Tratamiento Plástico de los Personajes Femeninos en Shakespeare: II- Ofelia: Por Virginia Seguí Collar.

 

En este capítulo, Virginia Seguí explica a otro de los personajes femeninos de Shakespeare: Ofelia; un personaje dramático, llevado a la locura por Hamlet.

Ofelia nos aparece retratada tanto en sus acciones, como en la representación que de ella han hecho artistas como Vrubel, Wills, Diksee,  Rossetti, Delacroix.

El estudio del personaje, de sus relaciones con Hamlet, de su progresiva locura, y el estudio también del propio Hamlet, de su psicología, y de su estrategia, así como de la forma en que lleva a cabo su fingimiento, terminan por caracterizar este articulo.

 

In questo capitolo, Virginia Seguí spiega ad un altro dei personaggi femminili di Shakespeare:  Ofelia;  un personaggio drammatico, portato alla pazzia per Hamlet.

Ofelia c’appare ritratta tanto nelle sue azioni, come nella rappresentazione che hanno fatto artisti di lei come Vrubel, Wills, Diksee, Rossetti, Delacroix.

Lo studio del personaggio, delle sue relazioni con Hamlet, della sua progressiva pazzia, e lo studio anche del proprio Hamlet, della sua psicologia, e della sua strategia, come della forma in cui porta a termine la sua finzione, finiscono per caratterizzare questo articolo.

 

Neste capítulo, Virgínia Seguí que ela explica a outros dos caráter femininos de Shakespeare: Ofelia; um caráter dramático, levado à loucura através de Hamlet.

Ofelia se aparece nós descrito tanto em suas ações, como na representação que  eles fez os artistas como Vrubel, Testamentos, Diksee, Rossetti, Delacroix dela.

O estudo do caráter, das relações dela com Hamlet, da loucura progressiva dela, e o estudo também de próprio Hamlet, da psicologia dele, e da  sua estratégia, como também do modo nisso leva a cabo o fingimento ,acabam caracterizando isto eu articulo.

Tratamiento Plástico de los Personajes Femeninos en Shakespeare. II. Ofelia. Por : Virginia Seguí.

 

Hamlet es una de las obras de madurez de William Shakespeare, fechada hacia 1600-1601, y quizás la que mayor fama le ha dado, aunque los expertos no la consideren ni la mejor ni la más acabada; basada en una de las leyendas danesas recogidas por Saxo Gramaticus en sus Crónicas Dánicas fechadas en el siglo XII (Fig.1). Sus personajes son mayoritariamente masculinos, como sucede en general en todo su repertorio teatral. En este caso son dos únicamente las mujeres que aparecen en escena, Gertrud, la reina de Dinamarca y madre de Hamlet (Fig.2), y Ofelia hija de Polonio, Chambelán del rey y hermana de Laertes. (Fig. 3)

 (  Fig. 1. Facsimil Crónicas Dánicas. Siglo XII)       (Fig . 2. Gertrude. Abbey. 1895  )                

 

 

 

 

 

 

 

  ( Fig. 3. Ofelia. Stone. 1888)

El puritanismo inglés basándose en un pasaje del Deuteronomio era contrario a que las mujeres actuaran en el escenario y en consecuencia en Inglaterra no hubo actrices hasta 1654, fecha conocida por ser la presentación en los tablados londinenses de mistress Colemann, todo un acontecimiento pese a representar un insignificante papel de comparsa en la de D’Avenant: El asedio de Rodas. Esta tradición ponía en manos masculinas a todos los personajes femeninos hasta esa fecha y, de alguna manera, condicionaban las creaciones literarias pues los autores procuraban ser parcos en este tipo de papeles cuya representación podía ser problemática, pese a que algunos actores se especializaron en ellos e hicieron grandes creaciones de personajes como Julieta, Desdémona, Ofelia, Perdita, Cordelia o Miranda. Por otro lado Shakespeare era más bien parco a la hora de describir las escenas y/o los personajes, aunque en general esto es propio de la época y no solo en Inglaterra, delimitándolos muy poco por eso  únicamente pueden ser analizados a la luz de los textos; siendo éstos también la base de los artistas plásticos, que hicieron de ilustradores para algunas de las publicaciones de la obra, aparte del auge que durante el siglo XIX adquirió toda la obra de Shakespeare en general, y en particular el personajes de Ofelia, que fue objeto de múltiples representaciones en los diversos movimientos de base romántica. Algunos se permitieron ciertas licencias como sucede con el francés Pierre Auguste Cot quién representa a Ofelia en una pausa de la lectura de un libro que al parecer leía mientras paseaba; escena que no figura en la obra original. (Fig.4)

