Yasmine Levy. La voz más hermosa de Shefarad. Por Alfredo Rodríguez Iglesias

Yasmine Levy viene de una familia muy enraizada en la tradición sefardita, ya que su padre, Yitzhak, fue un gran estudioso de esa música de la que logró reunir un ingente trabajo recogido en 10 libros con canciones religiosas y 4 de temática profana.

Yasmine Levy: la voz más hermosa de Sefarad. Por : Alfredo Rodríguez Iglesias

Con tan solo tres discos a sus espaldas, está israelí nacida en Jerusalén en 1975, se ha convertido en la voz llamada a renovar el canto ladino, esas canciones que los sefarditas se llevaron de la península Ibérica en su diáspora por el Mediterráneo después de su expulsión en 1492, y que se cruzaron con los sonidos y las lenguas de los países que los acogieron. 

 

Yasmine Levy viene de una familia muy enraizada en la tradición sefardita, ya que su padre, Yitzhak, fue un gran estudioso de esa música de la que logró reunir un ingente trabajo recogido en 10 libros con canciones religiosas y 4 de temática profana. Su madre, Kochava, era una cantante que dejó su carrera cuando se casó, y que después de enviudar (cuando Yasmin era aún muy niña) la fue recuperando poco a poco. Yasmin no parecía llamada por el camino de la canción ya que su ambición pasaba por estudiar veterinaria, y tenía la música más como un complemento educativo que como una profesión para el futuro.

Durante 12 años estuvo acompañando a su madre como pianista, pero no sería hasta que viaje a Sevilla para estudiar flamenco (para ella España es su segunda casa), cuando descubra que podía ser cantante. Ella lo cuenta así: ” Mi profesora de flamenco me pidió un día que cantara, y yo le dije que no podía porque no había cantado nunca. Ella insistió y yo abrí la boca por vez primera y ahí descubrí que era una cantante”.

Su primer disco, Romance & Yasmin lo grabaría en el año 2000, con el que ya logró estar nominada en los premios que concede la BBC dentro del apartado de World Music, y lo mismo le ha ocurrido con sus dos trabajos posteriores, La Judería (2005) y Mano Suave (2007). Entremedias de éstos dos últimos, en 2006, grabó un disco en directo titulado Live at the tower of David, Jerusalem.

Yasmin Levy introduce en su música elementos novedosos, que han supuesto una auténtica revolución en la sonoridad de unas canciones que ya tienen más de 500 años de historia, ya que introduce instrumentos como el oud, el violín, el cello, el piano, e incluso el cajón peruano. Pero lo que más destaca, y es lo que le da a sus canciones un poso aún más profundo del que tienen esas letras con más de 500 años de antigüedad, es la forma de cantar del flamenco, demostrando que pueden fusionarse ambos elementos para conseguir un hermanamiento del que sólo pueden salir buenos frutos.

Algo a lo que también contribuye significativamente, el hecho de que se haya rodeado de una banda en la que conviven músicos de procedencias diversas como Irán, Armenia Egipto, Grecia, Portugal, Chile y España. Eso ya habla del componente multinacional, multiétnico y multireligioso que consigue aunar esta cantante en cuya voz se dan cita todas las esencias del Mediterráneo, esa cuna de culturas durante milenios, que, como su nombre indica, está en el medio bañando costas que la música hermana más allá de otro tipo de diferencias.

En su último disco, Mano suave, nombre que toma del segundo de los cortes y en el que sobre una melodía beduina suenan las palabras escritas por Zalman Shnior que dicen: Ay, mano suave tenía / A tocarla, nadie se atrevía / Ay, madre, a tocarla, nadie se atrevía / Su alma le entrego / El corazón entero / Ay madre, el corazón entero. Un disco en el que los sonidos del sur de España y sus formas de cante, cobran un protagonismo especial dentro de un conjunto que brilla por unas letras de amor y de desamor, la mayor parte de ellas sacadas de la tradición sefardí.

Una voz a seguir.