Psicología del Futbol. Por Pilar Martínez. Para una historia de la Lectura. Por: Pilar Moreno.

Este dominio absoluto de la  “absoluta” se dejó notar en otros ámbitos de nuestra vida más serios y, más significativos de cómo nos dejamos controlar por nuestras prioridades, no siempre entendibles.(Pilar Martínez)

La visita de hoy comienza en un pasado muy lejano con uno de los poetas más leídos desde la antiguedad, Homero . ( Pilar Moreno)

Psicología del fútbol . Por : Pilar Martínez.

 

Ya hemos recuperado la rutina, ya empezamos a estar dentro de nuestra  serena cordura, eso es; unos más cuerdos que otros, pero en nuestra línea habitual.

Ya la  Eurocopa  pasó, ya los partidos fueron jugados, la copa ganada y después de esto, hasta los escépticos como yo, tenemos que reconocer que “La Roja”  nos cautivó.

Pasó el gran Día y le siguió la gran celebración (no podíamos pasar por menos: es “nuestra” selección)

Nuestros chicos volvieron y lo celebraron (vaya si lo hicieron) con el pueblo primero, lo celebraron con la JET SET después. Y, ¡qué guapos que iban todos! Pero si es que nos embrujaron en el campo y fuera…  Podía uno estar sin cenar una noche, sin comer al día siguiente y…, bueno como veremos hasta sin otras cosas.

Nos cautivó y nos dominó. Lo hizo hasta tal punto que, tanto en la noche de la semifinal contra la fría Rusia,  como la noche de la Gran Final contra la disciplinada y rígida Alemania, nos mantuvo delante de los televisores para bien y para mal. Nada más importaba. Sólo que España ganara.

Durante todo el torneo, España se volcó con su selección. Eso se dejaba notar en las calles vacías, en los bares llenos, en la plaza de Colón abarrotada de camisas  Rojas y gente con ganas de pasarlo bien, si además se veía fútbol, mejor que mejor.

Este “dominio” absoluto de la  “absoluta” se dejó notar en otros ámbitos de nuestra vida más serios y, más significativos de cómo nos dejamos controlar por nuestras prioridades, no siempre entendibles.

Es cuando menos sorprendente que algunos profesionales pudieran ver los partidos, al menos los dos partidos finales casi como si estuvieran en casa ya que sus  servicios no eran requeridos, como si el hecho de que  la selección  española jugara, hiciera que nadie  se pusiera enfermo. Sí, hablo de enfermos, que se supone no eligen  el momento de  enfermar (o sí).  Datos como estos  confirman lo que digo.

– Domingo 22. Entradas  25 (más de la mitad eran de pediatría)    Cualquier otro domingo sobrepasarían las 40 (más de la mitad de adultos)

-Jueves 26  Entraron 32, cuando el jueves anterior el número de entrada era de 45. También aquí el número de pediatría es elevado.                                                          

-Domingo 29 Entraron 38 personas, la mayoría (cómo no) niños.  Cualquier otro  domingo hubieran sido sólo adultos los que llegaran a esa cifra.

Realmente ¿puede un partido de fútbol “controlar”, “modificar”  tanto la vida de un país? Pues si bien los datos son de un hospital solamente, me consta por conversaciones  mantenidas con profesionales de otros centros sanitarios que la pauta era similar. No apareció ni Perico los palotes.

¿ No debería de estudiar este fenómeno el ilustre Ministerio de la Sanidad pública? Seguro que sale más a cuenta   retransmitir partidos de fútbol que pagar  guardias médicas.

Lo sorprendente es que los cabezaspensantes no aprovecharan los momentos de mayor intensidad emocional ante el hechizante juego de “nuestra” (Porque ahora sí es nuestra)  selección para hacer de las suyas.

Señores debemos de ser serios y reconocer que todo cambio en la actitud y en el pensamiento, ha merecido la pena. Bien por los jugadores de la Absoluta, nos hicieron vibrar y hasta olvidarnos de que podíamos estar enfermos.

Un saludo y nos vemos en el mundial, bueno, en las distintas clasificaciones. Que esperamos las televisen en la Pública para así descansar  los trabajadores públicos

 

 Lectori Salutem ( El Museo Allard Pierson, en Amsterdam). Por: Pilar Moreno Wallace.

