Última Parada: sencillez. Por: Iasone Cañada.

Decido no vendarme nada mas…y salir disparada a cumplir la larga lista en la que he apuntado todo aquello de lo que no debo olvidarme antes de coger el avión ( Iasone Cañada).

Última parada : sencillez.  Por: Iasone Cañada.

En las despedidas y en los reencuentros suceden tantas cosas como en un metro cúbico de tierra en primavera, bajo los atentos ojos humanos.

 

Esta mañana me he levantado y al dirigirme a la ducha compruebo atónita que ayer a la noche me vendé cuidadosamente el dedo sano…que no el herido…eso ha implicado que de tanto reírme, ha sido ducha equilibrista con un resultado pasable. Decido no vendarme nada mas…y salir disparada a cumplir la larga lista en la que he apuntado todo aquello de lo que no debo olvidarme antes de coger el avión…tras una mañana sin parar llego a casa de una gran amiga, sudando y con casi todo conseguido. Mientras ella prepara algo para tomar me voy a la ducha…(y van 2)…comienza la pelea de comprender qué demontre de grifo tengo entre manos ya que una vez consigo que salga el agua me resulta incomprensible cómo regular el frío y el calor. Miro fijamente el asunto, sabiéndome un ser singular e  inteligente por lo que debo saber desentrañar este momento-jeroglífico. ¡Más no! Ducha fría, a más de un nivel.

 

Con una molesta sensación que dejo de momento en  segundo plano, comemos algo rápido y sigo la ronda…cojo todas las horas de la tarde y las distribuyo de manera que se alarguen y dupliquen para que me llegue el tiempo que necesito. Prácticamente todo conseguido sonrío por el puerto de vuelta al coche. Tenemos cena, así que retomando la anterior sensación inquietante, me doy un baño maravilloso en el cálido mar de esta tarde y sinceramente, paso de ducharme.

 

Mientras disfruto de la cena de despedida, me quedo mirando a las personas que me rodean…y que he conocido durante estos meses. Pienso en esa forma de mirar lo que me rodea, como por encima, y la diferencia a cuando detengo la mirada sin tiempo, y comienzo a ver verdaderamente lo que tengo delante, cerca o lejos. Mirar de esta manera a un ser, amigo, amiga, es extraordinario…se despejan las primeras capas en que las mil y una cosas cotidianas giran a una velocidad de vértigo, para ir llegando a ese lugar interior, receptáculo de los sentidos, acomodado en la inspiración vital de ese ser. Me gusta ese momento. Saber que aun hay más y más que descubrir de esa persona. Desentrañarlo. Y reconocerla con su propio esplendor.

Mientras volvemos a casa, disfruto de este descubrimiento. Pienso en cuantas personas quiero “mirar” de esa manera. En lo importante de conceder ese espacio. Del riesgo de transformar mi percepción…una nunca sabe hasta donde puede llegar, dado lo ilimitado de los seres…

¡SI!

 

La noche esta increíblemente bella y tranquila. Es en esa quietud en la que me despido de la tierra, del mar, del cielo inmenso de estrellas…de la gente querida, amada, disfrutada.

 

Solo me quedan unas horas y mientras doy vueltas en la cama intentando adormecerme, pienso en que quizá esa misma mirada  sirva para manejarse una con grifos alemanes o ingleses, vendajes inadecuados, confusión de llaves y coches y…todo ese mundo que a veces me desespera por su falta de sencillez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una sencillez, que en el fondo, me describe con precisión…