical únicamente con una botella de Coca Cola durante la ceremonia de los premios musicales armenios que se celebró en la ciudad de Los Ángeles. Dos años después, nacería Serart, un dúo caracterizado sobre todo por la improvisación de sus temas, con los que cruzan océanos y tierras con una libertad propia de los pájaros para lograr un maridaje de estilos tan contrapuestos como el rock, el jazz, las músicas tradicionales de Armenia, de África, de China o de Japón, para dar vida a un calidoscopio que es una auténtica bomba nuclear para los sentidos, y con una capacidad infinita para sorprender al oyente más veterano.

Con los pies en la tierra, Arto no se olvida de mirar al cielo y dejar volar su imaginación, nutrida de múltiples influencias musicales y emocionales, que luego pone en el aire para que lleguen a los oídos de los que quieran prestar atención e iniciar un viaje de esos que intuimos cómo empiezan y que no somos capaces de vislumbrar hacia donde pueden acabar por conducirnos.

 

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