Mujeres peligrosas.Mireia C. Zubiaurre. El Valle de Irati. Iasone Cañada

Que una mujer leyera y que pudiera adquirir conocimientos intelectuales que le abrieran los ojos para ver más allá de esa forma de vida, monótona y totalmente limitada al ámbito familiar al  que estaban destinadas, debería de darles auténtico pavor. (Mireia. C. Zubiaurre)

 

La tierra, la que siempre permanece. Firme y tranquila, cubre con su fresca manera de florecer, el calor rojo de estos días. (Iasone Cañada)

Los Peligros de la Lectura. Por: Mireia. C. Zubiaurre.

Las mujeres que leen, son peligrosas. Ese es el título del libro publicado por Stefan Bollmann, título sin lugar a dudas atrayente, trasgresor y que incita como mínimo a echarle un vistazo.

El trabajo de Bollmann se acompaña en su mayor parte de obras pictóricas en las que aparecen mujeres de diferentes épocas y clases sociales con un denominador común entre ellas, la lectura. En la introducción del libro se deja entrever el por qué de dicho título e inevitablemente nos empuja a reflexionar sobre ello. Sí es cierto que desde el punto de vista del hombre de los siglos XVII, XVIII y XIX que una mujer leyera y que pudiera adquirir conocimientos intelectuales que le abrieran los ojos para ver más allá de esa forma de vida, monótona y totalmente limitada al ámbito familiar a la que estaban destinadas, debería de darles auténtico pavor. Leer culturiza, ayuda a reflexionar, a pensar por uno mismo, a ver las cosas que nos rodean de otra forma y a desarrollar esa visión crítica que nos empuja a buscar lo mejor y más satisfactorio para nuestras cortas vidas. Que una mujer pudiera llegar a semejante nivel intelectual no era bien visto, especialmente entre el género masculino.

Peligrosas sí, pero solo y exclusivamente por las razones arriba mencionadas, porque en realidad la lectura puede ser peligrosa para cualquiera, para hombres y mujeres de manera indistinta, por su capacidad de permitir a todo ser racional a pensar de forma autónoma y libre, a rebatir lo establecido y exigir una mejor calidad de vida.

Nos queda la duda sobre a quién va dirigida tal obra, si a los hombres o a las mujeres, aunque lo más probable es que, viendo la estructura y contenido de la misma, esto sea totalmente irrelevante. Aún los habrá que se reafirmarán en su título, otros tantos lo obviaran por su falta de fundamento en la actualidad. Hoy en día una mujer lectora podrá ser de todo lo que desee y pueda ser, pero desde luego que peligrosa por leer, no.

  ( Empleada Rubia. Leighton. 1895)

Reflexiones aparte, resulta agradable encontrar un libro que recopile cuadros de autores bien conocidos (Michelangelo Buonarroti, Jan Vermeer, Edouard Manet, Vincent van Gogh, Carl Larsson) con una temática común, pero más aún ver obras antiguas en las que aparecen mujeres con un libro entre sus manos, de manera tan natural e incluso en ocasiones mostrando una excesiva concentración en la lectura. Mujeres que así han sido vistas por sus autores y autoras, interesadas en el aprendizaje, disfrutando de un momento de soledad y descanso, de ruptura con la rutina diaria a la que inevitablemente se ven abocadas.

Mujeres encuadradas en estilos artísticos, modos, formas y posturas típicas de las que afortunadamente es posible extraer, bien sea a través de una mirada o de un gesto, esa concentración e interés por la lectura del momento, hecho que suaviza los tópicos pictóricos en los que se encuentran inmersas.

 

No deja de ser paradójica la fotografía seleccionada como colofón de la obra, realizada por Eve Arnold en 1952. En ella se ve a Marilyn Monroe sosteniendo entre sus manos el Ulises de James Joyce, poniéndose en duda hasta en dos ocasiones si la actriz realmente estaba leyendo la obra maestra del dublinés o si simplemente hacía que leía. La fotografía lo que hace es mostrarnos a otra mujer leyendo (quizás no con la mejor indumentaria para hacerlo), al igual que todas las anteriores, solo que con esta nos ponen en duda sobre si en realidad leía o no. Queremos pensar que todas ellas, de principio a fin, independientemente de lo que estuvieran leyendo, de la complejidad del texto, de lo rápido o despacio que lo hacían, de sí tenían que leer una misma frase dos veces o una, todas leían por gusto, por curiosidad, por pasar un rato agradable y relajado, por aprender, por mejorar, ellas mismas y lo que las rodea.

( Lectora de novelas)

 Hoy en día la oferta en cuanto a libros se refiere es enorme, excesiva podría decirse. Existen libros para todas las edades y gustos y no resulta extraño perderse entre semejante maraña de títulos de la que sobresalen, no siempre los de mejor calidad, si no los más publicitados e introducidos en los medios de comunicación, aquellos que, en ocasiones no se sabe muy bien por qué, se convierten en best-sellers.