 ( Para una historia de la Lectura )

Prefiero escribir a mano y dejar constancia de mis letras en el papel, sentir el roce suave y a veces áspero, hiriente, de la pluma sobre la superficie todavía virgen. Mis sentidos despiertan con el tacto y el crujir alegre de las cuartillas entre mis dedos, y más aún con la lectura  y curiosidad que sobre mí ejercen los libros y todo lo que está escrito. Hoy esta querencia mía me ha llevado a visitar el mundo ilimitado de letras, palabras y textos, en el museo Allard Pierson de Amsterdam. Allí la palabra escrita y el papel son los responsables directos de una exposición sobre la historia de los libros y los textos, sus orígenes y su conservación a través de los tiempos hasta nuestros días.

 

La visita de hoy comienza en un pasado muy lejano con uno de los poetas más leídos desde la antiguedad, Homero, que describe en sus obras épicas de La Iliada y la Odisea, la batalla de Troya en la época micénica. En realidad es posible que lo que él escribe fueran historias habladas transmitidas a través de los siglos anteriores y finalmente recogidas y escritas por el poeta. Quizás Homero fuera una especie de trovador de esos que recorrían las ciudades recitando historias en forma de versos a cambio de comida y albergue; hasta es posible que no haya existido. Esa es otra cuestión. De cualquier forma sus textos literarios son unos de los más antiguos conocidos en Europa y han sido copiados y traducidos miles de veces.

                                                                                                                             ( Homerus. Papiro)

Pero en aquel tiempo de Homero no conocían el papel, y era el papiro el medio más usado por los griegos y romanos para escribir la palabra. El papiro se elaboraba de una planta acuática que nacía en el Nilo, y tenía un significado sagrado para los egipcios que le daban el nombre de “Flor del rey”. Después de un largo y delicado proceso con los troncos de las plantas, conseguían rollos de varios metros, que cortaban en hojas para hacer su empleo más fácil, y que después guardaban también enrolladas en cajas y armarios. El papiro continuó usándose hasta los alrededores del siglo II a.C. El inconveniente era su fragilidad, y la poca ductilidad que lo incapacitaba para ser doblado. Otra desventaja: sólo en uno de sus lados se podía escribir. Para solucionar estos problemas se pensó en el pergamino, que ya existía junto con el papiro desde algún tiempo atrás. Hecho de la piel de animales -ovejas, cabras o vacas- era más manejable y facilitaba el uso de las hojas, permitiendo encuadernarlas como libros: el códice. Este paso de papiro a pergamino fue decisivo para la conservación de los libros antiguos.

 

Ante la mirada ciega de un busto de Homero voy recorriendo las salas de la exposición que me llevan por distintas épocas y culturas. Así paso de una biblioteca romana a una biblioteca en un convento, y de ahí hasta una biblioteca pública del siglo XVI en Amsterdam. Me encuentro con Virgilio, Albius Tibullus, Publio Ovidio, Valerius Maximus, Marco Tullio Cicerón, … hombres que eligieron las letras, nombres que hicieron historia. En las vitrinas descansan preciosos manuscritos y libros que se aprecian frágiles, merecedores de toda delicadeza, y textos, que son ejemplos de cómo la obra de autores clásicos han sobrevivido el paso de los siglos. Hermosos trabajos de caligrafía y dibujo, letras, iniciales ricamente adornadas en tinta negra y de color, todo un sacrificio personal de los monjes de aquel tiempo.      

Y ese tiempo cambia: aparece el papel en China, más tarde los árabes lo llevan a Europa. Hecho de fibra vegetal, deberá su vida al árbol. La llegada del cristianismo, Carlomagno y su época, el Renacimiento, el Humanismo, el descubrimiento de la imprenta, el nacimiento de la universidad, el desarrollo económico, son los siguientes capítulos de esta historia literaria que todavía está sin terminar. Hoy día siguen existiendo cambios: nuevas tecnologías nos han llevado hasta el mundo digital de Internet y las computadoras, televisión, vídeo. La palabra escrita, que empezó siendo un acto artesanal, ha pasado a ser un gesto que depende de la mecánica y deja cada vez más un lugar de preferencia a la imagen. Escribir es ahora transmitir un impulso al teclado, manipular un aparato, todo con el lema de la eficacia y la rapidez. Sin embargo, yo no creo que estos nuevos medios, tan pagados de sí mismo y con un cierto aire asaz, nos hagan olvidar la convinción íntima que tenemos, esos momentos de promesas y excitación precedentes que debe hacer soñar a todo artista: crear la obra sublime con el pulso de su mano y la complacencia del papel.

 

* Las fotografías pertenecen al archivo documental de:

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