 ( Fig. 4. Ofelia. Cot 1870)

La primera información textual que tenemos sobre Ofelia se produce en la escena III del primer acto; ella y su hermano Laertes hacen su entrada y mientras éste se despide, ante su inminente partida, manifiesta su opinión respecto a los, al parecer continuos, galanteos de Hamlet; calificándolos de vanos, juveniles, caprichosos y fugaces; ante ello vemos, a una decepcionada e incrédula Ofelia que no es capaz de articular otra cosa que una leve pregunta: ¿Nada más? Su hermano confirma su opinión con un rotundo: <Sólo eso. Recuérdalo>  para a continuación, y sin poner en duda los sentimientos de Hamlet hacia ella, mencionarle sus obligaciones como príncipe de Dinamarca y la distancia que esta circunstancia abre entre ambos: <Acaso él te ame ahora y no haya astucia o mácula que ponga sombras en la virtud de su intención; pero estate alerta pues, según rango, no es dueño de sus deseos, sujeto como está a su alta cuna. No le está dado, como a las personas más humildes escoger por sí mismo, pues que de su elección dependen la seguridad de todo el Estado.>

Después de esto Laertes apela a la sabiduría de Ofelia, para que ésta valiéndose de ella sea capaz de conocer la veracidad de los sentimientos de Hamlet; aunque debe tener en cuenta que él finalmente elegirá lo que sea más conveniente para su reino. Para terminar alertándola y conminándola a que cuide su honra, no vaya a perderla si da crédito a todo lo que Hamlet le ofrezca: <Mira también lo que haya de perder tu honra si prestas crédulos oídos a sus canciones o con apasionado corazón ofreces el tesoro de su castidad ante sus ardientes ruegos. Alerta. Ofelia. Alerta, mi querida hermana, haz que tu inclinación no te precipite, aléjate del peligro certero del deseo. La más cauta de las doncellas ya es pródiga si se muestra ante la luna con toda su belleza. Y la calumnia somete a la propia virtud. Y el gusano las flores más tempranas corrompe antes de que se abran en sus capullos>. (Fig.5)

  ( Fig. 5. Hamlet y Ofelia. Vrubel. 1883)

Ofelia acoge estos consejos y así se lo manifiesta a Laertes manifestándole: <guardaré el sentido de esos buenos consejos como custodia de mi corazón>; aunque al mismo tiempo le indica que, si esto es así, él mismo también debe ser consecuente con ellos y que no debe hacer <como esos eclesiásticos que muestran el espinoso camino de la gloria mientras que, libertinos, jactanciosos, siguen ellos la senda florida del placer ignorando su propio consejo>.

La llegada de su padre, Polonio, les interrumpe para despedirse nuevamente de su hijo, quién al partir vuelve a pedirle a Ofelia que recuerde todo lo que le ha dicho. Una vez solos Polonio pregunta a su hija ¿qué es lo que Laertes le ha pedido que recuerde?. Su hija responde sin ambages que se refiere a Hamlet. Polonio menciona que a él también le han llegado rumores sobre el interés del príncipe por ella; así cómo la reciprocidad del sentimiento, después de esto le recuerda, igual que hizo Laertes, su posición respecto a Hamlet indicándole: <Si es esto así -tal como me han dicho,/ a modo de aviso -debo advertirte/ que nos has comprendido con suficiente claridad/ lo que, como hija mía y por honor tuyo, debes hacer/. ¿Qué hay entre vosotros dos? Dime la verdad.>    

Ofelia responde, con cierta inocencia: <Últimamente, mi señor, él me ha dado/ prueba de su afecto>. Esta respuesta hace que su padre la califique de <inexperta> y poco ducha en este tipo de asuntos y por ellos poco acostumbrada a valorar el peligro del tema; después y ante la falta de concreción de ella sobre los verdaderos sentimientos de Hamlet, hace hincapié en su ingenuidad, al tomar las promesas de amor de Hamlet como ciertas, advirtiéndole de que no quiere que ello perjudique su fama y a sus oídos lleguen comentarios burlescos sobre los amores de su hija. Ofelia insiste en que Hamlet le habló de amor con maneras respetuosas, refrendando sus palabras con sagrados juramentos, en un intento calmar los temores de su padre.

