Una Revisión del Arte Actual: Por: Jeroni Mira.

Soplan malos tiempos para hacer un manifiesto del arte dentro de la sopa del arte actual. (Jeroni Mira)

 

 

Cotidianidad en el Arte interior. Post-intento de un manifiesto sin causa. Por : Jeroni Mira:

Desde la caverna llega a nuestros oídos un grito gutural, casi inhumano -queda por definir hoy en día qué es lo humano, qué conforma la humanidad…-: “¡La caza ha muerto!”, con ello se prescindía definitivamente del empeño en pintarrajear las paredes del habitáculo, con ello fenecía en su incipiente nacimiento, por necesaria invocación mágica, el Arte.

En la sopa elemental de lo artístico el grito ha ido viniendo bajo diferentes formas y modos de expresarlas; desde el rotundo: “¡El arte ha muerto!” que constataron desde su perspectivas, más o menos privilegiadas (me tienta y pone más la palabra que emplea en “Luces de Bohemia” R. M. del Valle Inclán: “pre-vilegiado”), André Breton en su manifiesto “surrealista”, Jean-Paul Sartre en su desesperado existencialismo, Paul Eluard -¿qué decir?-  los Eluard, los nihilistas y efímeros gritos-obras de los dadaístas, etcétera. Otros no se atrevieron a tanto y se limitaron a dejar claro que “todo ha sido dicho en arte”, bramaban las plañideras formadas por quienes no han “amado el Arte” después de Matisse, Braque, Picasso y todos los ismos que nacieron como setas en noviembre después de un lluvioso agosto; ya se sabe, las guerras, las entreguerras, los cracks económico-sociales, como el de 1929 en USA, aguzan el instinto de supervivencia, aguzan la necesidad de innovarse, de eternizarse a lo Duchamp con una rueda de bicicleta anclada sobre un taburete, hacer de lo cotidiano, por mano del artista, algo trascendente, de lo vulgar algo artístico, intocable, inmutable, estático.

La otra frase del día, no por desconocida es “el arte ha muerto cuando ha empezado a cotizar en bolsa”, aunque  creo que tuvo ya sus muertes súbitas al formar parte de la simbología de una religión “X”, sin menoscabar el hecho de que gracias al mismo servilismo alcanzó cotas que hoy serían inimaginables, impensables desde la libertad de mercado que vivió un Miguel Ángel, un Velázquez, un Goya, etc.; hoy hay que crear rápido, como un tirador, sable en ristre, en plena competición; el tirador no avanza hacia lugar alguno, ni interna ni externamente, es un avanzar del abstracto más puro, el que predicó con insistencia desde la Bauhaus Kandinsky, el que intuyeron los alemanes del “Neu Sachlichkeit” (nueva objetividad) sin llegar a cuajar en objeto la idea, quizá por la espesura social en que nació y, por ende, murió; un ir, al amanecer al otro extremo y fotografiar la realidad como el maestro Antonio López. El nuevo artista “es” tal en cuanto acierta el movimiento de la ola de la moda, es un equilibrista de tendencias, es el actor-prostituta que sabe saltar de un show a otro, de la cresta de una ola a la otra sin rozar jamás la profundidad, es el artificiero de la banalidad.

Juraría que me he perdido, quisiera, ciertamente, que así fuera; soplan malos tiempos para hacer un manifiesto del arte dentro de la sopa del arte actual, desde Basilea a Art-Madrid sin olvidar el supermercado de ARCO y otros eventos donde el elemento más importante no es lo expuesto sino el inversor, el coleccionista, la dictadura impuesta desde los estamentos más sofísticamente oficiales, no oficiantes, del arte actual.

                                                                                

Al final de este día me quedo con el urinario de Marcel Duchamp, con el eclecticismo de un Picasso, con la verdad a medias de Georges Braque, con los sueños de pueblo y amor del nonagenario e infravalorado Paul Chagal, con la desesperación existencialista, dentro del post-existencialismo, de Marc Rothko. Al caer el sol, de un modo que nunca antes había imaginado, me quedo con la capacidad de sorprenderme a cada paso que doy, con el infantilizarme a lo Miró.

En los hipermercados del arte actual nadie gritará: “¡La caza ha muerto1”, antes de ello se llamará al director de marketing y se seguirá una nueva línea de presentación a parte del que pretenda “decir”, si es que queda algo por decir, del artista.

En medio de las ingles, entre los poros de los sobacos queda un estertor de frustración, aunque, os seré sincero, la esperanza es dura de pelar, la ilusión desde su nacimiento, el corazón, imbatible.

Ruego que si alguien ha entendido algo me lo haga saber: nº 4256 del frenopático.

 

 

 

 

                                                                                              

 

* Todos los cuadros que acompañan el texto son autoría de Jeroni Mira*