Besos de cine. Por Virginia Seguí

Al parecer el primer beso que se vio en el cine data de 1896 y causó gran escándalo entre los puritanos yanquis, Mary Irwin y John C. Rice famosos interpretes teatrales fueron contratados por Edison para que revivieran, ante una cámara cinematográfica, una escena de la obra que estaban representando; quedando inmortalizada en el film The Mary Irwin Kiss o El beso.

Besos de Cine . Por :  Virginia Seguí

La definición que de la palabra beso hace el Maria Moliner es bastante aséptica, en primer lugar lo equipara a los vocablos dar o estampar, para después pasar a indicar que es la: Acción y efecto de besar una vez, como sinónimos recoge: acolada, buz y ósculo; en una segunda definición matiza la cuestión indicando que es: Acción y efecto de chocar o besarse dos cosas, y el ejemplo que utiliza para ilustrar esto, es: por ejemplo, dos vasijas en el horno de cerámica.

Fig. 1 El beso de Judas. Giotto di Bondone

 

Entre los besos que cita para que el lector se haga una idea de las posibilidades que tiene la acción de besar indica: El beso de Judas, (Fig.1) explicitando que en este caso se trata de un beso u otra muestra de afecto que encubre una mala intención contra la persona a quien se hace objeto de ella. La verdad es que de todo lo expuesto lo que nunca me había planteado respecto a un beso es que se pudiera dar entre vasijas y en un horno de cocer cerámica, pero si está en el diccionario por algo será.

Para avanzar en el tema comprobamos también la definición que, el mismo diccionario, propone para el vocablo besar y en este caso avanzamos algo en el sentido que es más habitual para el común de los mortales; ya que dice: Aplicar los labios juntos a alguien o algo y separarlos dando un chasquido, lo que se hace como caricia o como saludo.

Cierto es que encontramos en ella algunos valores que nos hacen reconciliarnos con el diccionario, aunque nuestras abuelas hayan hecho siempre hincapié en que no es necesario hacer ruido al besarse y que las reglas de la buena educación lo desaconsejan, introduciendo en el beso un matiz de discreción; otra circunstancia que se aproxima al común entendimiento del concepto beso es que el besar puede ser un saludo, de esto los franceses saben mucho; y puede ser una caricia o una demostración de cariño. En fin todas estas elucubraciones nos llevan a pensar que siendo todo esto así ¿cuál sería la causa por la cual y, hasta una época no demasiado lejana, los besos han sido poco explícitos en el cine, en ciertas épocas fueron evitados y en otras objeto de censura? ¿Quizás el beso esconde tras de sí algo más de lo recoge la definición del Maria Moliner?

Bueno, además, cuando hablamos del cine claro no debemos generalizar, una cosa es cómo se han tratado los besos en origen, o mejor dicho al rodar la película que, sin duda, ha dependido de la época y el país en que ésta se ha rodado, y luego tenemos lo que puede suceder y, de hecho ha sucedido, cuando esta película ha llegado a las salas de proyección, situación en la que igualmente tenemos valorar la época y el país en que se ha hecho; ya que estos aspectos han influido mucho en los besos del cine. Por tanto la valoración positiva o negativa de los besos está directamente relacionada con la moral convencional en uso, y ésta normalmente está condicionada por la religión y sus habituales controles sobre la moral social, siendo especialmente sensibles y vigilantes  en las cuestiones relacionadas con el sexo. Y los besos son la antesala de algo más y de ahí viene el dicho de que: besos y abrazos no hacen muchachos, pero andan a vísperas.

El cine tiene además una tercera cuestión que no está ya tanto en la película proyectada en sí misma sino en el ambiente de recogimiento y oscuridad en que cualquier película se proyecta, ambientes que, en los países donde estas cuestiones son muy controladas, propician un esparcimiento por parte de las parejas, que ir al cine van al cine ahora bien ver la película es otra cuestión; sobre esto es significativo que cuando en los años sesenta los españoles iban a París una cosa que les sorprendía vivamente eran las sesiones de cine, ya que en ellas, al contrario que en España, los franceses veían la película en la oscuridad y se besaban en los descansos cuando las salas estaban iluminadas, cosa impensable en nuestro país. 

