Carlos Fuentes y el localismo. ( La Voluntad y la Fortuna).Por: Alena Collar

Carlos Fuentes ha escrito un libro, que servidora no ha terminado aún, pero que, por las trazas, es una vuelta al tema que desde Terra Nostra le viene ocupando casi con desespero; México.

Y no quiere decir esto que el libro, La Voluntad y la Fortuna,  sea aburrido, pues el autor se ocupa y se preocupa de guardar primero la suficiente intriga como para hacernos seguir leyendo, y segundo la estructura personalizada, es decir, pretendidamente autobiográfica del protagonista, para conseguir del lector algo tan importante como la cercanía.

 

 

Si además a esto le añadimos las oportunas complicidades con dicho lector, los guiños, las llamadas de atención, el recurso a la reiteración de que esto es “verdad”, aliado al uso de un estilo de lenguaje brillante, curiosamente sin adornos pero sí con el adjetivo sorprendente o insólito, el cambio de registro idiomático a través del cual podemos analizar a los personajes, y el uso de la historia real como apoyatura del contexto, hay que concluir que tenemos una gran novela entre las manos.

Pero, siendo esto verdad, que lo es, hay una sensación con este libro- o al menos yo la tengo- de iteración, de vuelta al tema, de otra manera de contar lo que ya se nos contó en Instinto de Inez, en La Frontera de Cristal, en La Silla del Águila…la impresión, sí, de que, bajo distintos contenidos, con diversos personajes, en distintas geografías, siempre el monotema de Carlos Fuentes es la larga y dolorosa historia de México. Y eso, ya digo que puede no estar mal, pero una se termina preguntando si el autor no habrá reducido su mundo a un localismo, que, en todo caso, no es generalizable.