Los personajes femeninos en la novelística de Goethe. II. Charlotte. Werther. Por Virginia Seguí

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Werther, en su carta de 16 de junio le cuenta a Wilhelm que la casualidad ha hecho que conozca a Lotte de manera imprevista, pues al acudir a un baile organizado por los jóvenes del pueblo, la joven a la que él acompaña le indica que recogerán a su prima Charlotte previniéndole sobre sus encantos y advirtiéndole que no se enamore de ella pues ya está comprometida: “Vais a conocer a una linda muchacha […] ¡No vayáis a enamoraros! […] Porque ya está comprometida -continúo- con un hombre honrado que está de viaje para arreglar sus asuntos, pues su padre ha muerto, y para hacerse cargo de una herencia respetable.”

 

  

 

 2ª Edición Werther. 1775

 

Los personajes femeninos en la novelística de Goethe II: Por Virginia Seguí
 
 
 
 
 II . Charlotte. Werther

 

El primer personaje femenino objeto de análisis será: Charlotte; protagonista y amada de Werther perteneciente a la primera de las novelas citadas. 

Conoceremos a Lotte a través de los ojos de Werther quien nos da la primera referencia suya en la carta del 17 de mayo, en la que relata, a su amigo Wilhelm, el encuentro con su padre y la invitación que éste le ha hecho para que conozca a su familia, de esta manera conocemos los antecedentes de sus circunstancias familiares:”He conocido también a otro sujeto cabal, el administrador del príncipe, hombre franco y entrañable. Dicen que es una delicia el verle entre sus hijos, que son nueve; y de la que hacen muchos elogios es de la mayor. Me ha invitado a ira a su casa, e iré, a verlo uno de estos días. Vive en la casita de caza del príncipe, como a hora y media de aquí. Tras la muerte de su esposa le resultaba muy dolorosa la vida en la ciudad y en la residencia oficial y obtuvo permiso del príncipe para trasladarse allí.“.

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En su carta de 16 de junio le cuenta a Wilhelm que la casualidad ha hecho que conozca a Lotte de manera imprevista, pues al acudir a un baile organizado por los jóvenes del pueblo, la joven a la que él acompaña le indica que recogerán a su prima Charlotte previniéndole sobre sus encantos y advirtiéndole que no se enamore de ella pues ya está comprometida: “Vais a conocer a una linda muchacha […] ¡No vayáis a enamoraros! […] Porque ya está comprometida -continúo- con un hombre honrado que está de viaje para arreglar sus asuntos, pues su padre ha muerto, y para hacerse cargo de una herencia respetable.”

Después relata a su amigo sus impresiones sobre ella tras su primer encuentro: “¡Un ángel! ¡Bah! Todos dicen lo mismo de la suya, ¿no es cierto?” […] Tanta sencillez y tanta inteligencia, tanta bondad y tanta entereza, y esa paz del alma en medio de esa vida real y esa actividad…”, después describe el momento en el que la vio por primera vez: “Atravesé el patio y me dirigí a la casa magníficamente construida, y al subir la escalinata y abrir la puerta presenciaron mis ojos el espectáculo más encantador que viera jamás. Seis niños de dos a once años correteaban en la antesala alrededor de una muchacha de hermosa figura y estatura mediana, que llevaba un sencillo vestido blanco con lazos rosa en los brazos  en el pecho. Tenía una hogaza de pan en la mano e iba cortando para cada pequeño una rebanada según la edad y el apetito, se lo daba con gran afabilidad, y cada uno exclamaba sin el menor artificio ¡gracias! Levantando sus manecitas antes de terminar de partirlo…

 

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También nos descubre la afición de Lotte por la lectura y su actual interés por seleccionarla aunque anteriormente leía novelas, no obstante, Goethe nos deja sin saber exactamente de que novelas concretas habla pues según nota aclaratoria omite sus títulos para evitar agravios, mencionando únicamente a Richardson, escritor inglés, autor de novelas como Pamela o la virtud recompensada y Clarisa. Lotte se expresa así: “Cuando yo era mas joven -dijo- nada había que me gustase tanto como las novelas. Dios sabe cómo disfrutaba los domingos cuando, sentada en un rincón, podía participar contada mi alma de las desdichas y desgracias de una tal Miss Jenny, no niego que este género sigue todavía teniendo atractivos para mí. Pero como tengo tan poco tiempo para leer, el libro que elija ha de ser de mi gusto. Y el autor que mas me gusta es aquél en el que encuentro retratado mi mundo y donde ocurre lo mismo que sucede a mi alrededor, y cuya historia es tan interesante y entrañable como mi vida diaria, que, sin ser un paraíso es, en conjunto, manantial de indecible felicidad.”

