Calas en la Poesía Cubana I. Por: Pedro López Cerviño. Claudio Rodriguez y la Mirada Interior. Por: José Julio Perlado.

Lo curioso es que por azares del destino, mágicas numeraciones, entre el nacimiento de uno y otro hay medio siglo. (Pedro Antonio López Cerviño)

 El oído interior se inclina sobre el campo de la vida ya desde niño y escucha lo que otros no oyen, ese rumor que circula por debajo. (José Julio Perlado)

 

Calas en la Poesía Cubana. I- Cábala Poética . Por: Pedro Antonio López Cerviño.

 

  ( Agustín Acosta) *

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En Cuba se reconocen tres Poetas Nacionales, categoría quizás no precisamente elucubrada legalmente, con legajos que testifiquen tal condición. Tamaña jerarquía ha sido concedida por las generaciones de lectores y estudiosos y algún que otro erudito ha puesto su rúbrica al servicio de tales asertos. (Hago la salvedad del caso de Agustín Acosta al que el Congreso de la República había concedido el título mediante decreto al efecto dictado. Agustín Acosta autor del poema La zafra alabado y detractado por unos y otros, pero sin duda alguna poeta de innegable valía.).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

jose_maria_heredia1Pues bien, el primer Poeta Nacional lo fue José María Heredia y Heredia nacido justamente el 31 de diciembre de 1803 en Santiago de Cuba, considerado por algunos críticos precursor del Romanticismo en América, conspirador por la independencia de su isla natal y que fuera el cantor inigualable de sus palmas deliciosas, del torrente magnífico de las cataratas del Niágara, del dolor inmenso del destierro. Y precisamente desterrado murió en Toluca, México donde descansan sus restos en una fosa común.

 

 

 

 

                                             

 

 

 

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Otro Poeta Nacional lo fue José Julián Martí Pérez nacido en La Habana en 1853, considerado como el más universal de todos los cubanos, precursor del Modernismo – aseveran algunos- y dueño de una inestimable obra de estirpe lírica sin igual. El también considerado como Apóstol de la Independencia de Cuba cuando cayó en la manigua llevaba en su alforja La Vida de Cicerón, cincuenta proyectiles y sobre los hombros de su levita negra las simbólicas estrellas de Mayor General del Ejército Libertador.

                         

 

 

 

 

 

  ( Nicolás Guillén**)

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Por último, Nicolás Guillén, quien naciera en Camaguey en 1902, fundador de una lírica del son y el mestizaje, sería  el tercero de los Poetas Nacionales. Vinculado a las luchas sociales de su patria y del mundo estuvo al lado de la República Española como lo estuvieron tantos intelectuales de la época. Llegó a ser el Presidente de los escritores y artistas de su país.

 Lo curioso es que por azares del destino, mágicas numeraciones, entre el nacimiento de uno y otro hay medio siglo. De manera que el cuarto de los Poetas Nacionales, según esta suerte de regularidad histórico-poética ha de haber nacido a mitad del siglo pasado.

 

 

 

 

 

 

Sobre la lista de los posibles candidatos les comento en la próxima aventura. Hasta entonces.

 

* La fotografía de Agustín Acosta está tomada de damisela.com a quien pertenecen todos los derechos.

** La fotografía de Nicolas Guillén está tomada de la Universitat D´Alacant. Centro de Estudios Universitarios Mario Benedetti.

 

 

 Claudio Rodríguez y la mirada interior. Por: José Julio Perlado.

 

 claudio2(Claudio R. *)                   

El sueño del Amor es  el que inspira, sin saber cómo ni por qué, la poesía, y ningún poeta sabe dar razón de su tarea y de su don: simplemente se dedica a cumplirlo.

 Dante – según recuerda Octavio Paz – señala que a la edad de nueve años encuentra por primera vez a su amada; que tras otros nueve, precisamente a las nueve horas, la vuelve a ver; que las visiones ocurren a las nueve de la mañana o de la noche; que Beatriz muere el año noventa del siglo Xlll, esto es, en un año que es nueve veces el número diez, cifra santa. Cuando Dante narra estas cosas – concretamente esta intervención de los poderes superiores a la hora de inclinarse a componer poesía – escribe así: “Al decir estas palabras desapareció y se interrumpió mi sueño. Y después, al volver sobre esta Visión, descubrí que la había experimentado a la novena hora del día; por lo que, aun antes de salir de mi aposento, resolví componer esa balada en la que cumpliría el mandato de mi Señor (el Amor); y entonces hice la balada que comienza así…”.

