Vidas de plástico y Flores de Orotava.: Por: Mireia. C. Zubiaurre y Iasone Cañada

Las miradas se volvieron entre temerosas ante la insolencia de algo tan frágil que había decidido aparecer de la nada. ( Mireia. C. Zubiaurre.)

Repaso las imágenes…constato de nuevo, que sólo encuentro lo que he escogido, el objetivo se cierra y se abre. (Iasone Cañada)

 

Vidas de plástico.  Por: Mireia.  C . Zubiaurre.

Decenas de miradas se agolpaban sobre aquella cosa resplandeciente surgida casi como un milagro de entre el asfalto, exhalando una luz incomprensible, mágica e hipnótica. El silencio absoluto, pesado y gris se vio interrumpido por la voz de la ignorancia.

 

– ¿Qué demonios es eso?

 

Los últimos mortales llegados de entre las atestadas calles de la ciudad empujaban a los allí presentes, estrechando el circulo sobre la belleza desafiante. De entre las nubes de la noche se dejaba ver una luna llena, brillante y plena, totalmente ajena a lo que estaba sucediendo sobre la faz de la Tierra, su eterna compañera; lo acaecido a la última plaga que cubría su rostro hasta hacerla casi desaparecer. ¿Qué le importaba la maldad, la estupidez y la codicia humana, si ella tan solo seguiría iluminándola cada noche, girando en torno a ella, siempre desde la lejanía protectora? Así, suspiraba aliviada y observaba con curiosidad. Hacia tanto que ya no luchaba por competir con las millones de luces que invadían la Tierra que todo lo iluminaban, evidenciando incluso durante la oscuridad nocturna la miseria y el polvo gris que todo lo envolvía… ¿Para qué luchar más?

 

  – ¿Eso? ¡Eso será la causa, el origen de la IV Guerra Mundial!

 

La voz, ronca por una vida de profecías lanzadas al vacío llegaba desde detrás del grupo de curiosos inmóviles.

 

 – ¡Ni tú, ni tú, ni ninguno de vosotros veréis ni tan siquiera imaginareis lo que eso supondría, pero sucederá, enfrentará a países enteros, a hermanos, a padres e hijos y será la sentencia de muerte para esta humanidad maldita!

Algunas miradas se desviaron hacia la voz acusadora que provenía de sus espaldas, como una mala conciencia, y solo llegaron a intuir una masa informe de piel vieja, huesos y algunos harapos de color marrón, de donde sorprendentemente emanaba aquella fuerza aterradora y premonitoria.

 

  • – Es una flor blanca de lis. – se aventuró alguien entre la muchedumbre anónima- Lo que no entiendo es de dónde ha salido si hace años que toda vegetación natural desapareció de la Tierra, ¿cómo es posible que haya surgido de entre el asfalto si apenas llueve?

 

Las miradas se volvieron entre temerosas ante la insolencia de algo tan frágil que había decidido aparecer de la nada y ansiosas por hallar lo antes posible una solución de evidente conflictividad moral. ¿Qué hacer con aquella pequeña flor de blancos pétalos? ¿Arrancarla, rodearla con un cerco protector, tomar sus semillas e intentar crear un nuevo jardín de bellas flores albinas?

De entre las piernas de la muchedumbre se deslizaba un niño de corta edad, atraído por el brillo de la impasible flor. Ante el asombro de los curiosos el pequeño se sentó frente a la flor de lis, la agarró con la mano y tiró de ella con suavidad. La flor se escurrió de entre sus dedos y misteriosamente recuperó su forma inicial. Por segunda vez, el niño volvió a coger la flor y tiró de ella con todas sus fuerzas; la belleza blanca volvió a su sitio sin perder un atisbo de su frescura y resplandor. Aburrido, el pequeño gateó hacia las piernas de los que ya habían dejado de observarle con angustia para ir dejando tras de sí las huellas de sus manos manchadas de purpurina sobre el asfalto.

Una mano adulta asió la flor e intentó arrancarla, partir su tallo, tomar al menos alguno de sus frágiles pétalos. Tras soltarla, dejó caer de su mano diminutas motas de purpurina blanca y dejó escapar una risa sardónica.

 

 – Esta flor, – comenzó a decir, rectificando su tono de voz para que todos le pudieran oír – esta flor es de plástico. No es real, es sintética – gritó indignado.

