Macbeth en El Matadero. Por: Alena Collar.

Crítica teatral del espectáculo de Mario Gas.

Macbeth en El Matadero. Por : Alena. Collar.

 

Hace bastantes años asistí en el Centro Cultural Galileo a una representación de El sueño de una Noche de Verano, de Shakespeare.

Claro que esta obra es una de las digamos más líricas del autor inglés; un puro juego escénico, lleno de poesía, de aromas del bosque, de encanto ensoñador.

Salí entonces del teatro con la impresión que deben tener los niños pequeños cuando les cuentan un cuento de hadas.

Había, para entonces, leído diferentes obras de Shakespeare, pero aquella no, y me encontré con un teatro inesperado, leve, alado, si así se puede definir al teatro.

Pero Shakespeare, naturalmente, me estaba esperando en otras ocasiones con su gravedad, con su carga contradictoria, con su tragedia humana.

Y cuando he ido a ver esta recreación, MacbethladyMacbeth, o mejor esta adaptación de Carles Alfaro y Esteve Miralles, bajo la dirección de Mario Gas, y con Francesc Orella y Adriana Ozores en los papeles protagonistas, me he encontrado con el más trágico Shakespeare que podría soñar.

Demasiado…Quiero decir, demasiado trágico a mi modo de ver el resultado final.

Vaya por delante que a mí subjetivamente me gustó el espectáculo. Ahora bien, encontré el mismo excesivo, sin pausa, sin remanso en la acción teatral, algo que Shakespeare sabía crear muy bien precisamente para dejar al espectador el descanso necesario para volverlo a elevar después hacia el interés.

En esta recreación hay una  acentuación de la carga de la personalidad de Macbeth y Lady Macbeth, que a veces, raya en cierto maniqueísmo, a fuerza de acentuar locura, de marcar rasgos de esquizofrenia, los personajes terminan por parecer títeres, sobre todo en la escena final que a mi modo de ver entinta la actuación de un recurso fácil como es la violencia escénica absolutamente innecesaria.

Me gustó el juego visual de la obra, los diversos escenarios, la cercanía actoral al público, los recursos escenográficos, la atmósfera usada para crear un ambiente, los juegos lumínicos, por supuesto la actuación de los dos protagonistas; mucho menos Vicenta Ndongo en el papel de sargento sinceramente, aunque quizá un mala noche la tiene cualquiera, el  magnífico Víctor Valverde en Duncan. Tan magnífico que la escena del espectro, la llena él, quitándole protagonismo  (y ya es difícil) a Orella. Ahora bien, debo reconocer que salí sin aliento del teatro: quizá era lo que se buscaba, pero personalmente prefiero el dramatismo de Shakespeare a la tragedia impostada.