De Tarragona a Austerlitz. Por: María Cugat. Las Dos Guadalajara. Por: Issa Martínez

Desfilan los naranjales del valle del Ebro, más estaciones,  más cipreses, más naranjales, el mar  plateado y en calma hoy. (María Cugat)

Un viaje por España y México con un nombre común: Guadalajara. Dos paisajes distintos. Por Issa Martínez.

De Tarragona a Austerlitz. Por: María Cugat.

 Despedirse, decir adiós, y en realidad no escuchar, dejar las maletas, saludar a los conocidos, parecer atenta. El ojo graba vagamente el trajín de los viajeros, grupos que se paran y se separan., inquietud de los novicios, serenidad del veterano, el joven mal afeitado, intranquilo y solitario, la estudiante con su libro bajo el brazo, el anciano limpísimo con su traje rayado azul marino, deportivas en los pies y el saco de colores chillones prestado por su nieto, un anciano enternecedor.

 El tren llega, es el Mare Nostrum, el joven se lo hace confirmar. Abrazar. Tomar el equipaje. Subir. Imposible irse al asiento, arrancarse bruscamente. Quedarse en la plataforma, seguir hablando, encontrar algo más que decir para gozar aún de la luz, del aire, de los olores y los ruidos, dejarse invadir por las voces con el  acento tan particular, quedarse, quedarse con los que aún tienen los pies sobre la tierra natal, quedarse para siempre.

   ( Mare Nostrum)

Desfila la estación,  tan bella, el hibisco no tiene flores, el jazmín tampoco pero el aire huele a azahar. Después de los cipreses del cementerio, desfilan los naranjales del valle del Ebro, más estaciones,  más cipreses, más naranjales, el mar  plateado y en calma hoy. El tren y el mar juegan al escondite, tierra ocre de los olivares, cala azul y playa diminuta, canto estridente de las chicharras, balanceo armonioso de las olas. Despedirse, decir adiós. Más lejos el complejo petroquímico de Tarragona. Más lejos la estación de Tarragona coronada por el balcón de la Rambla, allá arriba asoman  las cabezas de los transeúntes. Más lejos el anfiteatro romano bañado por el oleaje.

 Adiós olivares, tierra ocre, calas, olas, espuma, cantos y canciones de cuna, reemplazado por la  plana geometría de los campings y caravanas, cien kilómetros de tiendas de campaña y de roulottes, el ejército disciplinado e impersonal de las grandes ciudades del Norte invade el país del sol.

                                                                                                                   ( Estación Tarragona)

 Huir de estos campos, no ir a su encuentro, volver atrás. Olvidar, dormir, volver al antaño. Nadar en un Mediterráneo  nuestro, únicamente mío,  perderse en el azul, ayer era inmediato, hoy hay que nadar y nadar, alejarse, nadar aún, de espaldas ahora, lejos, muy lejos, más lejos todavía, aquí, aquí no, más lejos, pasar aquel cabo, ya está, un poco de espuma corona la onda, salvo esta nota blanca todo es azul, los orígenes,

 Vano esfuerzo, de allende Pirineos, de allende Cantábrico, de allende Rin nos invaden e inevitables nos alcanzan.

 

 

 

 

 Traqueteo del tren, estaciones, ciudades, fronteras, pueblos, estaciones, campos, verde y aún más verde, sufrir la monotonía de todo este verde, verde hierba, verdes árboles, el suelo es verde y verde el horizonte, el cielo es gris, todo se vuelve gris, prado, bosques, prado, bosques, prado bosque, prado, bosques… Las ciudades dormitorio…. La estación de Austerlitz… Apearse, ir recto hacia delante,  mirar ante sí, no volver la mirada atrás.

 ( Estación de Austerlitz)                                                        

 

 

 

 

 

Las dos Guadalajaras. Por: Issa Martínez Llongueras.

( Catedral de Santa María)

Guadalajara la del Wad- Al- Hayara o la del “Río de las Piedras”. La de España. Con su Catedral de Santa María, su Palacio del infantado, su Plaza del Jardinillo, su Iglesia de San Ginés y su Plaza de Santo Domingo. Es la Guadalajara lejana, la del río Henares, la Guadalajara que no conozco, la distante…

 

Esta es la Guadalajara de Antonio Buero Vallejo, la de Tomás Camarillo. La que guarda en su memoria aquel Hostal del Reloj y la de Nuño Beltrán de Guzmán quien fundara su ciudad homónima en México.

Es muy poco lo que se puede decir de un sitio que no se conoce, pero que tomo como referencia para hablar de otra Guadalajara, la mexicana…

 

 

 

 

 

 ( Palacio del Infantado)                                                             (Puente sobre Río Henares)

 

 

 

 

 

 

Y aquí está, ésta es la Guadalajara de Jalisco, la de México. La Perla Tapatía. La “novia de Jalisco”, como en alguna canción popular se le conoce, y famosa también por la belleza de sus mujeres. Guadalajara es la segunda ciudad más importante después del Distrito Federal y, quizá, una de las más representativas en cuanto a su “mexicanidad”.  Algunos de sus municipios en el aspecto turístico más importantes son: Tlaquepaque, Chapala, Tonalá y Zapopan. 