                                                                               

El hombre se giró y se abrió paso bruscamente entre el resto de ingenuos, frustrado por haber perdido un instante de felicidad, de pureza y luminosidad natural. Por haber perdido el sueño de limpiar y purificar el aire, no por él, ya era demasiado tarde para eso, si no por sus hijos, por los hijos de sus hijos. Caminó taciturno entre la masa gris nocturna, aquella que vivía solo para y por la noche, sonámbula, incapaz de sobrevivir a la miseria y decadencia que el sol descubría cada mañana, necesitada de aquello solo permitido y no censurado desde la oscuridad. El polvo le pesaba, le ahogaba. No habría fin, ni perdón, solo eterna penitencia.

Un automóvil de extrañas formas apareció de entre la eterna masa de coches que colapsaban las carreteras de la ciudad como un manto de lava ya petrificado, grisáceo y aún humeante. Las miradas de los que aún permanecían soñando en torno a la flor de lis se dirigieron hacia el vehículo estacionado a unos pocos pasos del ellas.

 

 – Así es – comenzó a decir una voz desde algún altavoz estratégicamente oculto en la carrocería del vehículo – Esa hermosa flor que ven ahí es de plástico verde y blanco que imita a la perfección, hasta el más mínimo detalle, a una flor de verdad, además de contar con una fina capa de polvo blanco fluorescente que le otorga ese brillo que veo les tiene fascinados. ¿no les parece maravillosa?

 

Los aún presentes no podían creer lo que estaban presenciando, hacía años que nadie intentaba vender nada, que nadie buscaba hacer negocios solo por conseguir su propio beneficio, que nadie practicaba la mentira, la persuasión, la dialéctica para atraer la atención de la gente por una idea peregrina. Nadie, al menos desde que el propio sistema decidió abandonar a la Humanidad a su suerte, dejar de controlarla socialmente, no engañarla más con sus patrones en apariencia inofensivos, pero mediante los cuales uno y cada uno de los hombres y mujeres que habitaban la Tierra no eran más que meros títeres. Abandonados.

 

 

 

 

 

 

 

 

– ¿No les parecería increíble tener una flor de lis en sus casas, en sus comedores y que su brillo natural alegrase cada rincón de sus hogares? ¿Se lo imaginan? ¿No les gustaría que sus hijos crecieran en un entorno vital y alegre, iluminado por esta belleza de flor? ¿Y que me dicen de crear parques, paseos, lugares de recreo en los que poder caminar relajadamente, sintiendo la naturaleza cerca y viva?

 

El brillo incombustible de la flor de lis se vio reflejado en las lagrimas de los más ancianos que vivieron un momento de regresión a aquel pasado en el que todo estaba bajo control, bajo un falso orden, pero que al menos permitía pasar los días, los meses, los años en un sopor y engaño por la gran mayoría aceptada. Ahora vivían la realidad, la de la libertad más salvaje e instintiva, y la Humanidad no había sabido ni controlarse, ni convivir ni respetarse.

 

– Yo quiero una – pidió tímidamente una voz masculina entre el cada vez mayor grupo de hombres y mujeres desesperados.

 

Pronto fueron varias las voces que se alzaron buscando algo de atención para conseguir su flor de plástico, sintiendo en su interior un algo mágico y misterioso que comenzaba a quemarles el alma, volviéndoles lentamente más codiciosos y necesitados de algo irrelevante y superficial. Las miradas se cruzaban, había que actuar rápido.

 

– ¡Yo quiero tres!

– ¡Yo seis!

– ¡Doce para mi!

 

El vehículo parlante comenzó a balancearse peligrosamente ante la insistencia de sus nuevos clientes, sin que aquel, desde su hermetismo metálico, diera señales de vida humana ni de portar flor de lis alguna.

 …

– Pobres imbéciles.

 

Una mujer joven observaba la escena desde el ventanal de su piso, ocultando su cuerpo desnudo tras una fría cortina de vinilo gris.

 

– No me hace falta oírles hablar para imaginar lo que está ocurriendo haya abajo. Han caído de nuevo, todo volverá a ser como antes solo por esa estúpida necesidad que tienen de vivir sujetos a algo que les haga olvidar lo infelices que son.

