La memoria y los sueños. Recordando a Luis Buñuel: por Virginia Seguí

     

 

            Y es cierto que la obra de Luis Buñuel está directamente relacionada con los sueños, aunque, en mi opinión, éstos no tendrían la relevancia que tienen si no entraran en convergencia con su capacidad de relacionarlos con sus vivencias, es decir con su propia memoria.

 

 

(Fig. Retrato de Buñuel. Salvador Dalí.1924)

 

 

La memoria y los sueños. Recordando a Luis Buñuel. Por: Virginia Seguí

Sí me dijeran te quedan veinte años de vida, ¿qué te gustaría hacer, durante las veinticuatro horas  de cada uno de los días que vas a vivir?, yo respondería: dadme dos horas de vida activa y veinte horas de sueños, con la condición de que pueda recordarlos; porque el sueño sólo existe por el recuerdo que lo acaricia.”

Con estas palabras Luis Buñuel expone en sus memorias: Mi último suspiro; una de sus mayores fuentes de inspiración, en su trabajo; de hecho, también comenta él mismo que en cierta ocasión le dijo a un director mexicano, con el que estaba rodando una película, que si una vez acabada les parecía que quedaba corta metería un sueño; y quizás cuando hablaba de los sueños, no sólo se refería a los muchos que tenía mientras dormía, que luego era capaz de recordar y reelaborar; sino también a algunas ensoñaciones que le invadían en algunos momentos del día cuando, sobre todo si estaba sólo y retirado en algún lugar agradable –que muy bien pudiera ser un bar, que a diferencia del café es un ejercicio de soledad– pues bien, allí en uno de aquellos bares que reunían el recogimiento, la oscuridad, la comodidad necesarias y, eso sí siempre que se haya desterrado toda clase de música; con pocas mesas y con una clientela habitual pero poco comunicativa y en el que se pudiera degustar un dry-martini muy seco realizado naturalmente con un <Noilly-Prat>, entonces, era cuando las ensoñaciones le invadían y pasaban a formar parte de sus sueños, a la vez que de su memoria. Su amigo Jean-Claude Carnrière, solía dejarle unos cuarenta y cinco minutos en el bar del Hotel de Paular, en las proximidades de Madrid, ahora bien siempre y cuando después le contara alguna historia, naturalmente producto de estos momentos de ensoñación. Buñuel lo comenta como una obligación por su parte, y dicha historia podía ser, corta o larga, relacionada o no con el guión en que trabajaban y ser cómica o melodramática, sangrienta o seráfica. Lo importante era contar algo.    

(Fig. (1977.Zurzido para, Ese oscuro objeto de deseo)

Y es cierto que la obra de Luis Buñuel está directamente relacionada con los sueños, aunque, en mi opinión, éstos no tendrían la relevancia que tienen si no entraran en convergencia con su capacidad de relacionarlos con sus vivencias, es decir con su propia memoria. En estos últimos años de su vida es cuando su amigo Jean Claude le ayuda a escribir sus memorias, ya que <él no es hombre de letras>, y Buñuel nos habla, en ellas, de lo que era, en aquellos momentos, quizás su mayor preocupación: la posibilidad de perder la capacidad de recordar ya que consideraba que de ser así perdería su identidad; había sido capaz de reconocer en sí mismo el olvido de los sucesos recientes, de los nombres de amigos o de las cosas cotidianas con las que convivía, tal cómo le sucedió a su madre, y esto le angustiaba, por ello tomaba algunas medidas para retomar sus recuerdos si realmente los perdía; por ejemplo, tenía lo que él llama El libro de los muertos; es decir un cuaderno donde iba apuntando los nombres de sus amigos y sus fechas de fallecimiento; los del grupo surrealista llevaban una cruz roja y el año 1977-8 había sido fatal para ellos ya que desaparecieron en pocos meses: Man Ray, Calder, Marx Ernst y Prévert.

