Casarse hoy en España. Por: Emma Rosa Rodríguez.

 

Aquello de rascarse el bolsillo para pagarles a otros los caprichos es muy duro, caray. ( Emma Rosa Rodríguez)

Casarse hoy en España . Por :  Emma Rosa Rodríguez

 

Decididamente, en España, hoy los tiempos “cambian” que es una barbaridad.

Ya sé que la famosa frase dice que “adelantan”, que también podría ser, pero a lo que yo me refiero es hasta que punto cambian las ideas y los planteamientos. Claro es, que ahora somos más modernos que antes y más materialistas también.

Otra frase tan famosa y tan tópica es la de que ya está todo inventado. Pues va a ser que no, oiga. Que la picaresca española no ha rendido nunca sus pendones y sigue creciendo en imaginación y recursos.

Resulta que antes, pongamos cuarenta años atrás, cuando una se iba a casar hacía una especie de lista con los regalos que le apetecería tener, vamos, nada del otro mundo, la cafetera, la olla exprés, la plancha, etc. En fin, lo típico y necesario para terminar de montar el hogar porque las toallas, sábanas, manteles y demás ya se suponía que los tenía preparados. O sea, el ajuar que se decía entonces.

Después la cuestión ya se fue animando y para evitar que la gente te comprara las cosas por triplicado o llegaran a casa con jarrones horrorosos o lamparitas de noche que te quitaban el sueño con solo mirarlas, los novios se iban directamente a la tienda con la lista de bodas y elegían todo lo que les gustaba. En realidad, esto era lo más cómodo, así los invitados no tenían que quebrarse la cabeza pensando en qué comprar, simplemente entraban, escogían y pagaban un determinado regalo o, incluso, contribuían entre varias personas cuando el coste era muy alto.

Claro está que también estaban los que preferían regalar dinero contante y sonante para ayudar a los novios.

Y entonces empezó la moda de los sobres. Adiós a la cafetera, a la tostadora, a la olla exprés y a los jarrones, ¡menos mal!, y bienvenidos sean los sobres con los billetitos dentro para pagar el banquete, el viaje al Caribe y, si sobra, la cafetera, la olla exprés…

Pero, todo eso era antes porque la picaresca, ya se sabe, enseguida encuentra un agujerito por donde asomar y desarrollarse, sobre todo para quienes desean escaquearse, que aquello de rascarse el bolsillo para pagarles a otros los caprichos es muy duro, caray.

Y como quien hizo la ley hizo la trampa, los invitados esperaban hasta el día de la boda para entregar los sobres y entre el barullo que había y que iban sin firmar, en muchos casos los contrayentes se encontraban con la desagradable sorpresa de que los billetes eran de mentira, simplemente, papeles de periódico recortados.

Ante tan desastrosas consecuencias, sale a relucir otra vez, la picaresca, la imaginación o la inteligencia de los novios, y curándose en salud, como vulgarmente se dice, las parejas de ahora ya no hacen listas de regalos, ni tampoco quieren sobres con dinero, no, mire usted que eso está muy anticuado, oiga.

Ahora es todo mucho más práctico, más limpio y más rápido. Ahora los futuros esposos son los que dan el sobre a los invitados, y dentro, cómo no, la invitación a la boda con el lugar y la fecha del evento y en una esquinita, como quien no quiere la cosa y como si de una ONG se tratara, un número de cuenta bancaria para que usted ingrese el dinero que crea apropiado para mayor gracia, goce y gloria de los novios.

¡Hay que fastidiarse! ¡Con perdón! Yo me imagino a la parejita cada día yendo al banco a mirar cuánto y quien les ingresó los euros de marras. Y me pregunto: ¿Ahora cómo se escaquea uno?

Así que ya lo saben, a partir de ahora tengan cuidado con las visitas del cartero que no sólo de recibos viven los buzones…