La música Folk en Norteamérica e Irlanda. Por: Alfredo Rodríguez y María Luisa Tamarit

 Lo primero que destaca de Tucek  es que su música está enraizada en la más profunda tradición del folk norteamericano. (Alfredo Rodríguez) 

En su avance hacia occidente, los celtas fueron dejando su sello en las culturas musicales de los países y regiones que invadían. De esta influencia surgió la música tradicional irlandesa, un género que ha sobrevivido a los diversos vaivenes de la historia y que actualmente se sigue interpretando. (María Luisa Tamarit)

 

 

 

Música Folk de Norteamérica. Sarabeth Tucek: Una voz única. Por: Alfredo Rodríguez.

 

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Con tan sólo 8 años metida en el mundo de la música, a sus 34 años Sarabeth Tucek se ha convertido en una de las voces más interesantes del folk salido de los Estados Unidos, aunque sus planes pasan por quedarse en Europa, concretamente en Londres, y dejar California, porque considera que en nuestro continente puede encontrar mejores condiciones para componer, y menciona específicamente, el hecho de que en Londres se pueden vivir los cambios de estación, algo que piensa que le puede dar un punto más interesante a sus composiciones.

Lo primero que destaca de Tucek es su voz, de esas que una vez oídas ya no se olvidan, y esa es la única forma que encuentro para intentar explicar la riqueza de matices que reúne, y que hacen que sea comparada con gente como Karen Dalton, Cat Power o Karen Carpenter.

“Empecé a hacer música porque había un chico que me gustaba, y yo le decía que sólo saldría con chicas que fueran músicos. Alguien me enseñó tres acordes a la guitarra y así salió Something for you”. Así explica Sarabeth Tucek sus inicios en la música a la edad de 26 años, y desde entonces no se ha separado de su guitarra. Con ello también logró superar un trauma musical de su infancia, cuando en un concierto de piano en Cuarto Grado, cometió un error al interpretar la partitura y se fue corriendo del escenario, y nunca más volvió a tocar un instrumento hasta los 26 años, tal y como ella misma ha contado en alguna ocasión.

 

Su música está enraizada en la más profunda tradición del folk norteamericano, algo que no es extraño cuando sabemos que sus primeras inclinaciones musicales estaban relacionadas con Bob Dylan, Neil Young, Bruce Springsteen, además de Cat Stevens, Steve Reich, para luego pasar a la línea de The Clash, Rolling Stones y The Who y The Velvet Underground, y algo de todo eso se puede escuchar en sus discos.

Después de escucharla cantar a dúo con Bill Callahan en el disco Smog, el productor del disco, Luther Russell empezó a trabajar con Tucek en sus primeras maquetas, para luego enviárselas al productor Ethen Johns, y ambos compartieron la producción del primer disco de la cantante del barrio neoyorquino de Brooklyn. En 2006, los productores le enviaron el disco a Bob Dylan, y éste acabaría llamándola para que le taloneara en uno de sus conciertos, y ese fue un momento clave en el inicio de la carrera de la cantante que nos ocupa.

Las canciones de Tucek no son de las que causan una sacudida profunda, inmediata, sino que son como agua ligera que va calando poco a poco sin que nos demos cuenta hasta que estamos empapados hasta los huesos. Canciones que acarician nuestros oídos, unas veces frescas y otras profundas, y en las que nada distorsiona el mensaje, esas letras hechas para ser escuchadas, para dejarnos mecer por ellas en noches de soledad o de buena compañía, o mientras conducimos por carreteras vacías lejos de la humanidad, y en las que encontramos momentos de intensa poesía, que también se puede volver dura.

Cuando piensas que estás sólo en el mundo / Cuando piensas que nunca más te van a escuchar / Probablemente tienes razón, probablemente es cierto / Porque nadie se preocupa más de lo que lo haces tú. (Fragmento de la letra de Nobody cares, incluida en su disco titulado Sarabeth Tucek)

 (Aquí pueden ver una muestra de su trabajo)

 

 

Música Tradicional Irlandesa: Una Historia Construída de Vaivenes. I. El Arpa.  Por : Maria Luísa Tamarit.

 modelo-arpa-celta1 (Arpa celta. Foto .David Monniaux)

Cuando se habla de música irlandesa, es inevitable relacionarla con el éxito de autores tan conocidos como U2, Sinead O’Connor, The Corrs o The Cranberries. Sin embargo, estos cantantes y grupos irlandeses constituyen tan solo una pequeña muestra de la música de este país, de la que existen referencias desde hace dos mil años.

