Muñecas y Princesas. La Exposición de la Casa de Orange. Por: Pilar Moreno

het_loo_frontDel dos de noviembre al 22 de febrero se está celebrando en Apeldoorn, Holanda, en el Palacio Het Loo la exposición “Las muñecas del Loo”, centrada en las muñecas y los juguetes que desde el siglo XIX  han tenido en su infancia los príncipes y princesas de la Casa de Orange. En la exposición hay un apartado especial dedicado a las muñecas de las princesas Amalia, Alexia y Aria.

 

 

 

 

Pilar Moreno, fue a ver la exposición y nos envió este artículo.

 

 

Muñecas y princesas: La Exposición de la Casa de Orange. Por: Pilar Moreno Wallace.

 

 pop( Reina Guillermina con su muñeca)

Nancy cumple 40 años sin perder su estilo y mantiene aún el atractivo que le permite competir con colegas más jóvenes. El tiempo la ha tratado bien, aunque creo que para celebrar el acontecimiento se habla ya de arreglos y retoques que le darán un estilo más moderno y estilizado; lo siento, a mí no me gustan las muñecas con aire de modelos de pasarela. No pude convencer a mis hijas, de nada sirvió que les mostrara mis más preciados tesoros de niña; ellas escogieron a la sofisticada Barbie que tiene nombre de estar de vuelta de todo.

 

 

 ( M. de Porcelana )

munecaporcelanaLas primeras muñecas que existen provienen de enterramientos funerarios, cuando era costumbre depositar en las tumbas objetos personales. Se cree que es uno de los juguetes más antiguos. De ellas la más conocida -articulada y de marfil- es la encontrada en la necrópolis de Tarragona. La mayoría de las muñecas de los primeros tiempos eran de tierra cocida, de madera, o de cera. Más adelante, en el siglo XIX, introdujeron la porcelana y el papel maché. Pero fue una composición de virutas de madera, polvo de talco, y escayola, la que predominó en la fabricación al resultar un material más duro y más económico, y que convirtió la muñeca en un juguete algo más asequible.

               (Niña con muñeca)

ninaconmuneca

En mi época muchas de las muñecas eran de cartón piedra. La dificultad consistía en que sus vidas estaban expuestas a toda clase de peligros -como puede ser el baño, la humedad- y tenían una resistencia limitada. Así y todo, la satisfacción de ser dueña de una de esas muñecas que siempre seguían siendo niñas, peponas, o bebés llorones, no era menor durase el tiempo que fuera. Después, con el plástico y la goma el problema desapareció; ahora podían tomar el biberón, llorar, bañarse, y hasta ensuciar pañales. Nancy no llegó a tiempo para mí, y fue Mariquita Pérez la que estuvo en mis sueños y en mis cartas a los Reyes. No he tenido ninguna de las dos, ni tampoco aquella que se acercaba hasta el portal de Belén. Sí conservo un muñeco (estoy segura de que es niño, aunque no tiene signos externos que puedan demostrarlo) que para aquel tiempo del comienzo de los años cincuenta era de lo  más adelantado. Su cuerpo es de goma y la cabeza de un material que ha demostrado su calidad a prueba de golpes y caídas, y ha salido victorioso y sin heridas en pequeñas divergencias entre hermanas. Duerme y bebe, llora sonoramente y con lágrimas, se le ponen inyecciones y hasta moja sus pañales. El muñeco hizo un viaje complicado para poder salir de un Gibraltar que mantenían cerrado, de donde me lo trajo mi abuelo. Aún hoy no sé dónde está el origen de sus raíces.

 

Las muñecas siguen ejerciendo en mí su atractivo. El museo del palacio Het Loo, en Apeldoorn (Holanda) organiza estos días una exposición sobre los juguetes de los niños de la familia real, y teniendo en cuenta que los cuatro últimos monarcas han sido reinas, no es extraño que en la exposición tengan un lugar prominente las muñecas. Además, una colección única de cocinitas, cochecitos, juegos, muñecos de peluche, cuentos, son una muestra de los juguetes de los príncipes de Orange, principalmente desde el tiempo de las reinas Guillermina (1880) y Juliana (1909). Mi interés está por supuesto en las muñecas, que son el tema central de la exposición junto con todo un extenso y elegante guardarropa -vestidos, zapatitos y complementos, muchos de ellos copia exacta de los de Guillermina- y muebles especialmente diseñados para ellas. Los juegos de la todavía princesa con sus muñecas eran un reflejo de lo que en los altos niveles de la sociedad era una costumbre: ir de visitas, leer, pasear, tomar el té, viajar. En este caso también las muñecas llevaban su propio equipaje. Guillermina tiene diez años cuando muere su padre, y su madre, que será regente hasta su mayoría de edad, considera que una reina -aunque no haya salido aún de la infancia- no tiene ya tiempo para las muñecas, hace que se despida de ellas y que sean guardadas en una vitrina. Hoy, esta vitrina de 116 años, está expuesta en el museo, y junto con todas las muñecas de firmas alemanas como Kestner, o Jumeau y Steiner, francesas, conocidas por la calidad de la porcelana y la delicadeza de los vestidos, nos acerca a una época donde las diferencias estaban muy marcadas en la sociedad. Verdaderamente maravillosas, las muñecas, pero ahora ya piezas de museo con las que no se puede jugar.