Cassandra Wilson, el ombligo del sol. Por: Alfredo Rodríguez Iglesias

 

Reinterpretación de la música sureña, esa que nace de los algodonares, de las marismas, tan cálida como el sol que castiga las pieles negras en el tórrido verano de ese sur que tiene mucho de constructo mítico. ( Alfredo Rodríguez Iglesias).

 Cassandra Wilson, el Ombligo del Sol. Por : Alfredo Rodríguez Iglesias.

“Mírala: el más bello fruto nacido en Jackson, estado de Mississippi. Vestido estampado, botas vaqueras, rubia de peluquería, cascada de rizos, guitarra en ristre, bohemia radiante. Puede haberse formado artísticamente en Nueva York pero todavía huele a tierra roja húmeda, al Río Madre de la música estadounidense.”

 

Con esa descripción tan bella realizada por Diego A. Manrique, me dispongo a desgranar algo del estilo de Cassandra Wilson, la que pasa por ser la mejor cantante de jazz del momento. Nace en la ciudad de Jackson, estado de Mississipi, en 1955, hija de un conocido contrabajista de jazz, y crece entre los discos de Duke Ellington, Thelonius Monk o Ella Fitzgerald, al mismo tiempo que empieza a tocar el piano y la guitarra con nueve años.

 

El primer hito en su carrera será su traslado a Nueva York, donde entrará en contacto con el M’Base Collective, y se relacionará con el saxofonista Steve Coleman y su grupo Five Elements en la que el funk, el free jazz y el rap se daban la mano. Luego llegará al trío New Air, formado por el multiinstrumentista Henry Threadgill, el contrabajista Pheroah Aklaff y el baterista Steve McCall. Eran los primeros años 80. Cassandra grabará su primer disco propio en 1985, al que tituló Songbook, para el sello JMT, pero no será hasta que la fiche el mítico sello Blue Note, cuando empiece a despegar la carrera en solitario de Cassandra Wilson.

Para ese sello grabará Blue Light Til Dawn en 1993, un disco que fue acogido con absoluto entusiasmo por la crítica especializada, y que se terminó por convertir en la auténtica piedra central sobre la que edificar su posterior carrera musical, a lo largo de toda la cual ha hecho gala de una enorme personalidad subrayada por una voz capaz de adaptarse a una amplia variedad de estilos, hasta conformar una forma de hacer especial, peculiar, que la ha llevado a los altares del jazz para ser considerada a la misma altura que grandes divas como Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan o Betty Carter.

 

Cassandra derrocha seducción con su voz de dicción clara, para adaptarla a un repertorio en el que cohabitan con total serenidad sus inicios como cantautora, el jazz y el blues que forman parte de su código genético y cultural, y la reinterpretación de la música sureña, esa que nace de los algodonares, de las marismas, tan cálida como el sol que castiga las pieles negras en el tórrido verano de ese sur que tiene mucho de constructo mítico.

 

Una cantante que huye de los artificios, de aquello que suene a adorno vacuo, y cuando se la escucha se tiene la sensación de que es una cantante de esas que sabe que la música tiene todo que ver con el sentimiento auténtico, que tiene su cobijo en algún recóndito rincón de eso que damos en llamar alma, una cantante que como dicen por el sur de España, tiene duende. Ella da vida a temas de composición propia, pero también a versiones de temas que cuando toman forma a través de su voz, y de las que se apropia hasta tal punto que nos olvidamos absolutamente de que son versiones. Ella logra que suenen como nunca lo han hecho antes.

 (Steve Coleman)

En la carrera de Cassandra Wilson uno se puede encontrar de todo. Desde discos en los que explora los orígenes del jazz y del blues del profundo sur de los Estados Unidos, hasta otros en los que explora la conjunción con los sonidos electrónicos, el electro-pop, el funk y otros.

 

Y vuelvo a tomar prestadas las palabras de Diego A. Manrique cuando escribe: “Frente al escaso vuelo creativo de tanta princesa-del-jazz, Cassandra Wilson inventa confluencias y amasa texturas. Su música tiende hacia un presente orgánico, tapizado por percusiones imposibles, donde el funk suena acústico y los blues se construyen con la materia de los sueños. Según su disco de 1995, ella era la Nueva hija de la luna; luego, Cassandra miró hacia el Ombligo del sol. Ella sabe, ella quiere, ella puede.” No hay nada más que añadir.

 

 

 

 

* La fotografía de Steve Coleman está tomada  de apoloybaco   *