Kronos Quartet: Por Alfredo Rodríguez Iglesias

La andadura de este grupo se inició en 1973, después de que Harrington escuchara la obra de George Crumb titulada Black Angels, un alegato en contra de la guerra de Vietnam que incluía instrumentos como los vasos de cristal, partes recitadas y múltiples efectos electrónicos.

Kronos Quartet. Por :Alfredo Rodríguez Iglesias

Asistir a un concierto de ese cuarteto que a simple vista parece un cuarteto de cámara más de los muchos que hay, tiene (y lo escribo así porque nunca he tenido la oportunidad de escucharlos en directo) que ser una experiencia irrepetible. Probablemente sea la única formación del mundo que es capaz de ofrecer un repertorio que incluya ritmos africanos, canciones suecas o iraquíes, aires de tango o de música andina. Vamos toda una orgía para los oídos.

Ya son más de 30 años de carrera los que lleva recorrido este original cuarteto vinculado con la etiqueta del minimalismo musical, estilo dentro del cual han trabajado con sus representantes más cualificados como Steve Reich, Philip Glass o Kevin Volans. No me voy a extender más en la nómina de músicos con los que han trabajado porque sería interminable y recorre los cinco continentes.

El cuarteto está formado por su fundador David Harrington, violinista igual que John Sherba, el viola Hank Dutt y el cellista Jeffrey Zeigler, quien vino a sustituir a Jennifer Culp en el año 2005. La andadura de este grupo se inició en 1973, después de que Harrington escuchara la obra de George Crumb titulada Black Angels, un alegato en contra de la guerra de Vietnam que incluía instrumentos como los vasos de cristal, partes recitadas y múltiples efectos electrónicos.

Así empezó el camino que ha convertido al cuarteto Kronos en uno de los estandartes de la música contemporánea convertidos en intrépidos exploradores de todo tipo de sonoridades, además de expandir hasta límites insospechados las fronteras de los cuartetos de cuerda. Son más de 40 las grabaciones que han realizado a lo largo de su carrera, y en todas ellas demuestran estar en posesión de una vitalidad extraordinaria y de una creatividad sin fronteras. En su repertorio se dan la mano compositores clásicos del siglo XX como Bela Bartok, Shostakovich o Weber, con los creadores contemporáneos, gente del mundo del jazz, y otros artistas de muy diversas procedencias musicales. Además, podemos escuchar su música en las bandas sonoras de películas como Requiem for a dream, 21 gramos o Heat.

La música de este peculiar cuarteto necesita de varias escuchas para ir extrayendo de las piezas todo lo que éstas pueden aportar, y armarse de valor para adentrarse en unos esquemas musicales que requieren dosis de curiosidad y de un espíritu inquieto (al menos tan grande como el que anima al grupo) y con ganas de descubrir cosas nuevas y de ofrecer a sus oídos nuevas sonoridades.

Uno ha ido siguiendo un poco a salto de mata la larguísima lista de trabajos discográficos del grupo, y según voy escribiendo estas líneas son dos los discos que me van viniendo a la mente de una forma constante, y que son dos claros ejemplos de la disparidad de sonoridades que caracterizan al cuarteto. El primero es la intervención que tienen en Different Trains (1988), y el segundo cuatro años después, Pieces of Africa.

Different Trains comparte protagonismo discográfico con el Electric Counterpoint en el que interviene un extraordinario Pat Metheny, y se trata de un tema musical dividido en tres partes: America – Before the war, Europe – During the war y After the war. La inspiración para este tema le vino a Steve Reich de su infancia cuando, debido a la separación de sus padres (su madre se fue a vivir a Los Ángeles y su padre se quedó en Nueva York), entre 1939 y 1942 cruzó en multitud de ocasiones los Estados Unidos viajando en tren junto a su institutriz. Con el paso de los años empezó a pensar que esos viajes no hubieran sido posibles si hubiera estado viviendo en una Europa que se desangraba en la Segunda Guerra Mundial, además de su condición de judío que le hubiera puesto las cosas más que difíciles, y hubiera sido posible que hubiera tenido que cruzar el continente en otro tipo de trenes muy diferentes. Con eso en la mente, grabó testimonios de personas que hacían el costa a costa en tren en aquellos años, a su institutriz y a personas que sobrevinieron al Holocausto, a lo que unió grabaciones de trenes de aquella época y sobre todo ello, los acordes del cuarteto Kronos, para componer una pieza que contiene momentos de una emoción superlativa, y que consigue transmitir de una forma perfecta las distintas sensaciones que da título a cada uno de los movimientos.

Pieces of Africa es un disco totalmente de Kronos Quartet, en el que dan su peculiar versión de temas de músicos del continente negro como Dumisani Maraire, Hassan Hakmun, Foday Moda Suso, Hamza el Din, Obo Addy y el sudafricano, Kevin Volans, uno de los grandes compositores minimalistas. De los 12 temas que dan cuerpo al disco, el que consigue momentos realmente especiales, es Mai Nozipo (Madre Nozipo) un hermoso tema musical que Dumisani Maraire dedica a su madre después de su muerte; mientras que el de mayor complejidad probablemente sea White Man Sleeps (El hombre blanco duerme) de Kevin Volans.

Dos claras demostraciones de que a este cuarteto no hay estilo musical que se les resista.