 

 

 

Grabado Kaulbach. 1884

 

Siguiendo con sus gustos nuestra protagonista habla de unos de sus defectos y nos descubre algunas de sus actividades: “…os confieso de buen grado que no he encontrado nada mejor que el baile. Y cuando tengo algún quebradero de cabeza me siento a mi desafinado piano, tecleo una contradanza y de nuevo todo va bien.”

 

Continúa Werther el relato de la noche inolvidable que pasó con Lotte en el baile, durante el cual se produjo una tormenta que causó cierto temor entre las damas, y entonces ella propuso un juego que entretuvo a los asistentes hasta que las nubes se disiparon y juntos, a través de la ventana observaron como los signos de la tormenta se alejaban mientras su natural aroma refrescante y embriagador les envolvía, fue entonces cuando dijo ella con lágrimas en los ojos: Klopstock; palabra que despertó en Werther el recuerdo de la oda sublime con la que este autor se hizo famoso.

 

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Este conjunto de datos nos indica que Lotte pertenece a una familia quizás más que acomodada, su padre es administrador del príncipe, y que han vivido en la ciudad hasta que falleció su madre. Sus frecuentes lecturas y su conocimiento de autores destacados del momento, así como sus conocimientos de música, indican que ha recibido una educación esmerada y privilegiada para una mujer de la época. Además de todo esto Lotte demuestra con sus acciones una responsabilidad superior a la que cabría esperar de una muchacha de su edad; ya que al fallecimiento de su madre se ha hecho cargo de las responsabilidades del hogar y ha asumido el cuidado y educación de sus nueve hermanos, ocupaciones todas ellas propias de una mujer casada; no es extraño que Werther nos la presente como un ángel, el ángel del hogar, el ideal de feminidad en la sociedad patriarcal dominante en la época. Un especie de halo de santidad rodea a esta huérfana mientras vestida de blanco alimenta a sus hermanos.

 

 

El conocimiento que tiene Werther de que la joven está comprometida añade, a esta visión, un componente de inaccesibilidad. Matiz confirmado por el joven cuando en su carta del 21 de junio menciona que en este lugar idílico, Wahlheim, en el que se ha instalado, cerca de Lotte y donde la naturaleza aún permite evocarla como lugar  primigenio, él se sienta por la mañana al salir el sol, en el huerto de la posada cortando y desgranando los guisantes, mientras lee a Homero y en la cocina procede a realizar el guisado; disfruta tanto de los placeres naturales cómo de sus lecturas; mencionando un episodio de la Ilíada que hace referencia a Penélope y a sus pretendientes, equiparando los sentimientos de éstos con los suyos propios. La referencia a Penélope no sorprende ya que la tradición griega nos la presenta como un modelo de fidelidad, una mujer que pacientemente espera el regreso de su esposo, Ulises, de la guerra de Troya y que utiliza toda una serie de estratagemas para que vaya pasando el tiempo y así mantener alejados a los pretendientes reunidos en Ítaca para que elija, entre ellos, un nuevo esposo. Quizás así Werther esperará pacientemente sin perder la esperanza de algún día la fiel Lotte cambie de parecer y se decida por él.

 

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Las cartas de Werther a su amigo relatan todas las obras de caridad y beneficencia a que se dedica Lotte, visitar los enfermos, cuidar a los ancianos… manifestando en cada ocasión sus sentimientos hacia ella y sacralizando sus cualidades: “Ella es sagrada para mí“, le confiesa a Wilhelm.                  

Pero la realidad pronto le hace despertar de este bello sueño, Albert, su prometido ha vuelto y es un hombre honrado, trabajador, amable y discreto al que no puede dejar de apreciar. Su proyectada unión con Albert no ha sido una elección de Lotte, sino de su madre quien en su lecho de muerte la encomendó a su cuidado; ella acepta esta situación como natural, pero sus actos no demuestran su amor por él. La realidad es que Albert normalmente está ocupado en cuestiones de trabajo y aunque va a visitarla nunca la besa ni manifiesta de forma explícita su amor por ella. Sin embargo, Werther, en su vehemencia pasa con ella el mayor tiempo posible, la visita asiduamente jugando y entreteniendo a sus hermanos pequeños, ganándose así su cariño y compartiendo con ella, en realidad, momentos de mayor intimidad y cotidianeidad que su prometido.

