Motín en la Bounty de John Boyne. Por: Alena Collar

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Las historias de piratas, de barcos, de aventuras, de riesgos y de calamidades sin cuento que después devienen en final feliz, tienen de bueno que se pueden leer a cualquier edad; de pequeños nos entretienen, nos divierten, nos hacen soñar con ser capitanes aventureros, intrépidos contrabandistas o magníficos conquistadores de nuevas tierras; de adultos nos devuelven la frescura de los relatos intemporales y la capacidad de evadirnos de una realidad a menudo demasiado prosaica.

Y mucho más sucede todo esto si la historia está contada bien. Es decir, si se sostiene el argumento, no pierde interés, guarda un estilo literario de calidad y tiene coherencia con lo que se está narrando.

 

 

 

Y todo ello le sucede a la excelente novela Motín en la Bounty, de John Boyne.

Un libro que naturalmente cuenta el motín celebérrimo sucedido en dicho barco, y que se ha llevado al cine tantas veces, pero con la particularidad de que quien lo cuenta en primera persona, y con un lenguaje que es todo un hallazgo -al menos en la traducción de Patricia Antón de Vez, a quien hay que nombrar porque pocas veces da la sensación de estar leyendo tan directamente, como ahora con la suya- es el paje del capitán que para mayor escarnio llega al barco para escapar de la cárcel.

Y lo cuenta- el paje, digo- de tal manera que en ningún caso parece que estamos leyendo a un autor consagrado sino a un marinero en su papel de marinero. Hay que tener mucha calidad, hay que dominar muy bien el código lingüístico para escribir con tal sencillez y a la vez con tanta veracidad literaria.

No les voy a contar lo que pasa, ni el final, ni la ternura del capitán Bligh. Lean el libro. Merece la pena.

Las historias de piratas son así…