                                             (Fig. Fotograma. Un perro andaluz. 1929)

El mismo reconoce también, que fueron los sueños lo que le acercaron al grupo  de los surrealistas creado por Bretón, con el que entró en contacto entre 1925 y 1929 mientras estaba en París, en calidad de secretario de Eugenio d’Ors que había sido representante español de la Societé internationale de cooperation intellectualle. El Manifiesto surrealista proclama el surrealismo como movimiento literario, aunque en él se afirmaba que afectaba a todos los aspectos de las actividades humanas con miras a investigar y unificar la psique humana, acogiendo áreas hasta ahora desatendidas como los sueños y el inconsciente. El automatismo psíquico puro debía ser el auténtico funcionamiento del pensamiento y a través de él debía realizarse toda expresión ya fuera ésta oral o escrita; lo que extrapolado a cualquier actividad humana permite la inclusión dentro de la actividad surrealista de todas las actividades artísticas y de todas las facetas de la vida.

La estancia de Buñuel en la Residencia de Estudiantes había favorecido su relación e integración en el grupo de intelectuales que allí residía o la frecuentaba, formando parte él mismo de la Generación del 27, aunque su actividad artística se centró en el campo de la cinematografía. Y fue junto con uno de ellos, Salvador Dalí, con quien realizó el guión y el rodaje de su primer film surrealista: Un perro andaluz, en 1929, para realizarla pidió dinero a su madre y la primera visualización en público se realizó en el Estudio de las Ursulinas, y asistió la flor y nata del París vanguardista, mientras se proyectaba, Buñuel se situó detrás de la pantalla alternando tangos argentinos y pasajes del Tristán e Isolda de Wagner, y pese a los temores de autor, tuvo bastante éxito, consiguió venderla y, a pesar de  algunas denuncias en la comisaría, y dos abortos durante sus proyecciones, la película no fue prohibida.

A esta película le siguió, en 1930, La edad de oro, y para poder estrenarla tuvo que engañar a los censores mintiendo sobre el tema de su argumento, su proyección levantó las iras de la liga patriótica fascista que lanzaron tinta, agredieron a la audiencia, y destruyeron obras de algunos artistas surrealistas que se exponían en el exterior de sala; recibió insultos de algunos intelectuales cercanos a Buñuel como el ultraísta Huidobro y los pintores españoles Castanyer y Cossío, que trabajan en aquella época en París, lo que les distanció una temporada. En Estados Unidos no se estrenó hasta 1979.

En 1931 Buñuel, tras la proclamación de la República, regresó a España donde realizó una película documental: Las Hurdes (Tierra sin pan), en la que recogía fascinado el desamparo de los campesinos y su inteligencia natural; como era de esperar la visión de una realidad así volvió a crear polémica, Buñuel fue fichado y según pudo saber después en ella se hacía constar que se trataba de un depravado, morfinómano abyecto y sobre todo, como autor de Las Hurdes, película abominable, verdadero crimen de lesa patria. 

(Fig. Fotograma. Belle de Jour. 1966)

En fin, como puede verse Buñuel conseguía tanto con los sueños como con las realidades levantar pasiones, y eso siguió pasando a lo largo de toda su vida, con prácticamente todas la películas que realizó, ya que los temas que trataba eran polémicos en si mismos, temas considerados tabú como el sexo, la Iglesia, la sociedad, etc., en los que siempre están presentes sus sueños, sus realidades y su personalidad, siendo patente su anticlericalismo, pese a haberse educado en un colegio de jesuitas de Zaragoza, o precisamente por eso, y también aquello que  compartía con los dadaístas y surrealistas, un sentido destructivo contra cualquier aspecto de la vida burguesa convencional; por tanto su visión de los temas está tamizada por esta idea, y es precisamente en esos temas polémicos donde queda más patente; por ellos su obra siempre fueron, y siguen siendo, para la Iglesia y la sociedad convencional motivo de crítica y escándalo.

La filmografía de uno de los mejores directores de cine español es harto conocida y no continuaremos dando detalles sobre ella, y hoy día cualquiera lector interesado puede consultarla y acceder a la visualización de sus películas sin demasiadas dificultades y aunque él posiblemente no sería partidario de ello, hemos querido recordarle y rendirle este pequeño homenaje ahora que se han cumplido los veinticinco años de su muerte; nosotros, como a un amigo, también lo anotamos en el Libro de los muertos para no olvidarle.