El Abanico en España. III. El Siglo XVIII. Por: Virginia Seguí.

 

El abanico francés, el italiano, el abanico galante, el que adorna y el que provoca, su representación visual, su sentido, las formas que adopta el abanico, las diferencias entre unos abanicos y otros, las pinturas del abanico; todo ello se estudia en este llamado siglo de oro de este objeto de adorno, durante el siglo XVIII en España.

El Abanico en España. III. El Siglo XVIII. Por: Virginia Seguí.

El denominado siglo de las luces trajo a España una nueva monarquía, tras la guerra de sucesión, en la que se enfrentaron las dinastías europeas de más rancio abolengo, y pese a las discordancias de las provincias catalanas, aragonesas y levantinas; que se materializaron en revueltas y levantamientos; Luis XIV proclamó, en Versalles, a su nieto: Felipe de Anjou, rey de España el 16 de noviembre de 1700 y éste entraba en Madrid, el 14 de abril de 1701, (Fig.1) para tomar posesión del trono como Felipe V. Pese a tratarse de una monarquía absolutista, su mentalidad estaba imbuida del espíritu del siglo y las luces de la razón generaron un cambio, sin duda reformista, respecto a la tradicional política de los Austria. Los Borbones apoyándose en españoles ilustrados como Feijoo, Mayans, el Marques de Santa Cruz, Goyeneche, el Conde de Aranda, Patiño o Macanaz, modificaron el clima político general; aunque esta tendencia, a medida que avance el siglo, tendría que matizarse.

( Fig. 1. Entrada de Felipe V en Madrid)

Respecto al tema que nos ocupa; la actuación de los Borbones tiene una doble vertiente ya que por un lado favorecieron las importaciones de abanicos franceses, por ello algunos expertos indican en sus estudios que en España, durante esta época cesa la fabricación de abanicos. Mientras por otro su formación colbertiana les hizo potenciar la creación de industrias y manufacturas, en un intento de aumentar la producción interna, con vistas a cubrir el mercado nacional y favorecer e incrementar las exportaciones con los excedentes; así pues probablemente sucedieron ambas cosas ya que es posible que inicialmente y, mientras esta segunda medida conseguía el consenso e inversiones suficientes para llevarse a cabo existiera un desequilibrio en favor de los abanicos franceses. Aunque la importación no fuera exclusamente del país transalpino, sino que también llegaban italianos y del Lejano Oriente. (Fig.2)

 (Fig. 2. Vendedora de amorcillos. Aguada. Piel de  Cisne.

Sglo XVIII. Italia)

De hecho, Ezquerra del Bayo, en su estudio sobre los abanicos españoles, indica que un arancel para la renta de 1709 especificaba: <Abanicos ordinarios de bananilla, tafetán, gasa o papel con pinturas y varillas de hueso, de caña, barba de ballena o madera en surtimiento, cada docena a 170 maravedís> y en otro apartado posterior incluye también otros de gasa con mezcla de plata y varillas de marfil, caladas y embutidas a 400 maravedís la docena, y los de filigrana que se recargaban según tasación individual; el precio de los países sin plegar, de tafetán o bananilla, era de 24 maravedís. La temática que menciona para la decoración de los países es sobre todo mitológica o escenas de historia antigua griega o romana, como puede apreciarse en el ejemplo elegido que representa la liberación de Timoclea por Alejando Magno (Fig.3); aunque con el transcurso del siglo se fueron cansando de estos temas tan solemnes y comenzaron las decoraciones más cercanas en el tiempo como las escenas galantes, más adecuadas al gusto y la moda rococó del momento en la que triunfaban pintores famosos como Boucher, Watteau, Lancret, o Fragonard, etc. pudiendo verse países representando las típicas fiestas campestres o escenas galantes que tenían lugar en los jardines del amor existentes en los palacios y parques de la época. Los idilios pastoriles, el juego, la música, en fin representaciones reales de la sociedad contemporánea; y en este sentido también encontramos eventos importantes de la historia, en una palabra se produce la actualización de los temas igual que sucede en la pintura.  (Fig. 4)

  ( Fig. 3. Liberación de Timoclea por Alejandro)                   ( Fig. 4. Nacimiento del Delfín)

 

 

 

 

El siglo XVIII es considerado la Edad de Oro del abanico. Joseph Addison en su revista The Spectator, en un ensayo satírico sobre una supuesta academia que se dedicaba a adiestrar señoritas en el uso del abanico, pone de manifiesto la creciente importancia que iba adquiriendo, su uso, manejo y lenguaje, diciendo que era como el arma femenina y que una mujer sin abanico se encontraba tan incómoda como un caballero sin espada. Y es cierto que las damas lo convirtieron en su complemento ideal; Mme. Staël también comenta sobre el dominio, que tenían para manejarlo lo cual era además considerado un signo de distinción. Cabría hablar también de las crecientes críticas sobre el lujo y sobre la actuación de la mujer, y el tipo de vida que, en general, llevaban la mujeres dominadas por las banalidades y exigencias de la moda, costumbres trasvasadas de la sociedad francesas denominadas cortejo o  chichisbeo, propio de petrimetras, petimetres o madamas y currutacos. (Fig.5-6)

 ( Fig. 5. Madama de Nuevo cuño.    