 La música tradicional irlandesa surgió a raíz de la llegada de los celtas a la isla, en la segunda edad de hierro (año 350 A.C.). Establecidos en su inicio en Europa del Este y la península de los Balcanes, los celtas se impregnaron de las músicas orientales hasta el punto de que algunos estudiosos sitúan en Egipto el origen del arpa celta, uno de los instrumentos más emblemáticos de la música tradicional irlandesa. En su avance hacia occidente, los celtas fueron dejando su sello en las culturas musicales de los países y regiones que invadían. De esta influencia surgió la música tradicional irlandesa, un género que ha sobrevivido a los diversos vaivenes de la historia y que actualmente se sigue interpretando.

 

En Irlanda existe una fuerte tradición musical. La música impregna una buena parte de la vida de los habitantes de la isla, que cuenta en su haber con un vasto repertorio de canciones. Podríamos estar hablando de miles de tonadas. Se han publicado algunas colecciones (la primera apareció en 1762), pero la música tradicional irlandesa es tan dinámica que constantemente aparecen tonadas nuevas, lo que dificulta enormemente elaborar un registro de todas ellas.

  (Escudo de Irlanda con el arpa )

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 Junto con el fado portugués, esta música representa uno de los más vivos ejemplos de transmisión oral en el oeste europeo. Se comporta como un vínculo entre las personas, que no dudan en dejar a un lado su timidez y en ponerse a cantar en público en los pubs. Muchas de sus tonadas nacieron de forma espontánea en alguna reunión social para ser cantadas luego en otros puntos del país, con variantes y cambios en la forma debido a su transmisión fundamentalmente oral. De cada melodía se han hecho tantas versiones como intérpretes.

 El arpa celta dominó la música tradicional irlandesa desde los siglos X al XVII, convirtiéndose a partir del XII en un emblema nacional. La primera música genuinamente irlandesa fue la que interpretaron los arpistas de los clanes gaélicos, un sistema social ya extinguido que empleaba a poetas para recitar alabanzas al jefe del clan y a arpistas para acompañar las declamaciones con su música. Nada se sabía aún de las danzas y de otras formas de expresión musical que surgirían en años venideros, y que se implantarían con tanta fuerza en las tradiciones culturales de la isla que perdurarían hasta nuestros días.

 

 

 

( Partitura de tonada irlandesa)

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A partir del siglo XVII empezó a decaer el uso del arpa celta. Intervinieron varios factores en su declive. Por un lado, la interpretación del instrumento se vio afectada por las leyes penales dictadas en aquella época por la Corona Británica, que iban dirigidas a abolir cualquier forma de manifestación cultural incluyendo la música. El propósito no se acabó de lograr porque ésta se seguía tocando de forma clandestina en los pubs o en reuniones entre amigos, una característica que se mantiene en nuestros días. Sin embargo, la medida lesionó gravemente las tradiciones musicales irlandesas, tan ligadas a la transmisión oral.

 La extinción en el siglo XVIII de los clanes, un sistema en el que el arpa desempeñaba un destacado papel, hirió de muerte al instrumento, aunque renació unas décadas después. A comienzos del siglo XIX, empezaron a surgir diversos movimientos destinados a promover el uso del arpa celta y la tradición se extendió posteriormente a los Estados Unidos, donde existen en la actualidad diversos clubes de arpistas e incluso algunas publicaciones dedicadas a este arte.

 

En el siglo XIX, la trayectoria de la música tradicional irlandesa se vio afectada por la gran hambruna que azotó al país entre 1845 y 1849, en la que murieron un millón de personas y con ellas desapareció una buena parte del bagaje cultural de la isla. Una cifra de supervivientes aún mayor emigró a otros países, llevándose sus canciones, su música e incluso los instrumentos para interpretarla. De este modo, se expandió la música tradicional irlandesa a los Estados Unidos y, en especial, a ciudades como Boston, Nueva York y Chicago, con una elevada concentración de inmigrantes irlandeses.

 

Este género musical puede adoptar diversas formas: canciones interpretadas en gaélico, o música instrumental para ser bailada o escuchada. Esta última, la música instrumental (sobre todo, para escuchar), es la que más perdura en la actualidad.

 

Las danzas han sobrevivido a lo largo de los años para convertirse en el principal modo de expresión de la música tradicional irlandesa hasta mediados del siglo XX. Estas danzas se bailaban en los pubs y en los hogares, pero solo en el ámbito rural debido a su carácter meramente popular, lo que anticipaba su empobrecimiento y desaparición en un plazo relativamente corto. El panorama cambió de forma radical a comienzos de los años sesenta, cuando el compositor y experto en música antigua Sean O’Riada (Cork 1931 – Londres 1971) inyectó nueva vida a este género. Lo logró creando una banda de músicos tradicionales que hicieran música para ser escuchada solamente, no para bailar. Una música que, a diferencia de las antiguas danzas populares, pudiera ser interpretada en conciertos y audiciones. La iniciativa de O’Riada hizo renacer la música tradicional en las ciudades, sedes de teatros y auditorios, y facilitó su expansión y consolidación dentro de la cultura contemporánea en el ámbito mundial.

 Y aquí un ejemplo de cómo suena el arpa: