Un Escritor Olvidado. Por Alena. Collar

 

 

Hay autores olvidados. Escritores ocasionales a veces, otras insistentes pero sin eso que se llama éxito. Hay autores que lo más que consiguen es la catalogación de “secundarios” en el reparto de papeles de la gloria, que, como siempre, tasan, fichan y etiquetan quines sin que sepamos muy bien porqué se han constituido en otorgadores del papelito oficial de importancia o no, a los escritores.

Un Escritor Olvidado. Por. Alena. Collar

A veces, en librerías de viejo, en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, aquí en Madrid, encuentro libros de este tenor. Libros que parecen querer ocultarse, no llamar la atención, seguir siendo tan oscuros como les dijeron que tenían que ser.

Para otros es el jaleo, la bambolla, la algazara de los miles de ejemplares vendidos o del encuentro ” jubiloso” de un ejemplar “con variaciones”; que, todo hay que decirlo, a menudo no es del autor, sino del amigo del amigo del autor que recibió la herencia y puso una estupidez a vuela página, por la que se pagan millones, y que se subasta a precio de oro ( del oro de antes, claro, ahora ni queda oro), y que al final en acto generosísimo compra El Estado, para someterlo a estudio, hacer una comisión de seguimiento y que cuando llegue a los lectores se trate simplemente de venderle una “lujosísima edición”, faltaría más, del libro exactamente igual que antes, pero con un “estudio crítico” de trescientas páginas, a cuenta de: ” el hallazgo del manuscrito”, ” los precedentes”, ” las posibilidades de que no sea de su autoría”, y por fin: “el texto”; que, habitualmente es una  línea al margen de una carilla impresa hace cuarenta años, y que suele poner en vez de ” la sonrisa etérea era altiva”, “la sonrisa, etérea era; altiva y soberbia”.

Y por eso pagamos setenta y cinco euros del ala, imbuidos de la trascendentalidad del cambio que supone en el librito de la puñeta.

Sin embargo los autores olvidados no gozan de este privilegio.  A los críticos les da igual que en la edición haya una errata, o que el autor haya también “atravesado el siglo XX con mirada profunda, y reflejado la sociedad de su época”; no le regalan ni esas palabras ni ninguna.

Y entre ellos está el autor del libro que compré en la última Feria del Libro Antiguo de Madrid.

Fue actor, empresario teatral, hasta cómico errante en alguna época de su vida, perteneció a una familia que – por otros nombres- fue conocidísima en el Madrid de mediados de los cincuenta, trató con escritores, faranduleros, actrices, periodistas…esos que se llamaba “gentes de mal vivir”. Representó obras de distinto pelaje, unas sin éxito, otras causantes del aplauso de la entonces denominada burguesía ilustrada, tuvo el gusto ( según dice) de dedicar autógrafamente su libro a don José Pradera, y que le hiciera el prólogo el doctor José. M. Sacristán.

En su libro nos cuenta, bajo el pretexto de una especie de novelita insertada, que es o parece ser pura invención narrativa, todo el devenir teatral de la España de fines del XIX y de comienzos del XX. Es costumbrista, ameno, divertido, entrañable, romanticón, a veces un poquitín sensiblero, y deliciosamente anacrónico, pero retrata el mundo bohemio del teatro de modo excelente.

El libro se llamó y se llama: Las señoritas de Pan Pringao. Y su autor fue Enrique Chicote.

Un olvidado que no tendrá su minuto de gloria, pero sí esta reseña de su libro. Aunque su publicación date del año 1953.