Soy Bibliófilo. Por: Borja de Diego Lozano

 

Iré más allá: me considero bibliófilo. Yo no sabía que el término existía hasta que mi profesor de Movimientos Artísticos Contemporáneos me regaló un libro con este título o similar. (Borja de Diego)

 

Soy Bibliófilo. Por : Borja de Diego Lozano.

Me confieso lector. Es difícil, porque hoy está mal visto. Ya saben, el ejemplo de Beckham y Britney Spears. Perdón, perdón, que estoy anticuado: el ejemplo de Cristiano Ronaldo, los del Canto del Loco y Amy Winehouse. Una vez, leyendo una entrevista a un jugador de fútbol, a la pregunta “¿cuántos libros has leído a lo largo de tu vida?” contestó “ninguno”. El cantante del Canto del Loco, en una visita a una clase de Educación Secundaria, les dijo que era tontería estudiar porque acabarían con un contrato basura o en el paro (Educación para la Ciudadanía, sí señor).

Iré más allá: me considero bibliófilo. Yo no sabía que el término existía hasta que mi profesor de Movimientos Artísticos Contemporáneos me regaló un libro con este título o similar. Toda una obra de arte para los amantes de esto que es la lectura, un homenaje a los que mimamos nuestra biblioteca particular, a los que vamos en caza de esos entrañables bosques encuadernados

No obstante, entre la facultad, los trabajos y el movimiento cotidiano del mundo, también confieso que mis horas de lectura se han acortado mucho. He vuelto, como cuando niño, a leer antes de acostarme. sigo el ejemplo de Stephen King, cuando le leí que lee en los atascos. Al fin y al cabo, este que les escribe presume de haberse ventilado “Cien años de soledad” en un tren Sevilla-Barcelona. Salas de espera, autobuses, los pasillos de la facultad. Las ciudades esconden una gran cantidad de rincones ocultos para la lectura. Baja del coche, corre, cruza la carretera. Abre la puerta, salta dentro, coge cita. Y ahora espera, abre un libro y lee. Cualquier cosa. Ahora la literatura no está tan expuesta como antes. La gente corre por la calle (el tiempo es oro, vida, el tiempo es oro) y no hay tiempo para eso. Hay que aprovechar las pequeñas pausas, diminutas, que nos brindan los errores de la sociedad Neoliberal. Si habláramos de fútbol, diríamos los minutos de la basura.

Por eso, parece que la literatura se ha vuelto un acto clandestino. Hay bibliotecas, pero se va a estudiar. Leer (y confieso que aquí peco, no sé qué me pasa con las bibliotecas) está mal visto. De hecho, tengo un amigo que a veces se viene a la biblioteca de la facultad a leer a Cortázar. O a Borges. O a Monterroso. O yo qué sé. Todo el mundo se desgasta los codos, y él se ríe, llora, sufre…vive en continua expectación, rodeado de montones y montones de gente ocupada. Cruelmente ocupada.

Hay que hablar de crisis. La vida se nos escapa. Como decía Allen Zimmerman, basta con cortarnos el pelo, o las uñas. Sudar es una costumbre fúnebre. Y encima, para ese ritual inmortal que nos trae la literatura, tenemos que escondernos.