Paul Newman: Tiempo para todo. Por: Alena Collar.

Un trabajador por la paz, comprometido con causas solidarias, humanista, que a través del cine interpretó a un abanico de seres humanos distintos.

 

 Paul Newman: Tiempo para todo. Por: Alena Collar.

Trabajó dirigido por Victor Saville en 1954, en su primera película, El Cáliz de Plata, otros directores que le eligieron  a él para papeles protagonistas o grandes secundarios fueron:   Robert Wise, Michael Curtiz,  Arthur Penn, Vincent Sherman,  Otto Preminger, Mark Robson, Alfred Hitchcock, Stuart Rosenberg, John Huston, Robert Altman, Sydney Pollack, Robert Benton y Sam Mendes en Ausencia de Malicia, su última película.

Se llamaba, claro, Paul Newman y su procedencia paterna era alemana, su madre descendía de Hungría.

Nació en Ohio en 1925 y ha muerto en Connecticut el 26 de septiembre del 2008.

Un trabajador por la paz, comprometido con causas solidarias, humanista, que a través del cine interpretó a un abanico de seres humanos distintos, complejos, solitarios, divertidos, originales, angustiados…como si quisiera representar la vida misma. Desde su primera película que él calificó de desastrosa, hasta la última, en la que hace un ejercicio de interpretación en el año 2002, con Camino a la perdición, basada en la novela gráfica  de Max Allan Collins del mismo titulo. Entre tanto, le dio tiempo a enfrentarse a la ciudad en 1959 en La Ciudad frente a mí, a crear el estado de Israel en 1960 en Exodo, a meterse en líos en 1963 como protagonista de El Premio, en medio de la ceremonia de los Nobel ( y a enamorarse de la chica mientras tanto, claro), a pasar el Telón de Acero en 1966 en Cortina Rasgada y estar a puntito de que se lo carguen, a recrear a Butch Cassidy en Dos Hombres y un destino en 1966 y convertirlo en leyenda,  a intentar salvar lo insalvable en El Coloso en Llamas en 1974 o a volver a ser un buscavidas en El Color del Dinero de 1986.

 

 

 

 

 

 

 Le dio tiempo a lo largo de su vida a enamorar a Joanne Woodward y compartir más de cincuenta años de amor, a ganarse el respeto del mundo del cine por su escaso interés por la fama y las bambalinas, por su reserva sobre su vida privada, por su apoyo a las reivindicaciones de sus compañeros de profesión.

Y…  también le dio tiempo   a que cualquier chaval quisiera ser Henry Gondorf en El Golpe y a que cualquier dama suspirara por los eternos ojos azules que se cerraron en otoño.