“El Auto de los Reyes Magos” en el Teatro Abadía. Por: Alena Collar.

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La información oficial dice que “el Auto de los Reyes Magos es una pieza única en la historia de nuestro teatro, Hallado en un códice de la Biblioteca del Cabildo de Toledo, hoy conservado en la Biblioteca Nacional, constituye el único drama del siglo XII compuesto enteramente en lengua vernácula, siendo a la vez el drama más antiguo relacionado con el Ordo Stellae, que se ha conservado en lengua vulgar. Nos encontramos pues ante 147 versos, que nos permiten realizar un viaje escénico hacia los orígenes del teatro español y sumergirnos en ese periodo de valor estético extraordinario con identidad propia, que denominamos Edad Media.”

 

 

 

Esto dice Ana Zamora, directora de escena y dramaturgia de esta obra, que se representa hasta el 11 de enero, con dirección musical de Alicia Lázaro en el Teatro de la Abadía de Madrid.

 

 El Auto de los Reyes Magos en el Teatro Abadía. Por : Alena. Collar.

 

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 Estas son las palabras como digo oficiales, para definir una representación que en lo particular me sedujo desde el principio por la recreación. A ver si me explico; que te canten en latín con el texto original de la Sibila, que la representación de los personajes vuelva a sus orígenes medievales, y el buey sea buey y el cordero cordero, en una metáfora absolutamente cristiana reconocible y que – válgame dios (nunca mejor dicho)- no se usa por si no se entiende, pero aquí sí y además se entiende,  que los textos sean transcripciones del Auto de Herodes, de Alfonso X, del Apocalipsis, y que se reciten y se canten con toda naturalidad y llaneza, que además se comprendan , que al público se le consiga transmitir la magia, belleza, inocencia y sencillez del castellano, del latín y además de un mensaje de paz, como si fuera un sueño posible, es un milagro mayor que el que nos cuentan en la propia obra.

 

 

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La representación del Auto dura apenas una hora. Una hora que pasa en la sensación de estar asistiendo a un cuento bien contado para adultos que aún creen en la Estrella. La conjugación de luces, música, gestos, recitativos, y digo bien: recitativos, y no recitados, que es distinto, tiene una armonía absoluta, no baja el interés en ningún momento, no hay “valles” de intensidad, y el Aleluya final cierra la obra con broche de oro.

En suma, si no la han visto y pueden, vengan a verla, incluso si viven en las cercanías de Madrid el tema merece una visita.