Polonio, sin embargo, vuelve a la carga comparando la actuación del príncipe con una cacería en la que el cortejo de Hamlet sería una trampa y en la que ella acabaría siendo la presa; para finalmente indicarla que: <Deberás ser de ahora en adelante más avara/ al mostrar tu virginal presencia; tus favores/ véndelos a precio mucho más caro; no cedas/ a la mera insinuación […] no te fíes de sus promesas, pues ni son/ del color de su ropaje ni son lo que muestran,/ sino que encubren los deseos más pecaminosos/ susurrantes como piadosas alcahuetas/ para mejor embaucarte. En fin, y muy claramente,/ desde ahora no malgastes ni un momento/ de tu tiempo en regalarle con palabras, ni con platicar/ con el príncipe Hamlet. Estate muy alerta.>. Ante lo cual a Ofelia sólo le cabe decir que le obedecerá en todo.

La traducción al castellano de la obra hace que se pierda parte del sentido implícito en el lenguaje shakesperiano; la manera de expresarse de cada uno de los personajes, sobre todo de los masculinos, de mucho mayor desarrollo, contextualizada en su época matiza el sentido de sus palabras y enfatiza el aspecto más oscuro y pecaminoso de las posibles relaciones entre Ofelia y Hamlet. Cabria pensar que Shakespeare utiliza este recurso para superar las dificultades que en este aspecto tiene el teatro en el que, al contrario que en otros géneros como la novela, los medios con los que cuenta el autor para expresar los diferentes aspectos del personaje es bastante exiguo, ya que como hemos indicado en esta época únicamente pueden valerse del desarrollo de la acción y los textos.

  ( Fig. 6. Ofelia y Laertes. Wills. )                                          

 El diálogo entre Laertes y Ofelia y el posterior de ésta con su padre contiene muchos de estos aspectos; el uso de palabras o vocablos que contextualizados en el mundo isabelino pueden ser referidos a aspectos amorosos y sexuales e incluso religiosos; como su referencia a que el cuerpo femenino, tomado éste en el sentido mas bíblico, es el templo del alma, o la mención de la violeta, flor que se relacionaba con la fugacidad en el amor, haciendo con ello un paralelismo con el amor de Hamlet. Estos aspectos todavía son más destacables en el diálogo con su padre, quien valora muchas de las expresiones de Ofelia; asépticas aparentemente, son relacionadas por su padre con aspectos del amor mucho más sensuales y pecaminosos. (Fig.6)

Las apariciones de Ofelia en escena son escasas, podría pensarse, y así ha sido calificado como personaje marginal en la obra, sin embargo, su personalidad y posibilidades plásticas le han dado gran relevancia.

Entre estas escenas y la siguiente aparición de Ofelia, Hamlet conoce por boca del espectro de su padre las circunstancias de su muerte recibiendo, a la vez su petición de venganza; ¿quién no hubiera reaccionado como Hamlet? el conocimiento de la verdad le enfrenta a la realidad y desvanece su mundo de seguridad; confirmados sus temores, el enfrentamiento con su madre es cuestión de tiempo y el cumplimiento de la petición de venganza de su padre exige la muerte del nuevo rey: Claudio, su tío y padrastro. La demora en el cumplimiento de todo esto se atribuye a su natural indolencia y melancolía, que, sin duda, puede ser parte de la causa, pero no la causa exclusiva, ya que si nos ponemos en su lugar nos cabe pensar que su tardanza no implica falta de determinación sino solo la necesaria prudencia que exige la correcta realización de sus planes.

A partir de aquí comienza su farsa y la impostación de su locura, para justificar sus actos sin tener que invocar a la verdad, mientras encuentra el método para llevar a cabo la petición del espectro de su padre. Y entonces ¿qué hacer con Ofelia? Si su amor por ella es real lo normal sería intentar ahora alejarla de él para no implicarla en sus próximas acciones, y para,  en el caso de ser realizadas con éxito, poder recuperarla. La siguiente escena confirma este extremo ya que Ofelia recibe su visita, que es relatada a su padre en los siguientes términos: <Estaba yo cosiendo en mi estancia, señor,/ cuando el príncipe Hamlet…-su cabeza descubierta,/ su jubón sin ceñir, sus medias todas sucias,/ pálido como un blusón, las rodillas temblando,/ y con un aspecto tan lamentable/ como si escapado del infierno quisiera contarnos/ sus horrores-cuando él Hamlet, vino a mi encuentro.> aunque Ofelia no sabe cómo interpretar la actitud de Hamlet respecto a ella, su padre sí lo hace: achacando la aparente locura de Hamlet a su amor por ella; Ofelia le indica, además, que le ha devuelto sus cartas y le ha negado el acceso a su persona siguiendo sus consejos, lo que hace que Polonio se reafirme en sus opiniones.

