Una elección de Novelas: Por Mireia C. Zubiaurre. Despedida de la Isla. Por: Iasone Cañada. El Arte de salir en la Tele. Por: Emma Rosa Rodríguez.

 

Es para cuestionarse y reflexionar sobre los entresijos del mundo literario y sobre nuestra capacidad crítica a la hora de escoger lo que deseamos leer (Mireia. C. Zubiaurre).

Iniciar un viaje no es algo fácil. La confianza se batalla en los momentos de riesgo y este es uno de esos momentos. Parece ser que la aventura de estar viva me vuelve a lanzar a lo indeterminado (Iasone Cañada)

Lo único que hay que hacer es dejar la vida propia al descubierto y lo demás viene sólo, te haces famoso de la noche a la mañana y tus allegados también ( Emma Rosa Rodríguez).

 

 

 

Criterio Literario. Una elección de novelas. Por : Mireia. C. Zubiaurre.

 

Artorius, Alondra, dos novelas totalmente diferentes entre si, en autor, argumento, espacio y tiempo, pero que en algo se asemejan, en algo no tan evidente como puede ser el reconocer a las personas que las escribieron o sobre qué tratan.

No es la primera vez que la arriba firmante escoge como próxima lectura un libro de amplio prospecto comercial y sobradamente publicitada y que tras algunos, bastantes capítulos de paciente lectura, abandona la novela con un sentimiento entre la frustración (“¿para qué tanto marketing, si tampoco es para tanto?”) y cierto rencor que no sabe muy bien hacia dónde dirigir, aunque lo políticamente correcto sería encaminarlo hacia aquellos que, no se sabe bien por qué, nos han vendido la moto.

El siguiente paso lógico a dar es la elección de otra novela, una de esas que pasan desapercibidas, de título desconocido y autor no reconocido. En este caso las elegidas fueron, por azar, Artorius, de César Vidal y, posteriormente Alondra, de Dezsó Kostolányi, novelas que nadie conoce, pero que desde su humilde situación entre resto de best-séller (algunos de ellos de dudosa calidad y clara vocación comercial), ofrecen al lector ocasional lo que a las otras les falta.

De principio a fin, Artorius exhala ese aroma especial al que debería o imaginamos huele la Historia con mayúsculas, y más concretamente la de un Imperio romano en decadencia. Desde la primera página hasta la última, se siente la humedad, el frío, la neblina y la oscuridad en la que se proyecta una historia que intenta romper los límites de la leyenda artúrica con grandes dosis de cruel realismo y humanidad. Tal vez sean los diálogos o las descripciones, la cuestión es que ese ambiente, ese marco en el que se encuadra la novela atrapa al lector, le hace sentirse dentro de él y observar de cerca esa oscuridad premonitoria, esa humedad enfermiza y ese frío, tan diferente de la cálida Roma, en el que las últimas legiones romanas luchan por mantener en pie su maltrecho Imperio.

No hay un trozo de cielo azul, ni blancas nubes, ni hierba fresca y verde, es la realidad histórica, la exageración de una sentencia de muerte lanzada desde el interior de la Europa combativa y bárbara.

En Alondra encontramos lo mismo, un ambiente que se deja sentir en todo momento y que le otorga un cariz, una personalidad a la novela, una calidad de las que otras carecen. Sus protagonistas, habitantes acabados de una localidad austrohúngara, se mueven con absoluta naturalidad entre su miseria, su decadencia y un penetrante olor a rancio y viejo. Es la forma de vida de unos hombres y mujeres que parecen resignados con lo que el mundo les ha querido obsequiar, pobreza, hastío y vidas poco ejemplares. Y es dentro de ese ambiente vetusto y lleno de recuerdos materiales sin valor donde un viejo matrimonio comienza, casi sin ellos quererlo, a vivir y disfrutar de los placeres de la vida.

 

Que una novela de gran calado comercial no sea capaz de ofrecer a sus miles de lectores esa sensación básica de que ellos están dentro de la obra, que cualquiera de ellos podría ser su protagonista, convencerlos, sí, de que sientan el frío, el calor, el sol, la oscuridad, los peligros, las alegrías, las penurias… es para cuestionarse y reflexionar sobre los entresijos del mundo literario y sobre nuestra capacidad crítica a la hora de escoger lo que deseamos leer. Tenemos que sentir que estamos en el África colonial, en cualquier barrio de inmigrantes de Nueva York, a las puertas de una colosal fortaleza medieval o en un mundo futurista desconocido, solo imaginado. SI no es así, la novela cojea, carece de algo fundamental sobre lo que se apoyará el argumento y la lectura acabará por convertirse en un acto obligado por no dejar de lado el esfuerzo y trabajo de su autor.