                                                                                                                        Fig. 2 Cartel Cinema Paradiso

Todo esto está muy ilustrado en la oscarizada película Cinema Paradiso (Fig.2) del director italiano Giuseppe Tornatore, en la que un famoso director de cine, Salvador, vuelve, después de treinta años, al pueblo en el que nació y paso su niñez, una vez allí recuerda cómo de pequeño frecuentaba el cine del pueblo y su relación con el encargado de las proyecciones Alfredo, y cómo éste tenia que adecuar las películas que proyectaba al auditorio que tenía, bajo la supervisión del sacerdote local que actuaba como censor, lo que tenía que hacer era recortar o todas las escenas que según éste eran subidas de tono o provocar un fundido en el momento del beso al proyectarlas; Alfredo ya ha fallecido, cuando él regresa al pueblo, pero le ha dejado un regalo muy especial: un rollo de película; que en realidad no es otra cosa que un montaje de todos esos momentos de las películas que a lo largo de los años fue recortando al ser censurados; su proyección nos lanza a un viaje a través del tiempo con el beso como hilo conductor, una magnífica sucesión de besos de épocas; que se convierte en un estudio sociológico sobre el tema y de las transformaciones que la propia sociedad ha ido sufriendo.

Fig. 3 Mary Irwin Kiss o El beso. 1896

 

Al parecer el primer beso que se vio en el cine data de 1896 y causó gran escándalo entre los puritanos yanquis, Mary Irwin y John C. Rice famosos interpretes teatrales fueron contratados por Edison para que revivieran, ante una cámara cinematográfica, una escena de la obra que estaban representando; quedando inmortalizada en el film The Mary Irwin Kiss o El beso. La prensa de época le dedicó artículos el The Sunday Word de una página entera; produciéndose incluso la intervención de las <ligas de decencia> que realizaron manifestaciones de protesta consiguiendo prohibir su exhibición en algunos Estados. (Fig.3)

                                                                                               Fig. 4 Con la muerte en los talones. Hitchcock

 Ahora bien, para el caso español, no deja de ser significativo que estando ya en 1962 cuando se estrenó la película de de Hitchcock Con la muerte en los talones el beso que en ella se daban Cary Grant y Eva Mrie Saint fuera censurado (Fig.4). El problema no acababa ahí pues a veces el beso, se aderezaba con un cierto grado de erotismo, que como bien se sabe siempre añade cierto morbo al tema; como muestra de ello hemos elegido el beso que Burt Lancaster le da a Deborah Kerr en la película de De aquí a la eternidad (Zinnemann 1953). (Fig.5)

   Fig. 5 De aquí a la eternidad (Zinnemann 1953)

 

Pero las dificultades no arredraron a la industria cinematográfica sabedora de los beneficios de incluir besos en las películas  y, para deleite de los espectadores, los besos siguieron apareciendo pues, sin duda, son parte de su atractivo, o ¿es posible imaginar un final feliz sin un beso?

 

Desde época temprana, fueron uno de los reclamos usados para atraer al público, de manera que al realizar los carteles anunciadores, los dibujantes elegían, con frecuencia una escena con beso, Fedora, rodada en 1916, protagonizada por la diva Francesca Bertini, es un ejemplo de ello (Fig.6), otro lo tenemos en el cartel anunciador de la película de Carol Reed Trapecio, rodada en 1956, en el que podemos ver a Burt Lancaster besando a Gina Lollobrigida mientras ambos hacen piruetas en el aire (Fig.7); y así, poco a poco, los besos fueron evolucionando y dejaron de ser un escándalo, nos fuimos acostumbrado a ellos, en algunos sitios más pronto que en otros, y acabaron por convertirse en algo natural, una escena más de las películas, que al fin y al cabo no hacen más que recrear la realidad de la vida, de la que los besos forman parte y que a veces, incluso, en un alarde de cariño, como diría Dª María Moliner, pueden repartirse por doquier, incluso en un horno de cerámica.

Fig. 6. Cartel anunciador de Fedora. 1916                              Fig. 7 Cartel anunciador de Trapecio (Reed 1956)