Una voz que llega desde el Olimpo. Por: Alfredo Rodríguez

La voz va acompañada de una gestualidad que tiene mucho de teatral, en el sentido de estar llena de matices, de contenidos que sólo por medio de la expresión corporal se puede transmitir al espectador atento, dejando el alma en cada canción, en cada estrofa.

Una voz que llega desde el Olimpo. Por Alfredo Rodríguez

Nacida en Egipto de padres griegos, Alkistis Protopsalti tiene una de esas voces absolutamente maravillosas, con la que es capaz de adentrarse en los géneros más diversos con una solvencia que está al alcance de unos pocos privilegiados. Una voz que parece descender directamente de los dioses del Olimpo, como si saliera de unos tiempos legendarios, clásicos, cincelada según los más puros cánones del clasicismo a los que dieron forma, entre otros, Fidias y Mirón. El público griego le ha concedido, con total merecimiento, el estatus de diva musical, con todo lo que ello conlleva tras de sí, honor al que Alkisitis ha sabido responder con lo mejor de su talento.

La voz va acompañada de una gestualidad que tiene mucho de teatral, en el sentido de estar llena de matices, de contenidos que sólo por medio de la expresión corporal se puede transmitir al espectador atento, dejando el alma en cada canción, en cada estrofa. Letras detrás de las cuales se esconde en muchas ocasiones, la poetisa Lisa Nikolakopoulou, en una de esas colaboraciones de una fertilidad extraordinaria.

En Alkistis se reúnen las tradiciones del Asia Menor, lugar de origen paterno, y de la isla de Chios, de donde era originaria su madre, a lo que se unen los años pasados en la ciudad egipcia de Alejandría, de la que nuestra cantante recuerda “el olor del mar, las puestas de sol, el murmullo de las palmeras, los pescadores con sus redes, el tranvía, los dulces, los viajes en coche al Sahara”. Elementos que le servirán a Alkistis para desarrollar la peculiar sensibilidad que se recoge en sus canciones.

Cuando en los años 60 la situación política egipcia se introduzca por vericuetos complicados, la familia se mude a Grecia. Después de completar la época de instituto, realizó una audición con Dimos Moutsis, después de que un amigo suyo la animara a probar por el camino de la música, y ahí empezó todo a pesar de la fuerte oposición de su madre que no quería que su hija se dedicara a ese mundo. El primer disco que grabará Alkistis, se tituló Tetralogía, en el que cantaba letras de los poetas Kavafis, Seferis, Ritsos y Kariotakis, y con música de Dimos Moutsis, a quien Alkistis considera como “mi gran maestro y padrino artístico, y él fue quien me bautizó Protopsalti”.

Después de un primer concierto en el Palacio de Deportes de Tesalónica, Alkistis entró de lleno en el mundo musical, en un pequeño teatro llamado Pappa y en el que estuvo acompañada por importantes figuras de la música helena como Nikos Xilouris, Mariza Koch y Thanassis Gaifilias.

El disco Tha se xanavro stous baksedes, fue el primer éxito importante de Alkistis, ya que además de contar con el apoyo del público heleno, también se editó en Suecia y Dinamarca, y poco tiempo después recibirá la llamada de Dionyssis Savopoulos para colaborar en su disco doble Rezerva, además de cantar con él en el Plaka.

Uno de los momentos de mayor intensidad emocional en su carrera, como ella misma reconoce, lo vivirá Alkistis en el 1994, cuando cante en el Teatro de Herodes Ático, a los pies de la Acrópolis, donde estuvo acompañada, entre otros, por la Orquesta Sinfónica ERT y el coro de Antonis Kondogiannis. Ese día el teatro se quedó pequeño para acoger a toda la gente que no se quiso perder ese gran momento, y escuchar a la incomparable voz de Alkistis Protopsalti dando vida a las letras del poeta Odyseas Elitis.

La primera vez que trabajará con Lina Nikolakopoulou, será durante el proceso que dará lugar al disco Kykloforo kai oploforo, en lo que fue el punto de arranque de una fértil andadura, no exenta de algunos choques de personalidades, con un trabajo pleno de sensibilidad, de emociones, de sentimientos, y apto para escuchar en cualquier momento y circunstancia.

La musicalidad que ha venido desarrollando esta diva de la música griega a lo largo de los años, ha tenido que ver, como no podía ser de otra manera, con ese estilo musical nacido en los barrios marginales de las grandes ciudades, sobre todo de Atenas, que llaman rembetika, a lo que se unen los sonidos del pop de otras procedencias continentales, siempre con un poso poético importante. Sin embargo, eso saltó un poco por los aires cuando edita un disco en el que hace versiones de los temas del disco El tiempo de los gitanos, original de Goran Bregovic y que fue la banda sonora de la película del mismo título de Emir Kusturica. Ahí, Alkistis demostró que su voz también podía acoplarse a una formación musical en la que los instrumentos de viento metal son la parte fundamental, junto con la percusión, para hacer una fusión entre el más puro estilo musical balcánico y el más recio carácter griego, para lograr un disco de gran exquisitez.

 Son muchos los trabajos que ha ido dejando tras de sí la feraz carrera musical de esta cantante griega, que ya tiene en España uno de sus puntos de referencia a la hora de hacer sus giras por el continente. El título de uno de sus discos, Como la lava de un volcán, sirve perfectamente para definir la fuerza arrolladora, plena al mismo tiempo de una gran sensibilidad, que Alkistis pone a disposición de todos aquellos que se quieran acercar a su música.