Benito Lertxundi, esencia vasca. Por: Mireia.C. Zubiaurre.

Benito Lertxundi es uno de esos cantautores que han sabido vivir su trayectoria musical de forma fiel a unos principios imperturbables y que como resultado han dado lugar a un repertorio musical que ha marcado una época. (Mireia. C. Zubiaurre)

 

Benito Lertxundi. Esencia Vasca. Por : Mireia. C. Zubiaurre.

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Le sacamos de ese cuarto oscuro en el cual conviven y rozan el anonimato aquellos músicos que no buscan el éxito rápido y el dinero fácil, los grandes espectáculos y aforos históricos. Buscamos un acercamiento que nos permita conocer un poco más el recorrido artístico de uno de esos grandes artistas que llevan, a pesar de los cambiantes y efímeros cánones del mundo musical, más de 40 años creando arte, investigando la historia y cultura de su pueblo, produciendo algunas de las canciones más emblemáticas e inolvidables del universo vasco y defendiendo su lengua, tan ancestral como agraviada. Todo ello mientras dejamos que la melodía nos envuelva, que el sonido antiguo nos transporte hasta tiempos lejanos, a tierras misteriosas, a lugares de cercanos ya ignorados. Dejamos que llegue la palabra con la que nos identificaremos, la canción que nos emociona, el paisaje que tan bien conocemos, los sentimientos que hemos vivido tantas veces a lo largo de nuestra vida, y comprobamos, felizmente, que tal descubrimiento proviene de una de sus obras más conocidas, una de esas que, quien más quien menos, sabe tararear o quizás cantar. Y entonces lo notamos y lo sentimos, que tras las falsas promesas y malos pasos, las palabras vacías y los años de condena, existe un punto en común, un lazo de unión.

 

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Benito Lertxundi es uno de esos cantautores que han sabido vivir su trayectoria musical de forma fiel a unos principios imperturbables y que como resultado han dado lugar a un repertorio musical que ha marcado una época, representado un estilo de vida, una forma de ser que, aún pareciendo cerrada a determinados sectores del público en general, ha acabado por enraizar firmemente en la cultura vasca haciendo harto difícil sustraerse de él, de su música, de sus inconfundibles canciones, de su profunda voz melancólica.

 

Nacido allá por el año 1942 en la pequeña localidad costera de Orio, (hoy en día presa como otras tantas a lo largo y ancho de Euskal Herria de los intereses del turismo, del desarrollismo y de una belleza exterior solo entendida a golpe de modernismo y lenta destrucción de la identidad cultural) tomó parte en los complicados años 60 y 70 en el nutrido grupo Ez Dok Amairu. Viejas canciones, poemas rescatados del olvido junto a instrumentos tradicionales vascos y celtas, aunque buscando siempre sonidos renovados y adaptados al tiempo presente, a las circunstancias del momento. Esta fue una constante que definió aquel movimiento conocido posteriormente como Euskal Pizkundea (Renacimiento Vasco) y que no ha abandonado su labor artística en estos más de 40 años de investigación histórica, cultural, literaria y musical.

Composiciones musicales de la Edad Media, mitología y misterio céltico, leyendas que nos remontan a batallas épicas, sonidos suaves que acompañan palabras escritas por poetas vascos de todos los tiempos…un estilo único e irrepetible.

 

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Desde aquel primer álbum “Oro laño mee batek” (Todo velado por la tenue niebla) ha habido tiempo para todo, para la reivindicación, para la defensa de su lengua materna, para sacar del olvido los rincones más exóticos de esta Euskal Herria a veces tan desconocida, para cantar a la libertad, a la belleza verdadera, al amor…y de hacerlo desde el intimismo propio de sus canciones, desde esos recitales ante aforos de reducidas dimensiones, en locales, teatros y lugares pequeños como pequeña es su patria, pero grande su pueblo como grande es su voz. Demasiado cercano para considerarlo de elitista. Y es que, independientemente de que guste o no, de que emocione, de que nos mueva a un momento de tranquilidad no forzada, ¿quién, entre las fronteras de este país no reconocido, no ha escuchado los sones lentos de “Bizkaia maite” (Bizkaia querida), de “Udazken koloretan” (En los colores del otoño) o de “Zenbat gera?” (¿Cuántos somos?)?

Han sido más, sin embargo, los que han abierto sus puertas al sonido inconfundible de Benito Lertxundi y su banda de músicos: Madrid, Barcelona, Zaragoza, entre otras ciudades españolas han querido escuchar a este poeta cantar en una lengua desconocida y difícil a oídos ajenos, sentimental y embriagador como pocos cantautores vascos.

En los años 1999 y 2000 recibe el Premio Sabino Arana por su labor a favor y defensa del euskara y la cultura vasca en general, así como la Medalla de Oro de la Universidad del País Vasco. Quizás su mayor premio sea el saberse reconocido y tan querido en la tierra a la que tantas veces y tan acertadamente ha sabido cantarle.

Este otoño ha visto nacer su último trabajo “Itsas uluzolia” (Sonoro gemido del mar), para comprobar que aún sigue siendo el mismo y que tras tantos años, algo tan recurrente como lo es el tema del mar continua siendo fuente de su inspiración.

 

“Herri neketsu hontan

polborazko lohitara

euskal semeak botaz

trintxeretako nekeaz

gure barne muiak ezituaz

ukatzen zaigun izatearen

funtsa lurrean errotuaz

mendez mende bagoaz”

(Askatasunaren semeei ) (1977)

 

“En este difícil pueblo

arrojando a los hijos

al lado de la pólvora

educando nuestros sentidos

en el cansancio de las trincheras

enraizándose en la tierra

la esencia que se nos niega,

vamos siglo tras siglo”

(A los hijos de la libertad ) (1977)