Mulato-Mestizo en la Luna: Por: Carmen Amaralis.

 El lunes pasado me tocó ir a una reunión para tratar el tema del racismo en mi comunidad. ( Carmen Amaralis)

Mulato-mestizo en la Luna. Por: Carmen Amaralis.

Llevo tres días encerrada a voluntad. No quiero seguir dándome de cara con la maldad gratuita, estoy hasta la coronilla con la pobre actitud de la gente. El lunes pasado me tocó ir a una reunión para tratar el tema del racismo en mi comunidad. Los negros no quieren ser negros y en el censo todos contestaron ser blancos. Bueno, es que tampoco son negros-negros, muchos de nosotros somos mulatos, y otros muchos somos casi blancos, y otros casi negros, pero uno nunca sabe cuán blancos o cuán negros, simplemente una mezcla entrañable de colores que incluyen hasta genes de los chinos que vinieron a construir las vías ferroviarias. Nada, que después de mil argumentos sobre cuándo una persona debe ser clasificada blanca o negra, quedé devastada,hastiada, aburrida, indignada.

Regresé a la casa jurándome no volver al comité del censo el martes. Ese día me puse a pensar que el peor prejuicio no es el que sienten los blancos por los negros, sino el que siente un mulato casi negro por un negro. O sea el que siente un de ellos por ellos mismos.

Recordé el caso de una amiga muy querida mía que cuando llegaba visita a la casa, le pedía a su abuelita que se fuera a su habitación. No quería que sus amigos supiéramos que su abuelita era negra-negra, ella lucía blanca-menos negra, o sea, su gen negro quedó bien recesivo. Desde ese día dejó de ser mi amiga. Si yo tuviera una abuela negrita la adoraría, y le pediría que me enseñara a rezarle a Changó para conseguirme un novio fuerte y guapo, con rostro moreno y labios gruesos, que supiera besar bien.

De tanto estar encerrada en la casa todo el martes, decidí salir a dar un paseo el miércoles y tomar aire de mar. El yodo mezclado con el fósforo y el sonido de las olas todo junto tiene la capacidad de relajarme, y dejan una paz en mí que ni las bombas que caen ahora mismo en Irak me perturbarían el estado de nirvana en que quedo luego de dos horas caminando junto al Mar del Caribe, tibio y azul como los ojos de mi abuela.

Hoy es jueves, y debo entregar los resultados de la encuesta sobre nuestra raza y los prejuicios raciales. Estoy atrasada en los cálculos, he entrevistado más de doscientas familias en mi comunidad, y lo más interesante de todo es que aún no sé como calificar a los que en la trayectoria de estos últimos cien años de coloniaje por el imperio USA,  se han mezclado con los gringos rubios del norte. Esos sí que tienen un crical (crical= confusión total) en sus cabezas, y se sienten más norteamericanos que los norteamericanos, y lo más triste de estos individuos es que ni en USA, los continentales anglosajones les considerarían blancos del norte. Jamás de los jamases, siempre serán tratados como cerdos, sí, cerdos caribeños y nada más.

Si las fuerzas divinas me lo permiten trataré de terminar todo este embrollo mañana viernes. Tendré que reunirme de nuevo con los del censo y verificaré con ellos si mis conclusiones se acercan a lo correcto. Para el sábado tengo planificada una visita a un pueblo en las montañas. Allí existe una comunidad aislada que se llama Las Indieras.

( El Cacique Agüeybaná saludando a Ponce de León. Agustín Anavitate)

Según me han comentado, en esa comunidad las gentes son casi totalmente indios taínos. Estos se refugiaron en las montañas hace más de cuatrocientos años huyendo de las matanzas de los españoles, que los consideraban como animales, pues andaban desnudos, como Dios los trajo al mundo, sin ningún pudor, libres de mostrar sus genitales, y para los moralistas europeo, esto era indecente. A las hembras las vistieron y a los machos los esclavizaron o los mataron.

Los pocos que sobrevivieron se llevaron a sus familias a esas montañas y se defendieron con uñas y dientes, con flechas envenenadas y con piedras, pero no permitieron que los siguieran maltratando.

Pues el lío se me complica más todavía. Veré cómo se sienten esos indígenas después de quinientos años de mezclas y más mezclas: negro con blanco, negro con indio, india con blanco, indio con negra, y vaya usted a saber.

No veo la hora en que llegue el domingo y descanse de esta tarea que me ha llenado de ira, rabia, desilusión con mucha gente que no acaba de entender que somos una raza mestiza-mulata-criolla divina y que de todas esas mezclas nos ha surgido una selección natural insuperable, donde predominan las características más fuertes y bellas de esas cuatro razas (aunque no me guste, no puedo dejar fuera la anglosajona). Como resultado de esas mezclas somos gentes de piernas largas y finas como las de los negros, ojos rasgados y agudos como los de los indígenas, caras ovaladas con bocas sensuales y carácter recio como la de los europeos, y para colmo, pragmáticos como los gringos. Con razón de una islita de cuatro millones han seleccionado cinco Miss. Universos y tenemos ingenieros y astronautas llegando a la luna, no digo, a Martes (el planeta).

La verdad es que me siento maravillosamente bien siendo puertorriqueña y no cambiaría mi raza por ninguna raza pura del mundo.