En la muerte de Mahmud Darwix; poeta nacional de Palestina.

 

Bienvenidos/as a Alenarte Revista en su número 35. Y primero de todo, disculpas por el retraso. Ahora podríamos decir eso de “causas ajenas a nuestra voluntad…”; pues no, porque unas causas han sido ajenas y otras nada de eso, pero bueno, ustedes nos comprenden, nos disculpan, vuelven, nos leen y hasta nos ponen comentarios que, dicho sea de paso nos gustan mucho.

Tenemos más de veinte mil. No comentarios (nos daría un mal yuyo si fuera así, sobre todo a la dirección, que va y los aprueba o no, según toque; todo el día con la teclita, caramba…), sino lectores/as.  Y eso, teniendo en cuenta que empezamos en febrero, que empezamos porque o volvíamos a empezar ( como en la película ) o nos quedábamos sin Revista, sin diversión y sin ustedes, que además por mucho que ustedes nos busquen no tenían la nueva dirección, y que encima hicimos reformas, pues mayormente es una buena cifra de lectores. Claro que esto de las cifras a veces por mucho que las expliques te siguen diciendo que es que cuentas mal…

O sea que está muy bien.

Y antes de decirles a ustedes que den a la teclita para seguir leyendo, quiero (y personalizo) hacer una referencia a los lectores: a menudo se envían comentarios con preguntas a los redactores/as de la Revista, tengo que señalar que la Revista no contesta en público comentarios. Los redactores/as habituales me hacen llegar – y así se lo transmito a ustedes- su agradecimiento por los comentarios, su alegría por saberse leídos y desde aquí queremos todos darles las Gracias. Pero la Revista no responde en público a las opiniones y/o preguntas que sus lectores trasladan. En ocasiones se ha facilitado el correo del emisor por si el aludido/a quiere responder en privado. Entiende la dirección de la Revista que esto no es ni un blog, ni un foro, sino un espacio para expresarse en un artículo y una vez hecho esto no se entra a más, pues la opinión ya se dio en el escrito.

Y ahora sí, si quieren pueden empezar acompañándonos en la memoria de un gran poeta Palestino.

 

 

Ha muerto el poeta palestino Mahmud Darwix.

 

Nacido en Birwa (aldea destruida por el ejército israelí en 1948),  Palestina, en 1941, exiliado de su tierra, el más representativo poeta de ella, ha muerto después de una vida dedicada a la tarea de recordar que la escritura también sirve  para liberar una patria.

Sometido a cárcel entre 1961 y 1970, por oponerse a la ocupación de Palestina,  a injusticias, autor de más de veinte libros de poesía, escritor de su propia autobiografía, ensayista, director desde 1981 de la Revista literaria árabe Al Karmel, receptor de premios tan prestigiosos como el Prize for Cultural Freedom, en el 2001, o el Premio Príncipe Claus de Holanda, en el 2004, Darwix se convirtió en la conciencia pública de un país, Palestina, sin reconocimiento oficial para vergüenza de muchos.

Su escritura es la escritura de alguien que tendrá para siempre la nostalgia de una tierra que le arrebataron por las armas, que habla del hombre común, de las cosas sencillas, del mundo perdido : “sobre esta tierra hay por qué vivir: los titubeos de abril, el olor del pan al amanecer, el amuleto que una mujer le da a un hombre, las obras de Esquilo, los comienzos del amor, la hierba sobre una piedra, madres en vilo por el hilo de una flauta, y el miedo de los invasores a los recuerdos” ( de su texto “sobre esta tierra“),  del dolor: ” pensaba- me dijo- que la patria era que yo bebiese a sorbos el café de mi madre y que volviera, tranquilo, con la tarde” ( de su texto “Un soldado que soñaba con azucenas blancas”) un poeta que escribe sobre lo cotidiano que tiene lo insólito de vivir alrededor de una cárcel, Palestina, y a veces con una ironía que sobrecoge:  ” En Jerusalén, esto es, intramuros, camino de un tiempo a otro sin recuerdos que me guíen. Allí los profetas se reparten la historia de lo sagrado… Suben al cielo y vuelven menos abatidos y menos tristes, pues el amor y la paz son dos santos caminos de la ciudad” (de su texto “En Jerusalén“)

Darwix murió el ocho de agosto, en un hospital estadounidense, a los 67 años de edad, pero nos queda su obra para recordar, a él, y a su patria.