Diario de Verano. Por : Iasone Cañada. Otra Casandra. Por: María Cugat.

 Ha llovido tanto que la tierra esta exuberante en pleno julio, algo extraordinario en estas tierras. (Iasone Cañada)

Algo que le hace presentir y temer las heridas porque las recibió demasiado pronto (María Cugat)

Diario de Verano. Por : Iasone Cañada.

Los largos viajes en bus, permiten a mi mente y a mi cuerpo relajarse en un sinsentido magnifico…ningún otro quehacer que “ése viaje”. Al igual que el paisaje va pasando por mis ojos, circunstancias variadas lo hacen por mi memoria. Hoy decido quedarme con las que me abren una sonrisa y comprendo una vez mas, que el humor es un gran aliado. Debiera ser una asignatura que a lo largo de nuestras vidas, fuéramos haciendo nuestra en toda su grandeza. Es como una varita mágica que nos es permitido utilizar y con la que podemos obrar milagros…milagros cotidianos, si…pero milagros. Una situación ridícula o enconada, odiosa o triste, insuperable o atormentada, con un toque mágico, nos cambia el prisma en un giro imprevisible y de pronto se abre una nueva posibilidad…en nuestras manos, en mi mano está, utilizarlo o no. El humor es generoso y en cierta forma  invita a nuestros corazones a serlo. No siempre es posible desprenderse de una situación complicada, pero si iniciar un cambio a través del cual, esa situación pueda ser desenredada con menos dolor e incluso, con una picardía que lo desarme (al dolor).

 

Estamos llegando. Vuelvo mi atención a los asuntos rutinarios y viajeros. Último trayecto para llegar a mi objetivo. Ha llovido tanto que la tierra esta exuberante en pleno julio, algo extraordinario en estas tierras. Si cierro los ojos, el olor que desprende me recuerda a tantos momentos vividos aquí, que las emociones se abren y corretean por mi, sin ningún otro propósito que el de hacerme feliz. ¡que placer! Que años tan locos, creativos, solidarios, amorosos y revolucionarios…

 

Llego a primera hora del atardecer. Esta fresco. Reencuentro. Cuanta gente para abrazar….cuantas risas, palabras entrecruzadas, mas abrazos…mas risas.

 

Paseo por el pueblo, retomando el contacto. Hay un equipo de gente formidable reconstruyendo “Casa Ederrena”, quemada hace poco más de 2 meses… increíble el trabajo hecho…¡!

                                                                             

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otro equipo en la huertas. Me apunto. Hacía tiempo que no me entremezclaba con las cosas de la tierra y había olvidado la paz que me invade según pasan los minutos y voy haciendo.

                                                          

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hemos recogido las habas, y retirado la planta para preparar la tierra para el siguiente cultivo. Desgranarlas y congelar para el invierno. Nos hemos reído mucho…parece fácil encontrar las dichosas habas, pero mas bien diría yo que es como un escondite…así que repasar y repasar y siempre encontrar. El equipo “habas” llevó a cabo con éxito sus objetivos. Un equipo de varias lenguas: francés, euskera, alemán y castellano. Nos hemos entendido porque los gestos son maravillosos, expresivos y sencillos, porque al final, las cuatro palabras rescatadas de aquellos estudios ancestrales, resultan universales y porque queremos hacernos entender y comprender. El humor nos impregna y lo hace todo tan  liviano como el aleteo de las mariposas de verano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anochece suave. Los pájaros realizan sus últimos vuelos y los animales van volviendo cada cual a su nido, cuadra, bosque…al igual que nosotras.

Es el momento de juntarse y celebrar un nuevo día en el que tantas cosas han sido dadas, en el que tantas cosas han sido hechas.

Estar cansada físicamente es un estado que añoraba. Caer rendida en la cama y dormir profundamente, también. Un placer…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Amanece…siempre me impresiona sentir la belleza de la tierra, la luz, el silencio con que comienza un nuevo día. Esa quietud me parece, como el toque divino de la vida. ¿como podríamos vivir sin eso?. Los primeros ruidos a los que alcanzo, siempre son los pájaros…y luego el despertar del pueblo, poco a poco.

 

Un nuevo día se despliega para ser vivirdo y me dejo llevar, libre,  por el ritmo de este magnífico pueblo.

 

Otra Casandra.  Por : María Cugat

¿Qué diría si le dijera que tenía demasiado orgullo para exponerse, para derramarse en el papel, qué nunca contestará a su petición? Pero le aseguro que merece toda su atención.

 Infancia misteriosa, ella piensa que tuvo una hermosa infancia, una infancia fresca y soleada, y al mismo tiempo una infancia romanesca, con guerra y dictadura en el otro país, y todo sin que ella pudiera hacer nada, tenía tres años. Algo que le hace presentir y temer las heridas porque las recibió demasiado pronto y que le da cierta confianza en el camino porque salió de ello,

 Piensa que  odiaría vanagloriarse de tan tristes circunstancias, pero bien sabe que le gusta cuando la llaman “pequeña Pasionaria” y al mismo tiempo se pregunta “si sólo soy eso, lo que mi sangre arrastra, ¿qué soy? ¿dónde estoy? ¿no hice nada?”,  sabe muy bien que es eso y muchas cosas más, sabe que se fue construyendo y se fue destruyendo, que se juró un día llevar su  vida como un hombre, que nunca la depositaría para siempre en las manos de otro, abdicando su capacidad de decisión, lo sabe y sabe que deseó lo contrario.

( Casandra. Evelyn Morgan)

Pensaba a menudo o siempre que sus decisiones eran las mejores. Anunciaba lo que se tenía que hacer, no sólo en el interés de la comunidad, sino a cada cual en su vida privada, pero en lo concerniente a su propia vida, vacilaba, dudaba, y una mañana se despertaba y la decisión estaba allí, lo llamaba su fatalidad. Vacilaba, dudaba, sufría pero aplicaba lo que había decidido y lo cumplía a rajatabla. Un día se dio cuenta de adonde le había llevado, se había llevado ella misma.

 Hubiera querido tener un hombre, un hombre a su lado, un hombre verdadero en cuyas manos apoyarse, depositar su carga entera para serenarse y coger ánimos, cada mañana y cada noche. Pero supo que  los hombres también desean  tranquilizarse, apoyarse: Un instante cuando el hombre recae sobre el vientre de la mujer, y no puede moverse, y se abandona y el que la mujer tiene en los brazos, lo tiene entero, un niño hecho de carne y de sangre y no un bronce acorazado. Nada de un Hércules en ese momento, un Eros ciego y frágil cuya flecha se rompió. .

 Hubiera querido tener hijos. Estaba hecha (caderas anchas, redondo vientre, gran capacidad de amar…)  para tener hijos. Ahí también la decisión había caído, venida de cualquier parte, inspirada por no se sabe que dios: Encinta de seis semanas, hemorragia, fibroma, embarazo extrauterino, operación, histerectomía. Hasta siempre.

 Siguió tomando decisiones, las mejores decisiones, es decir las menos malas, siguió viviendo.