Las Islas Canarias y las leyendas: por Alena Collar.

Viene a Referencias esta quincena un minoritario libro que sería bastante interesante tuviera más difusión, no solo donde se ha publicado.

Y digo que sería interesante para suplir dos faltas, una el desconocimiento que se tiene en el resto de España de la literatura insular y dos la poca notoriedad que le damos a los acontecimientos culturales cuando son de la llamada “periferia”.

El libro es una recopilación de Leyendas Canarias, del que se informó en Alenarte cuando se presentó.

La Antología de Leyendas Canarias, que así se llama exactamente, en su volumen 2, está editado en mayo del 2008 en colaboración con el Cabildo de la Palma, el de Lanzarote,el Ayuntamiento de Ingenio y el Centro de la Cultura Popular Canaria.

Recoge textos basados en leyendas de origen pre hispánico, mitos legendarios como el de San Borondón, o también de fecha mucho más reciente.

A través de un lenguaje recuperador de las raíces guanches, con términos propios de la Isla, con alusiones a su geografía, a sus costumbres, a su gastronomía, a sus moradores, y sobre a su épica de pueblo perdido, y humillado por los conquistadores, asistimos en los relatos de por ejemplo Emilio González Déniz ( con el relato bellísimo Gara y Jonay”), o Juan José Batista ( la muerte de Doramas) a todo un ritual de belleza, tragedia,  sueño y esplendor perdido que se levanta en un edificio uniforme para reflejar en sus espejos toda la inmensa cultura  y leyenda de Canarias.

No nos resistimos a copiar un muy breve fragmento de Tibiabin y Tamonante, obra de Juan Reyes:

“Desde lo alto de Tindaya la vista se perdía en una planicie casi imposible, abarcando desde el islote de Artabizannan, temido por la negrura de sus rocas y los inquietantes chillidos que procedían de ella cuando las bestias negras se cebaban en sus costas , hasta las blancas arenas de las playas elevadas del norte en las que la pesca comunitaria placía a todos, y al fondo la vecina isla de ondulados contornos. Pero se veía, sobre todo, el océano inmenso”.

 

Este tipo de literatura, insular, épica, recuerda en mucha medida las sagas irlandesas, o germánicas, el canto por un mundo perdido, por un tiempo idílico, por una edad de oro, cuando allá en las Islas sólo había pájaros y océano.

Bienvenido sea el libro y nuestro deseo de que se difunda en estas “peninsularidades” a veces tan cerradas para lo que viene de “fuera”.