 

La satisfacción por el discurso improvisado, por sentirse distante a ellos, la empujó a juguetear casi sin quererlo con la cortina, dibujándose como una sombra perfecta entre la mortecina luz de la noche urbana, eternamente iluminada, telón de fondo siniestro y desesperante, y la mirada que le desnudaba desde la oscuridad de la habitación.

 

– ¿Qué nos queda ya por ver? Vamos, olvídate de ellos y ven, acuéstate conmigo.

 

La mujer se giró hacia la voz masculina que la requería, soltó la cortina y sonrió en la oscuridad.

 

– La Humanidad está predestinada – susurró en su camino hacia la silueta que se intuía recostada sobre la cama – no tiene salvación.

 

Se sentó a los pies de la cama para tirar lentamente de la sábana, dejando al descubierto una oscuridad solo rota por resplandores rojizos, luces de neón convertidas en objeto de deseo. Una mano se deslizó por su nuca.

 

– Ven, y sálvame.

 

Las campanas de la vieja catedral dieron las horas. Medianoche.

 

 

Las Flores de Orotava en instantánea .  por: Iasone Cañada .

 

CLIK… Una foto.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una mañana espléndida… el cielo azul y claro de primavera. El pueblo en fiestas. Cojo la cámara de fotos y me voy por las calles temprano. Son las campanadas de la iglesia las que me despiertan, enloquecidas en sus sonidos, sin importarles el dormir de las gentes.

 

Las calles ya han comenzado a llenarse de grupos preparando las alfombras de flores, que convertirán estas calles durante unas horas, en jardines aromáticos de una belleza extraordinaria.

 

CLICK…foto!

 

                                                                                                     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por estas alfombras, a la tarde, pasará la procesión dejando tras de sí, un jardín desmenuzado y roto.

 

CLICK… otra foto. El objetivo de mi cámara, se abre una y otra vez intentando recoger todos los detalles y momentos de este instante único, de estos colores increíbles, de la risa, los bailes, el trabajo en equipo y el gozo que se respira por la calle.

 

Me quedo pensando al ver el resultado de mis esfuerzos audiovisuales…¿he captado lo que quería?. La verdad es que esta cámara es lenta para la velocidad de los guiños humanos. Se me escapan.

 

Sigo reflexionando mientras descargo las fotos en el ordenador, para así poder salir y seguir haciendo mas…quisiera atrapar estos momentos para hacerlos eternos…volver a ellos, a estas imágenes cuando esté lejos, oler los miles de pétalos escogidos, por su color, por su aroma…

 

Repaso las imágenes…constato de nuevo, que sólo encuentro lo que he escogido, el objetivo se cierra y se abre, hacia donde lo dirijo, y capta ese segundo, ningún otro.

Este pensamiento me lleva a la sensación de que mi cerebro, realiza esta misma acción muchas veces…frente a una situación vivida, retiene el instante y lo deja grabado en mi interior. Unas veces lo retiene hincado hasta lo mas profundo y otras más liviano…y me pregunto, ¿cual es el CLICK?… y…¿elijo consciente esos momentos? Mas bien me parece que la vida que me habita y me hacer ser yo y ningún otro ser, expuesta al cabo del día a un sinfín de situaciones y estímulos, hace miles de CLICKS al día.

 

¿Cómo ordenar dentro de mi tantas imágenes, tanta información?. ¿Cómo protegerme de los virus, que parasitados en cualquier sitio, acaban infectándolo todo? ¿Cómo controlar las emociones desencadenas? ¿Cómo elegir?

 

La cámara la llevo allá donde deseo. Quizá debiera elegir mejor a que me expongo, a que me abro en la vida, a quien doy la mano y el corazón…ir a donde deseo. Filtrar mi entorno, con un tamiz mágico, en el que cada fina cuerda de hilo, posee la fuerza y la ternura suficiente, para dejar pasar únicamente aquello que puedo vivir en ese momento, en este momento. Esa madeja de hilo es todo lo adquirido a lo largo de mi vida…lo aprendido. Y su magia, es el CLICK del universo, atrapando por un segundo la imagen de mi vida.

 

Ya!… la cámara lista y yo también. Salgo de nuevo a la fiesta, dispuesta a llenar de nuevas imágenes su limitada memoria. (Sé la mía infinita, pero creo que ahora no voy a pensar en eso…mis nuevos filtros en marcha, saben que ahora, ¡solo quiero divertirme!)

 

CLICK… la última foto.