Gracias, Irena Sendler: Por: Issa Martínez. Joaquín Peinado, Pintor. Por: Pilar Moreno.

Tal vez quienes otorgaron el Premio Nobel de la Paz no pensaron que Irena tenía miedo, porque sabía bien lo que le esperaba si era descubierta. Tal vez ignoraron que gracias a sus acciones muchas familias no desaparecieron sin dejar rastro por este mundo. ( Issa Martínez

Tan fina y seriamente ¿quién ha pintado? ( Pilar Moreno)

 

Gracias, Irene Sendler. Por: Issa Martínez

 

Dicen las palabras pagadas que el Premio Nobel otorgado a Al Gore no sorprendió porque estaba entre los favoritos. ¿Entre los favoritos de quién?

Quizá se pregunten a qué viene esto cuando el tema es de fines del año pasado. Sucede que la reciente muerte de Irena Sendler a los 98 años, me ha puesto a pensar y me ha removido las tripas. Y hablando de tripas, creo que el prestigiado Premio Nobel se ha convertido en la más auténtica manifestación visceral de la política mundial. Pura estrategia.

No entiendo por qué cuenta más la preocupación y compromiso de Al Gore por los cambios climáticos que el hecho de haber arriesgado cientos de veces la vida para salvar a 2500 niños judíos de la muerte.

No entiendo por qué es más importante mostrar la preocupación por los cambios climáticos de Al Gore, cambios que muchos sabemos, son debido a las salvajadas de las pruebas nucleares que los países de “las guerras” realizan y, a la explotación indiscriminada de la biosfera que, casualmente, los países “poderosos” perpetran: y que estos motivos son por mucho, más poderosos que la aparente “inconciencia” de los pueblos, que haberla, la hay.

Pero quizá sí sea más importante y yo no lo entiendo, porque si no “salvamos” al planeta Tierra: ¿cómo los grandes imperios podrán declarar la guerra a alguien para asesinar impunemente? Claro, siempre para acabar con supuestas injusticias.

Si no preservamos al planeta Tierra, ¿a quién heredarán las grandes fortunas los poderosos?

Si no protegemos nuestro cansado planeta Tierra, se acabará el hambre y la pobreza, y la evasión de impuestos de los más ricos, y las violaciones físicas y morales y, ¿a quiénes entonces seguirían mintiendo los políticos?

Incluso se acabarían los esclavos de la economía, porque ya nadie debería sus casas y coches, ni los préstamos hipotecarios después de haber pagado la casa o la cantidad a préstamo con intereses altísimos, y definitivamente sería el acabóse porque desaparecería el negocio de las tarjetas de crédito.

¿Notan lo primordial que es concienciar a los habitantes del mundo de lo mucho que importa frenar la deforestación general  que sufre nuestro planeta?

En conclusión, si no lo hacemos, no podrán existir más Irenas que sean ignoradas en el futuro.

Disculpen la ironía. No es que no me importe la cuestión climática, pero verdaderamente me indigna que se considere más importante y más meritorio, el concienciar a la gente de los cambios climáticos y sus consecuencias, que el salvar la vida de 2500 niños.

Tal vez quienes otorgaron el Premio Nobel de la Paz no pensaron que Irena tenía miedo, porque sabía bien lo que le esperaba si era descubierta. Tal vez ignoraron que gracias a sus acciones muchas familias no desaparecieron sin dejar rastro por este mundo. Tal vez no saben que un niño es la manifestación más pura de la inocencia sin importar su raza. Tal vez olvidaron que Irena renació justo en el patíbulo, de donde fue milagrosamente rescatada. Y digo tal vez, porque muchos ignoran o ignoraban que Irena existió y salvó de morir a 2500 niños judíos, porque yo también lo ignoraba. Pero el día que me enteré de su muerte y su hazaña de vida, me prometí a mí misma hacerle un mínimo homenaje a su esencia humana. Me hubiera gustado saber de ella antes, me hubiera gustado tanto mirarla a los ojos y tomar su mano…

Si alguien como Irena Sendler no es digna del Premio Nobel, ¿qué pasa entonces? Pero creo que lo más importante es que las personas como Irena nunca piensan que salvar vidas se equipare con ningún premio, por eso LA PAZ existe: lesionada, violada, sangrante, vapuleada, pero luchando por permanecer.

Gracias, Irena Sendler, donde quiera que estés.