La creación de ambientes literarios es una cualidad que no todo escritor posee y que denota un absoluto conocimiento sobre los elementos integrantes del mismo, bien por previo estudio, bien sea por haber vivido en primera persona una época o situación en concreto.

No todas las novelas desconocidas son de calidad, ni todos los best-séller merecerían ser retirados de inmediato de donde están expuestos. Al fin y al cabo, todo es subjetivo y cuestión de gustos, pero sí es recomendable salirse, de vez en cuando, del camino marcado, atreverse con algo diferente, descubrir un pequeño tesoro cubierto por el polvo del rechazo y la ignorancia, e ir creándonos un criterio literario que nos permita bailar entre distintos tipos de novelas, pero siendo conscientes en todo momento de qué es lo que tenemos entre manos. No siempre hay por qué andar con auténticas joyas literarias bajo el brazo, leer es aprendizaje, pero también divertimento, distracción y reposo. Para rigurosa, la vida que nos queda por recorrer.

* Servicio Documentación Alenarte Revista:  Para conocer algo más de este autor os remitimos al articulo de wikipedia, que es bastante informativo. Hay poca información en castellano sobre el autor, en este texto se recoge un resumen bastante claro.*

 

Despedida de la Isla .  Por : Iasone Cañada Zorrilla.

Está llegando la noche…acabo de preparar unas cajas para enviar por correos, así tendré menos jaleo en el aeropuerto. Inicio mi viaje de vuelta. Mi adiós a la isla. Contando los días hacia atrás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

– ¿Es una vuelta?

 

Es otro inicio. Otra aventura. Otro recorrido.

 

De nuevo al mirar hacia lo que está por ser vivido, solo siento un largo camino del que aun no percibo ni el contorno, ni el aroma. ¿Un camino que se dibujará según mis pasos vayan marcando el ritmo? Pasos como pinceles.

 

Preguntas como colores que quieren perfilar una vida, errante.

 

Ahí, en éste corazón al que le toca aclimatarse una y otra vez a los cambios de éste ser que habita, ahí, laten las reflexiones y pensamientos que surgen cuando siento la despedida tan cercana…

Las tardes bajo el flamboyano, los innumerables momentos en el mar, los paseos, el cielo magnífico que tanto cuidan aquí, la música, la gente…la luz. Dejo pasar todas estas imágenes y en todas ellas hay emociones que tararean lo vivido. 

¿He dejado algo importante por experimentar aquí? No se como responder a esto. O quizá es que esta pregunta me sobra en estos momentos. Sé que no hubiera podido dejar escapar nada importante que haya estado al alcance de mi alma.

He aquietado la interminable tormenta interior con la que llegué, en esta isla amable, pausada, bella y luminosa. Sin presión. Sentarme al atardecer frente a un horizonte infinito, junto al mar, ola tras ola… desenredándome mientras llega la misteriosa luz de las estrellas…

                                                                                 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La naturaleza esparce su creación cotidiana por todos los rincones. Exhuberancia. Aroma. He permanecido maravillada cada día, cada noche. Una paz suave que ha ido posándose en mi interior, refrescando y dejando su ternura en recónditos lugares perdidos, después de tanto frío, de tanta nada.

 

 

 

 

 

 

 

 

Personas con un abrazo inmenso, en el que todo cabe…capaces de despertar dones y cualidades, después de tanto frío, de tanta nada. Y otras, con un abrazo pequeño, divertido y bullicioso.

No es que aquí, el amor sea más fácil. Es sólo que el tiempo tiene otro compás, poniendo alas a los momentos elegidos. Pueden ser los vientos alisios, o simplemente el estar en medio de un océano. Se elige de otra manera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Iniciar un viaje no es algo fácil. La confianza se batalla en los momentos de riesgo y este es uno de esos momentos. Parece ser que la aventura de estar viva me vuelve a lanzar a lo indeterminado. Pero ha quedado detrás de la mirada, grabado, todo lo captado en este tiempo. Me acompañara en el camino. La memoria, mi memoria, ahí donde queda registrado todo mi acontecer y mi manera de percibir todo suceso al que he estado expuesta, puedo aprovisionarla de la belleza de esta tierra extraordinaria y de los actos humanos generosos, bellos, alegres y felices…eso he hecho aquí. Se que como un eco, en los momentos difíciles y desasosegados, puedo cerrar los ojos y dejar emerger lo adquirido, calmar la ansiedad, asumir el privilegio de estar viva y de poder recordar tanta belleza, tanta bondad. El impulso de seguir, de aventurarme en la creación de mi quehacer en este mundo, pincelada tras pincelada, paso a paso, no es sino mi confianza profunda en la elección inspirada de mis acciones.