La visión que Goethe presenta de Lotte está siempre filtrada por el relato de Werther, no sabemos nada de ella, excepto lo que él relata, y en sus confidencias a Wilhelm en las que le expresa sus impresiones puede entreverse como si, en ocasiones, Lotte le distinguiese con algo más que una amistad: “Ella ni ve ni siente que está preparando un veneno que nos aniquilará a los dos, y yo apuro con voluptuosidad ese cáliz que me presenta para mi destrucción. ¿Qué significa esa mirada bondadosa que a menudo –¿a menudo?–, no, no a menudo, pero si a veces, me dirige, la complacencia con que recibe una manifestación involuntaria de mis sentimientos, la compasión que por desgracia se dibuja en su frente?

Después del matrimonio de Lotte y Albert la situación empeora, Werther, al igual que Goethe resuelve, momentáneamente, la situación con una fuga negándose a ser testigo de lo inevitable. Aunque finalmente regresa junto a ella; consciente de su destino, pero con el convencimiento de que su situación empeora si se ve privado de su presencia y compañía. Las cartas de Werther denotan cada vez mayor sufrimiento, en sus visitas a Lotte su amor es cada vez más patente, ella acaba por convencerse de que debe alejarse de él; al final del libro algunas palabras del Editor al lector aclaran: “Lo que en todo este tiempo ocurrió en el alma de Lotte, como eran sus sentimientos respecto a su marido y hacia su desgraciado amigo no nos atrevemos a expresarlo con palabras, aunque, conociendo como conocemos su carácter, podemos muy bien hacernos una clara idea y podrá uno imaginarse una hermosa alma femenina e identificarse con sus sentimientos. Algo sí es cierto, y es, que estaba resuelta a hacer todo lo posible por alejar a Werther y sí vacilaba, su vacilación era debida a una cordial y amigable consideración porque sabía cuánto iba a costarle a él, y que iba a ser casi superior a sus fuerzas.” 

 

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En algunos momentos le inquita la actuación de Werther, y así se lo indica intentando calmarle: “[…] ¿porqué nacisteis con esa vehemencia, con esa indomable y fija pasión por todo cuanto se os pone por delante? Os lo suplico -continúo tomándole de la mano–, moderaos. […] Solamente un instante de calma, Werther-insistió ella–.¡No os dais cuenta de que os estáis engañando y hundiendo intencionadamente! Y ¿por qué he tenido que ser yo, Werther?, ¿precisamente yo que pertenezco a otro? ¡Precisamente esto! Temo, si, temo, que sea solamente la imposibilidad de poseerme lo que estimula ese vuestro deseo.

   

La única escena de amor entre ambos está precedida y provocada por la lectura de Werther de unos cantos de Ossiam con los que ambos se identifican, provocándoles, sobre todo a Lotte, una exaltación desacostumbrada: “En plena desesperación se arrojo a los pies de Lotte, tomó su mano, la estrechó contra sus ojos, contra su frente y a ella le pareció pasarle por su alma el presentimiento de su horrible propósito. Sus sentidos se turbaron, estrechó las manos de Werther, las oprimió contra su pecho, se inclinó hacia el en un arranque de nostalgia y sus ardientes mejillas se rozaron. El mundo desapareció para ellos. Werther la estrechó entre sus brazos, la apretó contra su pecho y cubrió sus temblorosos y balbucientes labios con ardientes besos. ¡Werther! -exclamó ella con voz ahogada y apartándose de el– ¡Werther!-y con mano débil intentaba separar su pecho del suyo–. ¡Werther!, gritó con el tono decidido del más noble sentimiento. El no puso resistencia, la dejó desasirse de sus brazos, y se arrojó como loco a sus pies. Ella se apartó de el y en angustiosa confusión, vacilando entre el amor y la cólera, dijo: esta es la última vez, Werther. ¡No volveréis a verme más! Y dirigiendo la mirada mas embriagada de amor al desdichado, corrió a la habitación de al lado y cerró tras sí con llave….” Después de esto, Werther, decide llevar a cabo su resolución de suicidarse; mientras Lotte reflexiona sobre lo sucedido y el mejor modo de contárselo a su marido; de sus reflexiones parece desprenderse, quizás, el reconocimiento de lo que lo que siente por Werther es algo más que amistad, aunque nunca hubiera pasado de ahí si él no hubiese forzado la situación. Una vez reconocido esto su problema es cómo contarle a Albert, no sólo la escena de amor vivida con Werther, sino su propia zozobra. Mientras esto está sucediendo llega un mensajero enviado por Werther pidiendo prestadas a Albert sus pistolas ya que le son necesarias para un viaje que piensa emprender, Lotte será la encargada de entregárselas mientras su corazón presagia el trágico final de Werther, quien dejará una nota póstuma pidiendo ser enterrado con las ropas que llevaba puestas que al haber sido tocadas por ella son sagradas. Lotte no podrá asistir a las exequias temiéndose por su vida.  

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                                          Leyendo a Wherter. Wilhelm Amberg. 1870