Con el ritmo de vida que llevamos encontrar un hueco para la lectura se vuelve harto complicado, pero no por ello deja de ser una pequeña vía de escape por la cual alcanzar un momento de descanso y desconexión del estrés circundante. Tampoco resulta sencillo encontrar personas que hayan pasado algunos de los momentos o etapas de su vida más felices y agradables junto a un libro, y menos aún las que reconozcan a aquellos que les inculcaron el “vicio” de leer y sepan agradecérselo. La arriba firmante es de esta clase de gente, pero como rectificar es de sabios y mejor tarde que nunca, gracias. Gracias a muchas personas de las que lamentablemente ya no recuerdo su nombre, ni tan siquiera si aún viven, pero sobre todo gracias a la persona que me enseñó a leer antes que al resto de niños de mi edad y a comprobar lo divertido, interesante y útil que era tener un libro entre manos. Y porque además yo soy de las que guardan recuerdos de infancia, que espero no olvidar nunca, en los que la tranquilidad y la felicidad venían de la mano de algún viejo libro para niños.

 

Memoria de Lakabe II. El Valle de Irati: Por Iasone Cañada Zorrilla.

 

El valle de Irati . Valle de Arce, ahí Lakabe se abre al cielo… a 800 metros de altura. El contorno de su horizonte lo dibujan los montes que rodean el pueblo. Hay que subir por sus bellos caminos para buscar un extenso cielo desde el que mirar la vida de otra manera, desde el que imaginar el contorno de la búsqueda intima y única de cada ser.

( Lakabe. Valle de Arce. Navarra)

 

 

 

 

 

Cuando la naturaleza abrasa parte de lo construido por las personas, ese camino se recorre muchas veces, muchos días. ( “Ederrena” es la casa más clara, en la foto).

 

Cuando una intenta comprender el lenguaje con el que nos habla el acontecer cotidiano, la vida, y lo hace desde su propio interior, el corazón se queda silencioso a la espera de las respuestas, susurradas a ras de tierra.

La tierra, la que siempre permanece. Firme y tranquila, cubre con su fresca manera de florecer, el calor rojo de estos días. Sobre ella se proyecta la nueva “Casa Ederrena, que con tantas manos, con nombre, con tanta solidaridad, con nombre, se irá reconstruyendo día a día.

 

Mientras, el amor sencillo, el que te abraza al pasar a tu lado, el que te lleva libros (tantos se quemaron!!!), el que te cuida en los pequeños detalles, el que te mira como una cascada de flores de primavera, ése amor, va reconstruyendo el alma de quienes todo lo perdieron el 1 de mayo. Ese amor, es la tierra firme de estas almas que tienen tanto que recomponer.

 

Cierro los ojos…no importa como, donde, cuando y con quien una se acuesta, al cerrar los ojos está sola. Estoy sola. En los sueños revoloteo sin peso, ligera. Sola. Así nos vamos de aquí. Entonces ¿qué es lo que importa?. ¿Qué es lo que cada mañana me insta, me estimula para seguir viva? ¿Qué es lo que me impulsa a elegir, a no quedarme inmóvil? ¿Qué es lo que me ilumina de tal manera, que la aventura de vivir sea irresistible? ¿Qué es lo que no me deja dormirme para siempre?

 

La lista de preguntas es interminable. Las respuestas son casi siempre la misma. Miles de preguntas, una respuesta. Y cada ser, hará sus preguntas para esa respuesta, distintas, magnificas.

Quiero creer que en esta búsqueda es mi alma la que se enriquece a través de la memoria. Memoria que va adquiriendo en su viaje, memoria que quedara repartida por los átomos del universo junto con otras memorias, que expandidas, son como galaxias de conocimiento,  que permitirán otras vidas y otras experiencias. Y desde esa creencia elijo la experiencia de mi vida, con la esperanza de dejar, de impregnarme, de lo más bello que sea capaz de vivir a lo largo del tiempo del que dispongo.

Solo así puedo atravesar, el inalterable ritmo de las circunstancias, tantas veces insoportables.

Solo así puedo acoger, ese latido luminoso del universo que se lanza una y otra vez a la vida para ser experimentado, y aventurarme con él.

 

Por eso sé que Lakabe y sus gentes resurgirán más fuertes que nunca, que ayer, que hace un año. Y con ellos y ellas todas aquellas personas que estemos ahí. La solidaridad desencadena lo más bello del ser humano y poder vivir esa experiencia es disfrutar de la magia intima y extraordinaria de la vida.

            ( Lakabe. Campa de Xuskal )