 

Me siento agradecida, bendecida por todo aquello que he vivido y por quien me ha aligerado mi estar aquí. Personas con un corazón magnífico.  Gracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Me voy. Preparo las maletas. Repaso la casa. Constato que apenas tengo poco más que con lo que llegué. Mi mirada ya escudriña el horizonte al que me dirijo, como si pudiera percibir algo de lo que me espera. Deseo ver surgir el nuevo dibujo de mi vida, sus colores, sus trazos, su sentido… impaciente y espléndida. Querida vida…increíble la aventura de permanecer a tu lado sin rendirme. ¡Que lo divino lance sus hilos de luz!

 

 

Quiero despedirme. Cierro los ojos de nuevo. Vuelve a aquietarse mi interior. Dejo un beso silencioso en cada una de las cosas, rincones y personas que me han acompañado. Como una caricia. Como un aleteo.

 

Me voy ligera. Errante. Sonríe mi corazón.

 (  Caballo negro.  Sondra Wampler. )

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

*SDAR: Salvo la última foto, todas las demás son propiedad  y autoría de Gotzón Cañada y Erika. *

 

 

El Arte de Salir en La Televisión. Por : Emma Rosa Rodríguez.

Dicen que para todo hay que tener arte en la vida, lo que no implica, necesariamente, que se sea artista o, al menos, lo que entendemos como tal.

Antes, allá por el final del siglo pasado -esto suena muy lejano, pero no se asusten, que me estoy remontando a unos pocos años atrás-, las niñas que no querían vivir ajustándose a los cánones que les marcaba la sociedad: casarse y convertirse en ama de casa o, como mucho,  estudiar una carrera típicamente femenina que a menudo no se ejercía , aquellas jovencitas de entonces que pretendían vivir la vida de una forma más alegre y divertida, en un arrebato de pasión y sinceridad que nunca dejaba indiferente a quien lo oía, soltaban a sus progenitores la gran frase: ¡”Mamá, quiero ser artista”!

En la casa donde caían, como si fuera un rayo maléfico nacido del mismo infierno, semejantes palabras, ocurría como en los caminos por donde pasaba el caballo de Atila que ya no volvía a crecer la hierba, es decir, que lo único que brotaba después en los hogares eran discusiones, malas caras, amenazas  y expresiones funestas donde ya se daba por sentado que el honor de la familia desde ese mismo instante se mancillaría para siempre, si la niña  no renunciaba a semejante “locura”.

Pero eso era antes, por supuesto. Ahora ya no. Ahora ya no estamos en el siglo XX sino en el XXI y como hemos añadido un palito más a la doble equis parece que nos vemos en la obligación de tener que ser más modernos, de no tener que asustarnos porque nuestras hijas quieran ser artistas y dedicarse al mundo de la farándula, que se decía hace unas décadas.

Y es que en la actualidad, como cantaba Joaquín Sabina: “las niñas ya no quieren ser  princesas”  -esto no lo tengo yo tan claro, al menos en España-, pero tampoco quieren ser artistas, en realidad, sino lo que muchas y muchos pretenden es dedicarse a vivir del cuento, y no me refiero precisamente al escrito, sino a no tener que hacer “nada” tedioso para ganarse la vida.

Mucho más fácil que estudiar y prepararse para el futuro, es  entrar a concursar en un “reality show”.

 (  ” Aquí hay tomate”. Presentadores)                     

A saber: No tienes que ser muy inteligente, más bien al contrario, ni tienes que demostrar aptitudes especiales, por ejemplo, para que te admitan en Gran Hermano. Lo único que hay que hacer es dejar la vida propia al descubierto y lo demás viene sólo, te haces famoso de la noche a la mañana y tus allegados también.

Mientras tu muestras tus encantos y desencantos ante la cámara, tus padres, hermanos,  amigos, novios y todos los agregados que se apunten al juego se llevan su minutito de gloria y de euros, por supuesto, y al término del programa, a poco que te lo “montes” bien y si el desparpajo te ayuda acabas “ejerciendo” de periodista, también en la tele, como no.

Y si el asunto del famoseo decae, siempre queda la opción de pelearte con todo el mundo y repartir insultos, hasta con los de tu propia sangre, para que ellos puedan también ir a replicar, delante de una cámara, por descontado, y tu, como tienes tu derecho a defenderte vas haciendo una especie de turné por las distintas cadenas que se disputan tu presencia, y entre programa y programa haces apariciones esporádicas en fiestas y discotecas varias donde te muestran  como si fueras un objeto de ¿museo o de feria?, y con suerte, acabas conquistando a algún millonario aburrido que te solucione la vida…

¡Ay! Dicen que para todo hay que tener arte en la vida, hasta para salir en la tele y vivir del cuento, aunque no se sea artista, precisamente. ¿O no?…