La locura de Hamlet también es motivo de preocupación para los reyes, quienes sospechan de un posible fingimiento o impostura del príncipe; ya que no acaban de comprenderla sino relacionándola con sus propios remordimientos y con las posibles sospechas que éste pudiera tener al respecto; sintiéndose aliviados cuando Polonio abre una nueva posibilidad al revelarles el amor de Hamlet por su hija; comprueban por los textos de las cartas que les enseña cómo Hamlet le declara en ellas su amor y, y conocen como ha actuado Ofelia por las advertencias y consejos de su padre. Juntos urden un plan para que Ofelia se acerque al príncipe, mientras éste pasea por las galerías del palacio, para comprobar la veracidad de lo planteado. Algunos expertos han querido ver en las palabras originales de Polonio, al indicarles a los reyes la aproximación de Ofelia a Hamlet, el uso de un término que matizaría el acercamiento de Ofelia a Hamlet, ya que dicho término contextualizado en el campo semántico ganadero, significaría que la acción de Polonio de pedirle a su hija que se aproxime al príncipe para ver su reacción, bien pudiera ser interpretado como que <se la soltaría>, al igual que se hace con el ganado cuando se suelta a las hembras para que ayunten con los machos; por ello Dover Wilson apunta sus dudas sobre ello; ya que si Shakespeare hubiera puesto en boca de Polonio el término para ser interpretado en este sentido muy bien estaríamos ante un matiz vejatorio, o al menos peyorativo, hacia su propia hija. 

 

 

 

                                                                     ( Fig. 7. Irving y Terry, actores de Hamlet. Grabado.1879)

Interesa conocer un encuentro posterior entre Hamlet y Polonio, en el que el primero, en aras de poner de manifiesto su locura, habla de forma enigmática, ya que también ha sido motivo de ciertas interpretaciones que afectan a Ofelia. Hamlet, dirigiéndose a Polonio le califica con un término que suele ser traducido como: pescadero, pero también tiene el significado de alcahuete; la respuesta de Polonio puede ajustarse a cualquiera de las opciones: <No, mi seño, ¡No soy tal!>; la opción elegida por los traductores suele ser la primera, aunque en el contexto de la obra, quizás sea más apropiada la segunda, sobre todo si se intuye que Hamlet pudiera haber escuchado parte de la conversación entre Polonio y los reyes, lo que muy bien podría hacerle acreedor de la calificación de alcahuete.

La siguiente aparición de Ofelia tiene lugar en la escena I del Tercer Acto; y se corresponde con el encuentro preparado entre Polonio y los reyes para comprobar si la locura de Hamlet tiene que ver con su amor por ella; la reina manifiesta su deseo de que así sea, retirándose y escondiéndose para observar el encuentro ya que Hamlet se acerca; haciendo su entrada declamando su monologo más conocido que finaliza con su encuentro con Ofelia. Ella intenta devolverle algunos regalos mientras intenta que él manifieste su amor hacia ella. La respuesta de Hamlet es clara primero pregunta si es honesta y a continuación afirma que es hermosa; para a continuación expresar sus temores: <si sois honesta y sois hermosa, ¿por qué tolera vuestra honestidad comercio con vuestra belleza>; esto parece confirmar que Hamlet conoce la trama sobre su encuentro. Y tras afirmar que la amaba pero que ahora ya no la ama; la aconseja el retiro en un convento. (Fig.7)

 

Las siguientes palabras de Hamlet parecen indicar un cierto resentimiento hacia su madre, le recomienda que ingrese en un convento, quizás para que no pueda parir hijos vengativos como él, que no debieran haber nacido; después añade una maldición para en el caso de que por el contrario contraiga matrimonio: <[…] sé tan casta como el hielo, tan pura como la nieve, que no te has librar de la calumnia… ¡A un convento! ¡Vete! Y si has de casarte, hazlo con un necio, pues de sobra saben los discretos en qué clase de monstruos los convertís […]>. Ante la petición de ella a Dios de que le devuelva la cordura, Hamlet, acaba por decir el mismo la causa de su locura, en un intento de alejar las sospechas de los reyes al confirmar la versión de Polonio más conveniente para él: <Sé que usáis afeites. Lo sé. Que Dios os concedió un rostro, y que os hacéis componer otro distinto; sé que andas contoneándote y que usas un cierto acento, y pones motes a todo lo que Dios cría; y que eres liviana, y quieres parecer ingenua… ¡Ea! ¡Ya está bien! Esto que lo que me volvió loco. ¡Lo afirmo! ¡Ya esta bien de casamientos! De entre los ya casados, vivirán todos menos uno. El resto permanecerá como está. ¡Venga, a un convento! ¡Vete!.

Ofelia que le ama y había creído todas sus promesas de amor se siente la más infeliz y miserable de las mujeres al creerle loco. (Fig.8)  

 ( Fig. 8. Ofelia. Dicksee. (1861)

Contrariamente a lo que pretendía Polonio, esta escena entre Hamlet y Ofelia de lo que convence al rey es de que la causa de la locura del príncipe no son sus amores por Ofelia, lo que le lleva a maquinar un plan para definitivamente deshacerse de él; planifica un viaje a Inglaterra donde encontrará la muerte; y antes de partir un encuentro con su madre para intentar definitivamente aclarar si lo que realmente le sucedes es que tiene conocimiento de las circunstancias en que se produjo la muerte de su padre.

La complicidad de Hamlet con unos cómicos que representan un drama en palacio, al que asistirá toda la corte, para que modifiquen parte de la obra intercalando ciertos párrafos, dictados por él, en el texto que hagan a los reyes, al presenciar la representación, revivir la manera en que ellos mismos acabaron con la vida de su padre, acaba confirmando al rey sus sospechas sobre la fingida locura de Hamlet. Cuando todos se disponen a asistir a la representación, Hamlet rechaza el ofrecimiento de sentarse junto a su madre y pretende situarse al lado de Ofelia colocando su cabeza en su regazo, ante la negativa de la joven, el príncipe exclama: <Tan sólo he dicho la cabeza… en el regazo> […] ¿Qué otra cosa pensasteis que tenía en la cabeza? […] <Bello pensamiento entre las piernas de una doncella>. Todo lo cual incide en una, si se quiere velada intención, de ir poniendo en tela de juicio la ingenuidad de Ofelia, derivando sus sentimientos hacia cuestiones más relacionadas con el sexo que con el amor, que acabarán explicitándose cuando se describa su posterior locura. (Fig.9-10)

El encuentro entre Hamlet y su madre, finaliza con el asesinato de Polonio, a quien Hamlet confunde con el rey y al que atraviesa con su espada causando así la muerte del padre de Ofelia; escondiendo su cuerpo para dilatar su localización y poder salir de Dinamarca. (Fig.11)

   ( Fig, 9. Escena de Hamlet. Abbey.1897)                 (Fig. 10 Escena de Hamlet. Maclise)   

             

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                    ( Fig. 11. Hamlet y Gertrude. Delacroix)

A partir de aquí la locura de la que se habla es la de Ofelia, quien tiene más de una causa para ella, primero su frustrado amor por Hamlet, después la desaparición y muerte de su padre, y su soledad ante la ausencia de su hermano Laertes; en consecuencia la joven deriva hacia un estado de locura que acaba con su propia muerte. Sus apariciones en escena se reducen a no más de dos escenas, su encuentro con la reina y con su hermano Laertes, en ellas canta o entona canciones y baladas, que se han reconocido como tradicionales, en las que se habla de desgracias parecidas a las suyas: el amor perdido, la muerte de un ser querido; palabras inconexas, frases ininteligibles, en las que se mezclan pensamientos y recuerdos, y destacan algunos vocablos poco frecuentes en una joven como ella, vinculados con aspectos sexuales, que Ofelia, en su locura, incapaz de controlar sus pensamientos deja al descubierto: la parte más oscura de su mente; sólo justificables en el contexto de su locura. Su hermano Laertes al oírla piensa que en su locura Ofelia a veces consigue expresar frases con cierto sentido. (Fig.12)

Poco después Hamlet regresa sano y salvo, a pesar de la traición del rey, ha conseguido salvarse; entonces, viéndose perdido urde con Laertes una especie de torneo a espada en el que envenenarían al príncipe haciéndole beber una copa emponzoñada.

La aparición de la reina interrumpe la escena para dar a Laertes la triste noticia de la muerte de su hermana. Ofelia ha muerto ahogada en el río junto al sauce que recostado refleja sus hojas en el agua. Tejía guirnaldas de diferentes flores silvestres, ranúnculos, ortigas, margaritas, orquídeas; y, al parece una vez acabadas al trepar por el árbol para colgar su corona silvestre, la rotura de una rama la precipitó en el agua y una vez allí, sus ropajes al empaparse la hicieron hundirse arrastrándola al cieno de la muerte. ( Fig.13.14)

  ( Fig. 12. Demencia de Ofelia. Rossetti. 1864)                          ( Fig. 13. Ofelia. Hughes. 1863)

                                

 

 

 

 

                             

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  ( Fig. 14. Ofelia. Waterhouse. 19005)

Este relato se considera uno de los momentos más líricos de la obra; la descripción está llena de asociaciones: el sauce se relaciona con el llanto y el luto por la pérdida de un ser amado; las flores con las que hacía las guirnaldas son propias de la primavera al igual que su juventud; y entre ellas destaca la orquídea vinculada a aspectos sexuales, uniendo además en este caso: sexo y muerte. Del relato de la reina parece desprenderse que la muerte de Ofelia fue causada por un accidente; aunque en la escena de su entierro el sacerdote que lo lleva a cabo, hace comentarios de los que parece intuirse que fue un suicidio, ya que le asiste la duda sobre si debe ser enterrada o no en campo santo. (Figs. 15-16-17)

Como vemos por las imágenes seleccionadas las representaciones plásticas de Ofelia se centran sobre todo en esta parte del relato, ya que quizás el momento es el más efectista para la representación del personaje.    

Cabe señalar que en el texto aparecen cuestiones típicas y tópicas respecto a las mujeres del siglo XVII; en él, Polonio, su padre, le manda a hacer sus ocupaciones, aunque no entra en detalles ni especifica a qué tipo de ocupaciones se refiere. Ofelia relata su encuentro con Hamlet y menciona que se encontraba en su habitación cosiendo, tarea habitual para una mujer, en casi todas la épocas; su hermano Laertes le indica que debe utilizar su sabiduría para juzgar si Hamlet la ama de verdad o no, lo que le atribuye una cierta capacidad de juicio. Por otro lado es hija del Chambelán del rey lo que nos induce a pensar que sería una de las pocas mujeres privilegiadas que recibiría una esmerada educación, aunque eso sí circunscritas al ámbito de sus futuras tareas como esposa y madre. 

    ( Fig. 15. Ofelia.  Millais. 1851 )

                                                                              

Hamlet la envía reiteradamente al convento, algo también habitual en muchas jóvenes de la época; aunque no sabemos con qué ánimo; si con el de preservarla de otros hombres mientras él encuentra la forma, una vez vengado su padre, de recuperarla; o por el contrario inducido por la aversión, que de manera espontánea, siente hacia las mujeres desde que supone su complicidad en la muerte de su padre y su posterior matrimonio con el nuevo rey, su tío Claudio; y que sería lo que en última instancia habría cambiado sus sentimientos hacia Ofelia. Esta opción, sostenida por algunos críticos, ha sido cuestionada por el pensamiento feminista; ya que la participación de Gertrud en la muerte de su marido no está explicitada en la obra; más bien se presupone dado su posterior matrimonio con Claudio, su cuñado; quién sin duda sí es la mano ejecutora del padre de Hamlet. Las posiciones feministas defienden que Gertrud lo único que hace es adecuarse a la nueva situación en un intento de consolidar su posición y la de su hijo, al objeto de que éste siga manteniendo sus derechos al trono de Dinamarca.

  ( Fig. 16. Ofelia. Redon)                                                          ( Fig. 17. Ofelia. Cabanel. 1883)

         

 

 

 

 

 

 

 

El personaje de Ofelia ha sido, en general, interpretado como una joven ingenua a la que los avatares del destino despojan de todo lo que ama y le da seguridad; y que incapaz de afrontar la realidad se sume en la locura que la llevará a la muerte. Aunque, como hemos visto también, esta interpretación es quizás demasiado simple, y Shakespeare la matizo mediante los recursos lingüísticos mencionados enriqueciendo el personaje; o incluso adecuándolo a su época; no obstante esto es difícil de apreciar cuando lo que leemos es una traducción que, sin duda, trastoca los valores semánticos al cambiarlos de contexto; o cuando el lector está alejado de la época de referencia, en la cual el texto era perfectamente comprensible para cualquier espectador acostumbrado a percibir toda la sutileza del lenguaje de sus contemporáneos.