 

 

Y ya sean la nueve del día o de la noche, ya sea el número misterioso en el que cree estar envuelto el poeta (Nerval, por ejemplo, pensaba que el número importante de su vida era el siete), la verdad es que el poema nos llega atravesando todos los menudos acontecimientos de la vida del creador para atravesar luego también los nuestros y entregarnos esa pieza preciosa que es siempre el hallazgo de la poesía recién nacida, versos que nunca son iguales unos a otros,  fulgores únicos.

conjuros

¿Cómo un poeta español tan extraordinario como Claudio Rodríguez se enfrenta a cuanto le va diciendo el día?  ¿Quién le ha enseñado a escuchar la jornada y la vida entera? ¿Dónde ha aprendido a recibir cuanto esconde la existencia? 

Nadie le ha enseñado. El oído interior se inclina sobre el campo de la vida ya desde niño y escucha lo que otros no oyen, ese rumor que circula por debajo, más bajo aún que las horas y las conversaciones en las casas, más bajo aún que cuanto le dice su madre o los profesores, más bajo aún que la corteza de los sentimientos. El poeta no sabe cómo compone. Compone sencillamente (con el esfuerzo de todo trabajo), pero no sabe explicarlo. Serán los críticos quienes lo expliquen e incluso quienes se lo expliquen a él, al poeta, a ese hombre que para los demás es extraño o simplemente  misterioso.

 

Así escribe Claudio Rodríguez  su poema “Alto Jornal“, de su libro “Conjuros” (1958):

 

“Dichoso el que un buen día sale humilde

y se va por la calle, como tantos

días más de su vida, y no lo espera

y, de pronto, ¿qué es esto?, mira a lo alto

y ve, pone el oído al mundo y oye,

anda, y siente subirle entre los pasos

el amor de la tierra, y sigue, y abre

su taller verdadero, y en sus manos

brilla limpio su oficio, y nos lo entrega

de corazón porque ama, y va al trabajo

temblando como un niño que comulga

mas sin caber en el pellejo, y cuando

se ha dado cuenta al fin de lo sencillo

que ha sido todo, ya el jornal ganado,

vuelve a su casa alegre y siente que alguien

empuña su aldabón, y no es en vano”

 

En este poema, se nos abre otra visión del día, de la vida; el ojo de un poeta nunca es como el ojo nuestro. Se diría que el poeta -cualquier poeta – encuentra bajo los escombros de la realidad un pasadizo secreto que nadie ha recorrido aún, que él ilumina y ante el que nos invita a pasar. Entonces nosotros, los lectores, avanzamos por esa galería de aciertos líricos, nos asombramos de que debajo del día, con sus trabajos, autobuses, sudores, carreras y conflictos, exista otra ciudad interior, ciudad de poesía, que sólo un creador acierta a descubrir.

 

Lo mismo ocurre ante la naturaleza, la creación, la muda observación asombrada de la propia creación posada en figura de pájaro, ese pájaro que todos hemos visto alguna vez pero al que no hemos mirado nunca y que sólo el poeta desnuda con su verso.

 

 

GORRIÓN

 

“No olvida. No se aleja

este granuja astuto

de nuestra vida. Siempre

de prestado, sin rumbo,

como cualquiera, aquí anda,

se lava aquí, tozudo,

entre nuestros zapatos.

¿Qué busca en nuestro oscuro

vivir? ¿Qué amor encuentra

en nuestro pan tan duro?

Ya dio al aire a los muertos

este gorrión, que pudo

volar, pero que aquí sigue,

aquí abajo, seguro,

metiendo en su pechuga

todo el polvo del mundo”

 

alianza-y-condena

El ojo del poeta aquí, en “Alianza y condena“, el gran libro de Claudio Rodríguez publicado en 1965, nos vuelve a enseñar cómo mirar despacio, cómo asombrarse de todos los asombros del mundo. En tiempos flacos, la poesía, con su exquisita concisión, ilumina nuestra prosa de todos los días, ese ir y venir en el que nada parece sorprendernos, creemos saberlo todo y bien poco sabemos. Mucho menos aún sobre el  asombro de la vida y todo su caudal de secretos.

 

 

 

* La fotografía del autor al que se refiere el texto está tomada del IES. Poeta Claudio Rodriguez