 * Issa Martínez Llongueras es co-directora de la Revista Literaria Palabras Diversas, y co-responsable general de REMES *

 

Joaquín Peinado, pintor . Por: Pilar Moreno.

“Tan fina y seriamente ¿quién ha pintado?

¡Qué alto y severo, si este pintor fuera torero” Rafael Alberti

 

Dicen que a “la Manquita” le van a poner un postizo, pero yo sentiría mucho que fuera así, pues de esta manera es como ir de prestado por la Historia. Seguramente son sólo habladurías que revolotean en esta tarde malagueña de Levante; sí es necesario que terminen de remediar con rapidez todos los problemas de humedad y goteras que le han ido creciendo con los años. Otro caso muy distinto es el de su vecino en la plaza, el Palacio Episcopal, que parece como rejuvenido desde que puede emplear de la mejor manera su tiempo y su espacio. Ahora es sitio escogido para mostrar otra clase de arte además del suyo propio. Y ha sido aquí en este edificio, hasta donde me acerqué para conocer la obra de un pintor que tiene nombre dentro del arte español contemporáneo.

 

Llueve en esta tarde equivocada de abril en Málaga; llueve, el agua cae resbalando desde los balcones y hace resaltar los colores en el mármol de la fachada-retablo del palacio. Más arriba, la Virgen de las Angustias, amparada en su hornacina, parece mirar la plaza inmersa en un tiempo extrañamente gris y desapacible. El interior me ofrece un refugio seguro. Allí, en la salas de la exposición, es el pintor el que me hace recobrar la luminosidad y el color que han perdido las calles.

 ( Fig. 1. Palacio Episcopal de Málaga)

Me recibe desde su autorretrato, confirmando con una mirada directa y reflexiva el carácter de su pincel: trazos firmes y severos, sin concesiones. Joaquín Peinado nace en Ronda, rodeado de un paisaje incomparable de sierras y valles, y aprenderá pronto a distinguir las diversas tonalidades que le ofrece la tierra. Más tarde pasará por la Escuela de Bellas Artes en Madrid, y seguirá hasta París donde sentirá la influencia de Picasso. Una serie de fotografías personales en la exposición, hacen más cercano al pintor y me dan una idea de sus circunstancias familiares: de raíces liberal y republicana tuvo que superar el exilio y la pérdida de su obra, y sobrevivir la Segunda Guerra Mundial que tambien dejó huellas en su vida.

 

Sin embargo, su obra no tuvo acentos de protestas ni de reclamo. Paisajes, retratos, dibujos, bodegones, cuelgan reposados de los muros blancos del palacio y me resarcen de la falta de contrastes que impone hoy la lluvia. La paleta del pintor es seria e investigadora, tratando diferentes facetas: desde dotar de un acento poético a sus trazos, hasta hacer incursiones en el cubismo, en lo abstracto y en lo geométrico, pero siempre con un sentido recto del buen hacer.

 

Joaquín Peinado se vuelca en los bodegones. Género que trató con un estilo muy personal, experimentando repetidamente la intensificación de los colores, apartándose en ocasiones de la luz. Los retratos y bocetos de figuras, las siluetas conseguidas y lo firme y seguro de las líneas en sus figuras, hablan de la sensibilidad transmitida a las telas con el pincel. En los paisajes está la geometría dominando la tela; colores templados y prudentes hacen de cada una de sus composiciones un oasis donde la vista se acomoda. Después nos encandila con dibujos realizados para diversas revistas de poesía, hasta hacernos a continuación un guiño cómplice hacia lo erótico, presentándonos con delicadeza diversas escenas atrevidas, alegres y serias, sobre papel. Todo distinción en este pintor que “pinta fina y seriamente”, como dijo Rafael Alberti.

  ( Auto-retrato. Peinado)                                               ( Retrato. Peinado)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dejo con desgana el palacio. Fuera, se ha vencido la tarde y la lluvia ya sólo es un recuerdo en los charcos de la calle, mientras la fuente de la plaza no pierde la esperanza de tener agua alguna vez. Me cuesta volver al ruido exterior y a la aceleración de la gente, al bullicio de la ciudad. Apenas me separo unos pasos y ya echo de menos ese otro mundo personal que me ha dejado ver Joaquín Peinado con su obra como protagonista, y que a mí me ha conquistado.

 

 

 

 

*Los malagueños llaman a La catedral de La Encarnación “La Manquita” porque le falta una de sus torres. Quedó sin terminar hace unos doscientos años.

Joaquín Peinado . Ronda 1898-1975 París.