Arte nuevo: José Luís Álvarez y Ramón Ramos Salazar.

 

    ( José Luís Alvarez                                                                        Ramón Ramos Salazar         )

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Las imágenes que  presiden esta sección darán idea a nuestros lectores del tipo de artistas que les presentamos en Referencias.

Ambos fotógrafos, ambos rompedores de esquemas, los dos proponiendo un lenguaje visual diferente. Tanto José Luís Álvarez como Ramón Ramos dejan en sus fotografías inquietud y más de una pregunta en el espectador.

Por eso están aquí. Ramón Ramos acompañado de la crítica de nuestro redactor Pedro López Cerviño.

 

 

 

 

 

 

 

 Jose Luís Alvarez. Arte Nuevo en Email Art.

Jose Luís Álvarez es un fotógrafo  jienense que actualmente está exponiendo en la Galería Virtual  Email Art.

jose-luis-alvarez1Los trabajos de este fotógrafo, trabajan la figura femenina, desde un punto de vista diferente, en el que rompe los estereotipos, y presenta a la mujer interrogante, expectante, provocativa, dueña de sí misma, pero a la vez, a través de juegos de luz, y de un especial detenimiento en apresar la mirada nos incluye una inquietante visión de estas mujeres; el cuerpo femenino ( en Alicia López 10, por ejemplo) aparece dentro de un entorno en el que lo que la rodea forma parte de ella, la pertenece por inclusión, es decir, es ella quien toma posesión de su lugar en el mundo.

 

 

 

 

 

Según la nota de prensa de la Galería Virtual el artista “realiza un acercamiento al mundo de la belleza donde la estética pura se vislumbra en entornos no siempre amables; paisajes imposibles o espacios impersonales donde lo claustrofóbico es capaz de mezclarse con lo grotesco o lo surrealista. Obras donde la principal protagonista siempre es una mirada inquietante que increpa al espectador. Todo aderezado con un exquisito uso académico de la luz y una elegante composición.”

Pueden ver obras suyas en esta web dedicada a su propias creaciones.

 

 

Ramón Ramos Salazar: La Aventura de la Luz. Por : Pedro López Cerviño.

 

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La obra de Ramón Ramos Salazar (Santiago de Cuba 1969)  está signada por la búsqueda y la experimentación. Rompe usualmente los estereotipos comerciales y arremete contra la banalidad y el kicht tan de moda en estos tiempos en los que vender suele ser un  oficio atractivo.

 

 

 

 

 

 

Pero Ramón navega por otras aguas; así ha sido en su obra documentalística -en la que tan buen binomio hizo con Carlos Barba- en los spots, los videoartes y en la fotografía, de la que ahora nos presenta un buen dossier.

 

Ya nos había sorprendido en el pasado Salón de fotografía Imagen de la Ciudad en los que acaparó premios con sus novedosas propuestas. Así fue con la aventura de la imagen y el sonido que emprendió junto a Aquiles Jorge, guitarrista concertista, en lo que hasta ahora es, al menos en nuestros lares, un proyecto inédito, y luego arremete junto al artista plástico Denis Gallardo, en lo que fue una tormenta de videoartes sobre lienzos, donde se pierden los límites de ambas artes.

 

dsc_5776-mediumFotografiar el herrumbre del sumergido Colón de la flota de Cervera, los ángeles que custodian la vieja ciudad en la cima de la catedral, la mariposa rara a punto de morir de vieja, las  semióticas desconocidas del tránsito o el niño serrano tras el diario de papel, no han agotado las perspectivas de su constante adivinar lo que se esconde detrás de lo inasible.

 

 

 

 

 

Para Ramón lo importante es hurgar en los entre tejidos de lo descocido, palpar las extrañeces de la luz cualquiera que sea su composición temporal o permanente. Y mostrar, en toda su plenitud, el acertijo de lo imposible, el cuchillo de doble filo de la córnea del artista. Una poética de los pequeños fuegos de las luces nocturnas de Santiago.

 

Abrir los portones de la imagen desde las aristas más insospechadas: ese es su oficio. Puede gustar o disgustar alguno de sus presupuestos estéticos, podremos estar de acuerdo o no con alguna foto de esta exposición. Pero jamás podrá decirse que no han ladrado los perros a su paso. Pues existe como el Quijote, un Alonso Quijano sin Sanchos que le amordacen los sueños.

 

A esta exposición hay que entrar dispuestos a viajar a la velocidad de la luz, disponerse a escuchar el sonido de la luz, pues es lo que Ramón, quien convierte a motoristas y camiones en seres galácticos, de otra dimensión, propone para el ojo que la mire.

 

La ciudad es otra y es la misma, re-descubierta, re-inventada, re-conocida. Es como ver con los ojos entrecerrados las luces de la noche.

 

Ramón invita a esta aventura sugerente y única.