  ( Tlaquepaque)

Tlaquepaque es el mayor centro alfarero de la República Mexicana. Significa “lugar sobre las Lomas de tierra barrial”. Nada como las bellas noches de ronda en Tlaquepaque, con sus mariachis y rondallas. Sus artesanías alfareras, en vidrio soplado y textiles, adornan sus portales mercantiles y cuenta con un interesante museo: El Museo Regional de Cerámica, en el que pueden admirarse un sin fin de piezas bellísimas.

 

 

 

                                                                                                                          ( Chapala)

Chapala se encuentra en la parte central de Jalisco y a poco más de 20 minutos del aeropuerto de Guadalajara. Chapala significa: “el lugar de búcaros u ollas pequeñas”. Y da nombre al lago más importante de México. Sus aguas son calmas, casi quietas. Cuenta con dos pequeñas islas: La Isla de los Alacranes frente a Chapala y La Isla de Mezcala -frente al poblado del mismo nombre-; en amabas se puede disfrutar de platillos extraídos de la laguna, especialmente ostras. Delicioso es el Carnaval del mes de febrero que inicia con el famoso “entierro del mal humor”, y sus carreras de burros y de meseros, magníficas charreadas y fastuosos carros alegóricos, así como bailes de disfraces divertidísimos. Este lugar de sueño que es la laguna de Chapala fue defenestrado por el hombre y se han hecho grandes campañas para resguardar el lugar con resultados muy positivos. Lo que es una gran alegría para los mexicanos y, especialmente, para los jaliscienses.

   ( Tonalá) 

Tonalá es típica por sus artesanías en barro, hierro forjado y papel mache, entre otros. De una belleza especial son sus enormes macetones pintados a mano y horneados que hacen la delicia de los patios y jardines. Así como bases para macetas de caprichosas y elaboradas figuras, vanos para ventanas, bancas para kioscos, marcos de espejos y un sin fin de artículos en hierro forjado. Son también hermosos adornos las figuras de papel mache en vistoso coloridos, desde bellísimas miniaturas hasta enormes figuras de todas las formas imaginadas. Tonalá fue fundada por los zapotecas. Cuenta con una bella vegetación compuesta de árboles nativos como el guamúchil, mezquite, huizache y el tepehuaje entre otros.

  ( Basílica de Zapopán)

Con el gran crecimiento de Guadalajara, el municipio de Zapopan se ha integrado prácticamente a la ciudad. En cualquier recorrido turístico no debe faltar la visita a la Basílica de Zapopan, con su famosa y milagrosa virgen de Zapopan, que no es otra que la representación de la Virgen de la Expectación y, cariñosamente llamada “La Generala” o “La Zapopanita”.

“La romería” es el nombre que recibe el peregrinaje anual que se lleva a cabo en la madrugada desde la catedral de Guadalajara hasta la basílica de Zapopan. Su festividad es el 12 de octubre (Día de la Romería) y, es una tradición que data de poco antes de la mitad del siglo XVIII. A un costado de la Basílica se encuentra el museo Huichol, en permanente exhibición del arte huichol. Digna de mención es la entrada al municipio de Zapopan con sus bellos arcos y fuente.

                                                                                                                       ( Teatro Degollado)

Volvamos a Guadalajara, a la ciudad, cuyo movimiento cultural está considerado como uno de los más fuertes de América. Importantísimas son sus festividades: La Feria del Libro”, “Las Fiestas de Octubre” y “El Encuentro Internacional de Mariachi y Charreria”. Guadalajara ha sido y es cuna de escritores y pintores, de actores y cineastas con representación internacional.

Su centro histórico palpita la historia de sus construcciones coloniales entre las que encontramos el famoso Hospicio Cabañas -galería de arte de uno de los más famosos muralistas mexicanos: José Clemente Orozco-; La Catedral, la Rotonda y la Biblioteca Iberoamericana.

Una de las más bellas construcciones -estilo neoclásico- es el Teatro Degollado con sus impresionantes columnas corintias, que abrió sus puertas al público un 13 de septiembre de 1866, con la ópera de Lucía de Lammermoor, de Gaetano Donizetti, interpretada nada más y nada menos que por Ángela Peralta, una de las más reconocidas sopranos mexicanas y, además, está considerada la sede de la Orquesta Filarmónica de Jalisco. Se ubica en la Plaza de San Agustín, uno de los más típicos lugares de Guadalajara, en los que el alquiler y recorrido en “calandrias” -carros tirados por caballos y adornados con flores de vistoso colores- es algo que nadie se debe perder. La Plaza Tapatía se extiende desde el teatro Degollado hasta el Hospicio Cabañas. Por supuesto que, nadie que visite Guadalajara, puede perderse de una magnífica estancia en La Plaza de los Mariachis”, con sus tabernas al aire libre y sus arcos: en donde se pueden degustar sabrosos platillos típicos – tortas ahogadas, pozole, tostadas, sopes, birria…-, acompañados de cervezas bien frías y de la más mexicana de las bebidas -el tequila-. Esto, desde luego, escuchando el Son de la Negra y vibrando con la incomparable música de los mariachis.