Museo Municipal  )                                    ( Fig. 6. Conversación Galante. Goya. 1776)

 

 

 

 

 

 

                                                                           (Fig. 7. Plaza Mayor. Madrid. Boda Príncipe de Asturias)

A esto hay que añadir que fue durante  el siglo XVIII cuando se democratizó su uso llegando éste a las mujeres de todas las esferas sociales, convirtiéndose en un objeto imprescindible en su ajuar femenino; poniéndose de moda, incluso, el llamado: abanico de boda, con los retratos o las iniciales de los contrayentes decorando su país, y fue un regalo habitual para sellar el compromiso matrimonial, otras veces la novia distribuía abanicos entre sus damas de honor, costumbre que perduró hasta principios del siglo XX. Con motivo de unas bodas reales se realizó un abanico cuyo país se conserva en el que se representa la fiesta de parejas ofrecida con motivo del enlace del Príncipe de Asturias, el futuro Carlos IV, con María Luisa de Parma, mientras que su reverso contiene el inicio del viaje de la Princesa desde el puerto de Génova a España para casarse. (Fig.7)

 ( Fig. 8. Familia de Felipe V. VanLoo )

Isabel de Farnesio, segunda mujer de Felipe V, (Fig.8) italiana de origen y gran aficionada al arte y a los abanicos reunió una gran colección en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, decorando sus aposentos con algunos de los países más destacados. Abanicos que al parecer se pusieron a la venta por medio de almoneda pública en 1768 tras su fallecimiento y según los datos de su testamentaría la colección constaría en total de 1636 abanicos. Durante esta época los expertos citan algunos nombres significativos en la realización de abanicos como Francisco de la Vega, aragonés de origen, que realizó por encargo de la reina bocetos que recogerían escenas de la campaña de Italia.

 

 

 

                                                                                     ( Fig.9. Maria Luisa de Parma. Mengs. 1765)

Almela Mengot en su estudio sobre los abanicos valencianos menciona la existencia de gremios de abaniqueros en Aragón, indicando que los primeros gremios en el sector se crearon en Paris estando fechados sus estatutos en 1714, mencionando sus inicios con la figura del pintor Bartolomé Abella, y siguiendo la tradición la existencia de fábricas de abanicos en la zona, que irían en aumento con el inicio del siglo, sobre todo tras la guerra de la Independencia. Mencionando la existencia de una Real Fábrica de Abanicos en Valencia que destacó por su iluminación con motivo de la visita que el rey Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma realizaron a la ciudad en 1802. (Fig.9)

 

Por últimos centrarnos en la democratización del abanico al que tuvieron acceso todas las capas sociales; como podemos apreciar en las diferentes obras que nos muestran la vida y costumbres del pueblo.

Los expertos mencionan este hecho indicando que eran populares en casi toda España, existiendo mención expresa de ello en la mayoría de las provincias, incluidas pequeñas villas como la de Calañas en Huelva, desde luego en Madrid, Larruga y Cavestany hablan de una fábrica establecida en la Red de San Luis hacia 1784, que además de realizar abanicos tenía por objeto enseñar el arte, destacando uno de sus alumnos llamado Mañer que poco después se independizó poniendo un taller en la calle del Carmen. También se mencionan artistas extranjeros que se trasladaron a España como el francés Eugenio Prost quien acompañado de su mujer, instaló un taller en la calle del Olivo Bajo dedicándose ambos la fabricación de abanicos. El cartón para tapiz realizado por José del Castillo bajo el título El abaniquero, demuestra que había incluso vendedores ambulantes recorriendo las calles y pueblos vendiendo abanicos a gentes de toda clase y condición. (Fig.10)

  ( Fig. 10. El Abaniquero. Del Castillo)

Lo mismo parece desprenderse de otros cuadros, en los que aparecen escenas del pueblo madrileño en ferias, mercados, y otras escenas de la vida cotidiana que fueron captadas por algunos artistas y que nos permiten comprobar lo manifestado. Un ejemplo característico podría ser la obra de Francisco de Goya y Lucientes conocida como El quitasol, realizada en 1777, en el que la joven representada porta en su mano derecha un abanico, mientras un galante majo le sostiene la sombrilla protegiéndola del sol. (Fig. 11)

 

Y por último mencionar algunas obras de José Bayeú, pintor de corte y de cartones para tapices en la Real Fábrica de Tapices creada por los Borbones, reflejan su uso en escenas de la vida cotidiana, como sucede en: El paseo de las delicias, donde podemos ver las actividades del pueblo madrileño en sus días de asueto. O bien otra de sus obras esta vez, convertida ya en tapiz, y conservado e instalado en el Real Monasterio del Escorial bajo el titulo: El toro enmaromado, en el que con motivo de una costumbre tan popular como los toros vemos algunas majas haciendo buen uso del abanico. (Fig. 12-13)  

                                    

                             

     ( Fig. 11. El Quitasol. Goya)                                                                

 

 

 

 

 

 

 

 

  ( Fig. 12. El Paseo de las Delicias. Bayeu)                 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 ( Fig. 13. Toro enmaromado. Tapiz. Bayeu)