Diana Krall: Jazz de Terciopelo. Por: Alfredo Rodríguez

 

No importa el disco que cojamos de esta pianista y cantante de origen canadiense. Nos encontramos ante la que muchos entendidos consideran como la mejor cantante de jazz de este siglo XXI, y una de las mejores de todos los tiempos, dejando en cada una de sus interpretaciones un sello absolutamente personal.

 ( Alfredo Rodríguez)

 

 

 

 

 

 

 

 

Diana Krall: Jazz de Terciopelo. Por: Alfredo Rodríguez.

 

 

No importa el disco que cojamos de esta pianista y cantante de origen canadiense, en todos ellos nos encontramos con una atmósfera tremendamente sensual, elegante, de una gran riqueza musical, una voz que te lleva a nada que uno se deje llevar por lugares tenues, escondidos, que la música de la Krall llena de encanto, de misterio.

Nos encontramos ante la que muchos entendidos consideran como la mejor cantante de jazz de este siglo XXI, y una de las mejores de todos los tiempos. Largo ha sido el camino que ha recorrido desde el pequeño pueblo de Nanaimo, en la provincia canadiense de la Columbia Británica. Allí, empezó a estudiar piano con 4 años en un ambiente en el que la música lo invadía todo; su abuela era cantante de jazz, y sus padres eran pianistas. Diana Krall ha recordado en algunas entrevistas como los domingos la familia al completo se reunía para interpretar temas clásicos de Nat King Cole o de Frank Sinatra.

Con esos antecedentes, Diana sólo podía ser intérprete de jazz, y no una cualquiera, sino una gran estrella. En el instituto se enroló en una banda de jazz y con 15 años la contrató un local de su pueblo para tocar el piano tres noches por semana. Eran años en los que todavía no había dado el paso hacia la parte vocal, y estaba centrada totalmente como instrumentista.

                                                                            

En ese local la escuchará el bajista Ray Brown, quien le ofreció ser su mentor y manager, iniciándose una larga relación que sólo terminaría con el fallecimiento de Ray Brown. Por su consejo, una joven Diana Krall, se muda a Los Ángeles con una beca del gobierno de Canadá en el bolsillo,  para estudiar piano con Jimmy Rowles, quien también la convencería para que empezara a cantar.

Una vez finalizado su permiso de residencia en los Estados Unidos, tuvo que regresar a Canadá, donde, en 1993, grabará su primer disco al que tituló Stepping Out, con el pequeño sello TCB, y acompañada por John Clayton y Jeff Hamilton. Ese disco acabaría por llamar la atención del veterano productor Tommy LiPuma (vinculado a gente como Joao Gilberto, Natalie Cole, la Streisand o Miles Davis) quien le produciría su siguiente disco Only trust your heart. Era el año 1995.

 

Desde ahí Diana Krall ha seguido una carrera imparable, repleta de éxitos a los dos lados del Atlántico, dejando en cada una de sus interpretaciones un sello absolutamente personal, logrando una fusión perfecta entre el sonido de su piano y el de su voz aterciopelada, todo puesto al servicio de un jazz elegante, intimista, ante el que es imposible resistirse.

El fallecimiento de su madre traerá como consecuencia uno de los mejores discos de la canadiense. Se trata de The girl in the other room, editado con Verve Records en 2004. Un disco en el que derrocha sentimiento y virtuosismo a partes iguales, ante el que uno siente una extraña empatía que emana de esos terrenos inexplorados que están más allá de la pura y mera racionalidad. En este disco Diana Krall cruza las fronteras entre los estilos musicales e incluye versiones de temas de artistas tan alejados del jazz como Tom Waits o Joni Mitchell, junto con temas habituales del bop o del swing, junto con seis temas compuestas por su marido, Elvis Costello.

Sensualidad elegante podría ser un apresurado resumen de la música de Diana Krall, una artista que ella misma reconoce que aún le quedan muchas fronteras por explorar.